Un recurso para evadir la realidad: Los viajes de Gulliver

Por Dayma Crespo Zaporta

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Pensar que hasta el momento habíamos tenido a Los viajes de Gulliver, del irlandés Jonathan Swift, como un libro “infantil”, plagado de aventuras insólitas prestas al disfrute de los más pequeños. Sin embargo, había quedado obviada la idea de la utopía, la cual, desde unos ojos un poco más entrenados a causa del paso del tiempo y de lecturas obligatorias, podemos percibir hoy.

Ante todo, la historia muestra el viaje como el momento preciso para conocer mundos inexistentes, puesto que se parte desde la realidad (Europa) hacia las utopías (Liliput, Brobdingnag, Laputa, etcétera). El viaje es, entonces, un punto de contacto con otras utopías, véase la de Tomás Moro, por solo mencionar una de ellas.

Desde el presente, Swift proyecta una serie de otredades, las cuales no tienen ubicación geográfica precisa y cuyos nombres  son fruto de su invención. Gulliver -narrador en primera persona-, le sirve de portavoz a sus inquietudes respecto a un mundo mejor, pero a la vez de seudónimo para esconder la aguda y satírica crítica a la Inglaterra de su época.

El haber escrito un libro de ciencia ficción le da a Swift la cobertura perfecta para crear esta ilusión que parte de la realidad pero la evade en cada uno de sus viajes al llegar a sitios con seres asombrosos. Propone en cada viaje una perspectiva diferente para mirar la sociedad: en Liliput con un microscopio y en Brobdingnag con un telescopio, debido a la estatura de los habitantes y, por ende, al entorno que los rodeaba.

Primer viaje

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La pequeña escala del mundo liliputiense es una analogía con la pequeñez moral de la Europa del momento, según eran de pequeños sus habitantes eran de mezquinos y poco amables.

La diferencia con respecto al tamaño de Gulliver refleja un sentimiento de incomprensión del autor frente a su tiempo que acaba por volcarlo en la obra. De acuerdo a su tamaño él es el ejemplo de lo correcto, de la conducta moral adecuada al denunciar la corrupción que corroía Liliput. Se toman elementos de la realidad europea como la moda que vestía el príncipe o la existencia de sacerdotes y políticos (los partidos Tramecksan y Slamecksan), contemplando la religión y la política como aspectos que dominan y perviven incluso en otra realidad.

Segundo viaje

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En Brobdingnag pasa totalmente lo contrario a Liliput, esta vez Gulliver es el pigmeo, por lo cual su sentimiento de incomprensión se mantiene. Cada una de las cosas planteadas respecto a este país establece una comparación con Liliput, y es entonces que entra la temática del orgullo humano. La gran escala de los habitantes iguala sus cualidades morales: sensibles, magnánimos, cálidos y humanitarios, en contraposición a los ruines enanos liliputienses. Desmiente la idea central que reinaba en el Renacimiento: el hombre como medida de todas las cosas, como centro y fin del universo. La perspectiva de Gulliver determina la magnitud de los detalles y de las acciones, el ser diminuto lo vuelve más susceptible frente a las cosas que suceden a su alrededor.

Tercer viaje

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Es el viaje donde más países visita: Laputa, Glubbdubdrib, entre otros. Además, se percibe el contacto con la realidad europea, puesto que tras cada viaje el regresa al Viejo Continente. Laputa es una ciudad que permanece flotante debido al magnetismo. La misma está gobernada por científicos y es entonces que aprovecha para criticar a los científicos de su época, los cuales andaban tan ocupados en sus experimentos que acababan obviando la realidad inmediata, mucho más álgida y acuciante. Es una crítica a la razón que imperaba en el siglo XVIII, donde la racionalización de la vida corría el riesgo de pervertir el sentido de las cosas. La crítica al carácter científico y racional de las cosas es un elemento que se contrapone a la importancia dada, durante el renacimiento, a la ciencia en obras de carácter utópico como la Nueva Atlántida, de Francis Bacon.

En Glubbdubdrib da espacio a la hechicería como recurso para cumplir deseos y trasladarse a sitios insospechados, es así que conversa con Homero y Aristóteles. Es el viaje propicio para cuestiones tan irreales como la magia y la inmortalidad.

Cuarto viaje

Imagen tomada de Mary Evans Picture Library>>

Este viaje es quizás el más crítico, pues osa poner a la raza animal por encima de la humana, siendo los caballos (Houyhnhnms) los seres racionales y los humanos (yahoos) una suerte de degeneración de la especie. Swift invierte la pirámide de servilismo y son los caballos la raza dominante, en tanto los humanos fungen de animales por su inferioridad racional. ¿Es acaso que la sociedad inglesa estaba tan desgajada por la hipocresía, la avaricia y la inmoralidad que había devenido en animales? Y, ¿era tiempo que los otrora animales empezaran a gobernar?. Gulliver siente vergüenza de asemejarse físicamente a los yahoos, y por ello se ve obligado a demostrar su capacidad de raciocinio, lo cual lo acercaba más a los caballos. Los Houyhnhnms se presentan como la conducta a igualar, como un ejemplo a seguir por Gulliver, llegando a afirmar que ellos debían ser la raza más sabia sobre la faz de la tierra.

Tras un somero análisis de la obra, podemos percibir que el tipo de utopía que recrea el autor sigue un tanto la línea de la Utopía (1516) de Tomás Moro, puesto que hay constantes como el viaje y el traslado del discurso crítico sobre la Inglaterra de la época de cada uno a otro personaje que, desde la primera persona, nos comunica todas sus experiencias con increíble minuciosidad. La obra es sumamente atrevida para su tiempo -sale a la luz en 1726-, ya que emerge cuando el proyecto ilustrado estaba en plena ebullición y se considera una de las críticas más radicales a la Europa del momento. La sátira de Gulliver mira hacia casi todas las aristas de la sociedad (política, ciencia, filosofía, historia y humanismo), pretendiéndose ingenua, pero crítica al fin. Además, puede que esta obra haya servido de referente a obras utópicas posteriores como el Cándido o El optimismo, de Voltaire.