Israel Echevarría: una vida en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí

Por Lic. Mabiel Hidalgo-Martínez

Para los más jóvenes en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (Bncjm), el profesor Israel Echevarría resulta un desconocido, no así para quienes conocieron su labor e inteligencia durante los primeros años luego del triunfo de la Revolución de enero de 1959.

El 26 de diciembre de 2018, Israel Echevarría Pérez, cumpliría 90 años de vida y el 28 de octubre de 1988, se conmemoran 30 años de su desaparición física, ocurrida justamente, en la Biblioteca Nacional.

A modo de homenaje a quien por más de 25 años trabajó en nuestra institución y dejó su impronta en el quehacer bibliotecario e investigativo, se dedican estas líneas.

Breve historia de vida

Israel Andrés Echevarría Pérez nació en el pueblo de Regla, La Habana. Su padre era cubano y la madre natural de Islas Canarias.

Su inicio en la vida laboral no fue precisamente con libros y documentos. Entre 1946 y 1947 trabajó como tarjador en el Puerto de La Habana. Por esos años, su título de Bachillerato, el diploma de mecanógrafo de la Academia Gregg de Regla, así como el certificado de cuarto año de idioma inglés, le valieron para laborar como oficinista en el Ministerio de Obras Públicas y más tarde de administrador auxiliar en la Oficina de Correos de Marianao.

En 1954 se graduó en Derecho Administrativo y al año siguiente comienza a trabajar como bibliotecario en la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP). En 1956 se graduó de bachiller en Ciencias Bibliotecarias en la Escuela Cubana de Bibliotecarios en un curso auspiciado por la SEAP y a partir de ese momento comienza su labor docente en la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de La Habana y en la llamada entonces Escuela de Técnicos de Biblioteca, más tarde Escuela Nacional de Técnicos de Biblioteca. Ahí impartió dos asignaturas, Historia del libro y las bibliotecas, y Consulta y Referencia. Se preocupó por la reproducción de algunos libros de texto en español de los que solo existía un ejemplar en la Biblioteca Nacional para ser distribuidos gratuitamente a los bibliotecarios del país como plan para la formación en cursos dirigidos de técnicos, centrados en las bibliotecas provinciales y en la propia Biblioteca Nacional en el curso l972-73; dada la urgente necesidad de titular en las propias bibliotecas públicas a trabajadores que tenían ya una rica experiencia laboral pero que no contaban con la certificación que los avalara.

La labor de superación profesional de Echevarría en el campo de la Bibliotecología fue en ascenso, pues participó en varios cursos de archivo, auspiciados por la Unesco, así como en viajes de intercambio cultural con bibliotecarios de los países de la entonces Unión Soviética.

En la Biblioteca Nacional José Martí

Su llegada a la Biblioteca Nacional José Martí ocurrió en 1960, específicamente en el departamento de Referencia, convirtiéndose en ente activo de las labores de recuperación y ampliación de los fondos bibliográficos de la institución, como parte de la vorágine de transformaciones que trajo consigo la Revolución Cubana.

<< “Latifundistas y campesinos”. Conferencia del Dr. Julio Le Riverend, 30 de agosto de 1961. Israel, primero a la derecha, a su lado la Dra. María Teresa Freyre de Andrade.

La Revista de la Biblioteca Nacional tuvo en sus páginas las primeras publicaciones de Israel Echevarría. La década del setenta fue prolífera, por cuanto en el número 1 de enero-abril de 1974, publicó Camilo Cienfuegos: aporte bibliográfico’, aporte bibliográfico con lo más representativo que se había publicado hasta ese entonces sobre el comandante Camilo Cienfuegos, incluyendo las poesías.

En el número de mayo-agosto del mismo año, publicó el artículo Los incunables de la Biblioteca Nacional José Martí, con el que realizó un recorrido conceptual sobre el término “incunable” e hizo particular énfasis en las características del conjunto de estos libros que poseía la Biblioteca Nacional José Martí, en aquellos momentos y otras bibliotecas nacionales de Iberoamérica. Mediante diapositivas ilustró conferencias sobre ellos que dieron a conocer detalles de una pequeña pero valiosa colección no conocida por bibliotecarios y estudiantes de la especialidad.

Una joya bibliográfica alemana del siglo XVl es el Civitates Orbis terrarum, al cual dedicó un excelente artículo en la Revista de la Bncjm, en el número de mayo-agosto de 1980.

La conmemoración de los ochenta años de la Biblioteca Nacional fue motivo para que Israel Echevarría publicara en el número de 2 de mayo-agosto de 1981, junto a Siomara Sánchez, una cronología histórica de la institución, que abarcó desde 1899 hasta 1958. En el mismo número en coordinación con las hermanas Araceli y Josefina García Carranza vio la luz Bibliografía de la Biblioteca Nacional José Martí (1901-1980), valioso repertorio que aunaba cuanto se había publicado sobre la institución en libros y prensa periódica.

La elaboración de repertorios bibliográficos como el que le hiciera en 1982 al Dr. Julio Le Riverend, con la colaboración de su esposa, Azucena López Beltrán, referencista del Departamento de Colección Cubana, así como la bibliografía de la Gaceta Oficial de la República de Cuba, en 1988, constituyen valiosas guías para investigadores y lectores.

En 1981, Israel pasó a dirigir y organizar dentro del antes mencionado Departamento, una Sección de Fondos Raros y Valiosos, y a partir de entonces fue recurrente en informar sobre el estado de dichas colecciones desde las páginas de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, además de publicar cronologías históricas en los aniversarios de la institución.

Como discípulo de la Dra. Freyre de Andrade pronunció, en más de una oportunidad, palabras de homenaje a la labor intelectual y profesional de esta destacada bibliotecaria. Las palabras leídas en la inauguración de la exposición en ocasión de los 80 años de María Teresa Freyre, así como las que le dedicara junto al colectivo de trabajadores en su 90 cumpleaños, el 27 de enero de 1986, están en las páginas de la Revista de la Biblioteca y en el testimonio gráfico.

Israel Echevarría junto a Miriam Martínez, Subdirectora Técnica de la BNJM, en el conversatorio realizado el 27 de enero de 1986 por el 90 aniversario de la Dra. María Teresa Freyre de Andrade. Colección de fotografías BNJM. Aniversarios y homenajes, 1986.>>

Israel Echevarría en el conversatorio realizado el 27 de enero de 1986 dedicado al 90 aniversario de la Dra. María Teresa Freyre de Andrade. Colección de fotografías BNJM. Aniversarios y homenajes, 1986.>>

El año 1987 estuvo dedicado, entre otras fechas importantes, a rendir tributo al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, en el veinte aniversario de su caída en combate. Con la colaboración de la Subdirectora Lic. Miriam Martínez Crespo, y tomando como fuente la Gaceta Oficial de la República de Cuba, Israel publicó en la Revista El Che en la legislación revolucionaria cubana, con los textos firmados por el Che y aquellos que hacían referencia a su figura.

En su afán por contribuir a la historia de la institución dedicó esfuerzos en la localización de documentos relacionados con la historia de la Biblioteca visibles en varios artículos publicados en la Revista y en el Boletín Bibliotecas. Una de sus últimas publicaciones, que vio la luz luego de haber fallecido, fue Documentos para la historia de la Biblioteca Nacional José Martí, a principios de 1989, en el que ofreció once documentos que corresponden a leyes, decretos, acuerdos, discusiones en el Congreso, relacionados con la Biblioteca Nacional.

Fue merecedor de la Orden Raúl Gómez García, en 1968, debido a su actitud abnegada y de vanguardia además obtuvo la Distinción por la Cultura Nacional.

La pasión que sentía por los libros, en especial por los antiguos y “raros” la transmitió a sus alumnos en la Escuela de Técnicos de Biblioteca y especialmente a su colega Olga Vega García, quien posterior a la muerte de este se encargaría de la ordenación, procesamiento y servicios de la Sección de Fondos Raros y Valiosos.

 Según palabras de la Lic. Olga Vega García, Israel fue quien “por primera vez le explicó curiosidades de lo que con los años constituyeron la razón de ser de esta autora: los libros raros y valiosos, con dos importantes figuras: Johannes Gutenberg (primer impresor europeo) y Antonio Bachiller y Morales (Padre de la Bibliografía Cubana y entusiasta coleccionista), quizás las preferidas por él. Todavía hoy, al acariciar las dos hojas del Catholicon, producido en 1460 en el taller del impresor alemán, obligatoriamente ha de recordarse a Israel hablando de “nuestros incunables” como de algo propio”.

Jornada bibliotecológica, 18 de octubre de 1986. Alicia Sánchez del Collado e Israel Echevarría.>>

Otros colegas de la institución que compartieron sus días de labor profesional, hicieron referencia a sus atinadas indicaciones sobre cuestiones de la actividad bibliotecaria y aún se refieren a quien fue parte indispensable y necesaria en la historia de la Bncjm. Así, la Lic. Alicia Sánchez del Collado, actual especialista del departamento de Publicaciones Seriadas y quien fuera una joven bibliotecaria que comenzaba su vida profesional en 1981, lo recuerda como su profesor de Referencia en la Escuela de Técnicos de Bibliotecas. Durante la realización de su tesis de graduación, en varias ocasiones solicitó la ayuda de Israel por la cultura general y el dominio de la especialidad que poseía.

Igualmente usuarios cubanos y extranjeros lo rememoran aún hoy con especial afecto. De hecho, durante años personalmente atendía visitas dirigidas a especialistas mostrándole los tesoros más preciados.

<< En la Sala Cubana, octubre de 1988, probablemente una de sus últimas fotografías, realizadas por el fotógrafo e investigador Jorge Oller Oller.

Los discípulos recuerdan una frase sencilla pero reiterada, tanto en sus clases como en los puestos de trabajo: “La cuestión no es saber, sino saber buscar”, y para ello se requería según él de un nivel cultural adecuado a la profesión, interés y constancia, y de esa manera contribuyó con ese consejo a la formación del personal a lo largo de todos esos años.

Su caída fulminante frente al montacargas del Departamento de Arte, en plena jornada laboral y listo para brindar servicios a peticiones de algún usuario, resultó impactante para los trabajadores en activo en ese momento. Poco pudo hacerse para salvarlo. Quedó su impronta y el consuelo para muchos de que esa era su misión final, servir al público y a la institución que amaba.