Carolina Poncet de Cárdenas: pionera de la investigación etno-folclórica insular

Por Jesús Dueñas Becerra

Evocar en este artículo la producción intelectual y espiritual de la doctora Carolina Poncet de Cárdenas (1879-1969) (1-2), en los campos de la etnografía y la educación cubanas, deviene saldar una deuda con la memoria de mi difunta esposa, doctora Zoila A. Cao Sarmiento (1911-1982), quien fuera discípula suya en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, donde -por concurso/oposición- obtuviera las cátedras de Gramática Española y Composición, Elocución y Literatura Española y Cubana.

Mi compañera en la vida y en el magisterio me hablaba mucho de la profesora Poncet, y siempre elogió la vasta cultura general que la identificaba en el contexto docente-educativo y fuera de él, pero, sobre todo, los sólidos conocimientos etno-folclóricos que la convertían, por derecho propio, en una intelectual única e irrepetible.

Carolina Poncet de Cárdenas era natural de Guanabacoa, villa que vio nacer y crecer a relevantes personalidades de la cultura cubana y fuera de nuestras fronteras geográficas. En el seno del hogar descubrió en los progenitores, y en especial, en el abuelo paterno, poeta y prosista José María de Cárdenas Rodríguez (1812-1882), los valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales, que posteriormente consolidaría en las escuelas de enseñanza común, primaria superior, media superior, así como en la capitalina Alma Mater, donde se doctoró en Pedagogía y en Filosofía y Letras

En la doctora Poncet era notable la avidez cognoscitiva, la curiosidad humanística, la valentía y el coraje para sortear escollos, transitar senderos vedados a la mujer y para asimilar conocimientos enciclopédicos, e incorporarlos a su peculiar estilo de afrontamiento. En lo personal, era capaz de encarar -como lo hizo- a una sociedad machista, que discriminaba a la mujer por el solo hecho de pertenecer al sexo femenino.

Fue una cubana ciento por ciento que se adelantó a la época socio-histórica que le tocara vivir durante las primeras seis décadas del pasado siglo. La obra etno-folclórica y pedagógica llevada a cabo por la ilustre guanabacoense trascendió aquella etapa, y llega hasta hoy, ya que le abrió los más disímiles caminos a la cultura nacional, que mucho le debe a la doctora Poncet, cuyas valiosas contribuciones han sido invisibilizadas en los medios masivos de comunicación.

Con los hallazgos de la pesquisa etno-folclórica desarrollada en torno a las raíces culturales de la nación, y que publicara en las revistas especializadas que circulaban en la Ciudad de las Columnas, inaugura -desde las primeras décadas de la época republicana (1902-1958)- dicha línea de investigación en nuestro archipiélago, a lo cual se añadiría el dominio y caracterización de la lengua cervantina, el afán pedagógico por el correcto aprendizaje, así como el amor al libro y la lectura.

A la doctora Poncet la vida le sonrió hasta el momento en que aspirara a una cátedra en nuestro máximo centro de educación superior, en febrero de 1915, cuando el tribunal -tan conservador como reaccionario- dudó en otorgársela a quien se había doctorado en dos carreras universitarias, algo muy extraño en aquel entonces en una mujer.

Esa negativa irracional, que constituye expresión legítima de una injusticia universitaria, desencadenó un escándalo en la prensa al autodisolverse varias veces el tribunal, y el rechazo de la doctora Poncet a tan humillante discriminación por pertenecer al sexo femenino.

En una carta de renuncia, dirigida al Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes (hoy Ministro de Educación), expresó sin ambages ni medias tintas:

“Tengo el honor de comunicarle que (si bien he) obtenido por oposición la cátedra de Gramática y Composición, Elocución, Literatura Española y Cubana en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, y alcanzado el honor de ser elegida por mis compañeros de Claustro, directora de este Establecimiento, he resuelto renunciar a mi calidad de opositor a la cátedra de Profesor Auxiliar de la Escuela de Pedagogía de la Universidad de La Habana”.

La experiencia docente y el curriculum vitae de la aspirante avalaban su capacidad para desempeñar las dos cátedras, y en el plano teórico, ya había hecho importantes contribuciones, en particular sobre la enseñanza de la lengua materna y la ortografía.

El libro Lecciones de lenguaje fue aprobado como obra de texto por la Junta de Superintendentes de Escuelas de la República de Cuba, el 9 de octubre de 1905; el año anterior había ganado medalla de plata, con ese mismo título, en la Exposición de Saint Louis, Missouri, Estados Unidos.

El prestigio profesional de la doctora Poncet se reforzó mucho más al recibir, en 1910, el Primer Premio del Círculo de Abogados de La Habana por Biografía de José Lorenzo Luaces y estudio crítico de sus obras.

La prensa se hizo eco de la colocación, por iniciativa suya, de una tarja en la casa donde nació y murió el poeta, en la calle San Lázaro, el 4 de junio de 1913, día de su natalicio.

El romance en Cuba fue la tesis de grado para optar por el título de Doctor en Filosofía y Letras (1913); premiada ese año en el certamen literario de la Academia Nacional de Artes y Letras, y publicada en la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias (1914).

Dicha tesis resultó el aporte fundamental de la doctora Poncet al folclor cubano con la compilación y estudio de las variantes del romance español en la mayor isla de las Antillas. Para ello utilizó ,entre otras fuentes, las facilitadas por la vía de la oralidad.

Después del suceso imprevisto en las oposiciones de 1915, la joven pedagoga tuvo nuevos éxitos; durante su larga vida recibió diversos reconocimientos, entre ellos, Profesora Emérita de la Escuela Normal (1955) y académico de número de la Academia Cubana de la Lengua (1960).

En 1920 y 1921 hizo una gira de estudios como becaria y de intercambio de experiencias en Estados Unidos y Europa; visitó la Universidad de Columbia, las escuelas normales de París, Madrid y Lausana, y las escuelas públicas de Ginebra, Suiza.

Al retornar a La Habana, la doctora Poncet colaboró con varias publicaciones e instituciones de gran trascendencia nacional e internacional, con un impecable desempeño periodístico y profesional. Dio a la estampa numerosos textos, ensayos y artículos a favor de la preparación que debían recibir los maestros y de la enseñanza de la Lengua Española y la Literatura. Formó parte del cuerpo de redactores de la Revista de Instrucción Pública y dirigió la revista Lyceum.

Fue la única mujer en la fundación y se desempeñó como vocal en la directiva de la Sociedad del Folklore Cubano (1923-1930), creada por los doctores José María Chacón y Calvo (1892-1969) y Fernando Ortiz Fernández (1881-1969); estuvo a cargo de la sección de Literatura e integró el Consejo de Redacción de la revista Archivos del Folklore.

Participó, entre otras muchas actividades, en las labores de la Institución Hispanocubana de Cultura (1926-1932, 1936-1947) y en la Asociación Amigos de la Biblioteca Nacional (1938-1957), dirigidas por don Fernando Ortiz y el doctor Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964), respectivamente.

Impartió docencia hasta 1960, cuando se jubiló con más de 80 años de edad. Solo faltó a su compromiso con la enseñanza cuando fue cesanteada en 1931 por la dictadura de Gerardo Machado Morales (1871-1939), y estuvo presa, en 1935, por participar en una manifestación pública contra la precaria situación política y socio-económica prevaleciente en el país.

Una Cátedra de Estudios de Oralidad, dedicada al desarrollo de la especialidad de la cual es pionera, lleva el nombre de Carolina Poncet de Cárdenas, constituida por resolución ministerial (1999) en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

 

Notas

1.Carolina Poncet de Cárdenas. Disponible en: www.EcuRed.cu

2. Asociación de Pedagogos de Cuba. Figuras olvidadas de la cultura cubana: Dra. Carolina Poncet de Cárdenas. La Habana: Biblioteca Raúl Ferrer, 2016 (monografía).