¿Abstracto o Realista?: Una polémica pinareña. (Segunda parte)

Por Jorge Luis Montesino Grandías

<< T.L-paisaje-1959.

En temas anteriores desarrollé la idea de la concepción académica-popular de la enseñanza del arte concebida y ejecutada por el claustro de profesores de dicho centro, con marcado carácter civil y humanista en una de las regiones de mayor atraso institucional y apoyo gubernamental. Ambos componentes, el académico y el popular, marcharon en relativa armonía durante los años cuarenta y cincuenta. Maridaje que logró elevar a rango de cultura nacional varios logros en el campo de la pedagogía artística, la creación, la cultura. La Escuela…trajo entonces la experiencia expandida de la creación artística, la conciencia pública de sus funciones sociales, culturales y hasta políticas, pero es importante puntualizar que con prevalencia de la conciencia civil, de reproducción de la vida civil y de funciones civiles del arte; algo así como la de un arte en beneficio de la superación cultural como excelso valor humano. Alumnos y profesores participaron en la decoración de las fiestas populares, las de San Rosendo (santo patrono de la provincia) en homenaje al día de la Dignidad Pinareña celebrada cada 26 de noviembre; de las vidrieras y otros comercios; en el diseño de carteles, propagandas, sellos de instituciones culturales y civiles, de carrozas y calles. Creció el número de exposiciones a lo largo de la geografía provincial.

El protagonismo de la concepción y práctica académica revitalizada por parte de los profesores fundadores se ajustó muy bien al ámbito local y a las expectativas de los interesados en estudiar pintura, escultura y dibujo; sin ningún otro referente estético consolidado que excediera el ideal artístico provinciano visualizado en la habanera academia “San Alejandro” y su homóloga española “San Fernando de Madrid”. Enseguida los alumnos recibieron e incorporaron aquella manera figurativa adecuándola a las circunstancias sociales, culturales locales, ascendiendo la causa geográfica, sus cualidades típicas, como contenido y referente de la creación; la socialización de las excelencias naturales y topográficas mediante la pintura figurativa y el género paisaje. Debo señalar que en la época indicada, la mayoría de los miembros del claustro eran o lo serian con el tiempo reconocidos paisajistas dentro y fuera de la provincia: Gerardo Tejedor, Universo Picazo, Tiburcio Lorenzo, Atilano Armenteros. Otro grupo de pintores académicos oficializaron su obra en Vueltabajo en el período que media entre finales del XIX y los años cincuenta: Gregorio Díaz Hernández, Félix Nogueira Morejón, Esteban Valderrama y Evelia Cruz Pérez. El lector debe tener en cuenta la autoridad ejercida por el paisajista Domingo Ramos a partir de la década del veinte, descubriendo y legitimando a nivel local, nacional e internacional las excelencias de la naturaleza pinareña a través del paisaje, como el archiconocido Valle de Viñales; asimismo, en su labor de profesor de Paisaje de varios de los alumnos que al tiempo fundaron la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Pinar del Río. Ser paisajista en Cuba, por largo tiempo significó lograr una pintura naturalista, retiniana, academizante por el recetario formalista y la profusión repetitiva, el carácter serial del acto de pintar. No sé de aquellos artistas considerados de vanguardia identificados bajo el rótulo de paisajista, aun cuando hayan incursionado o explayado sus energías creativas a través de dicho género.

Al contrario, no fueron muchos los pinareños que se atrincheraron en la pincelada o la forma convertida en punzante crítica social o autotelia de la propia creación. Ya lo he detallado en temas anteriores. Por acá no se nubló el cielo deslumbrante de la vetusta pintura académica eclipsada por la terrenalidad vanguardista, nihilista del 27 y la de los 30-40 habaneros. En Pinar del Río, es la perspectiva académica revitalizada por jóvenes recién graduados y aquellos paisajistas de experiencia docta la que funda el estudio de las artes plásticas, propicia la ubicación definitiva y el prestigio social de la creación artística y la figura del artista a finales de la década de 1940. En el periodo subsiguiente se mixturó ciertas fórmulas académicas escogidas en transformación con algunos criterios y componentes temáticos y estilísticos tomados directamente de la vanguardia europea y/o cubana y el muralismo mexicano. Y aún cuando esto último sucedió en el caso de Carlos Hernández Alcocer, Fausto Ramos y Gerardo Tejedor, los dos últimos viajaron y conocieron a fondo el arte universal y vanguardista de Europa y México, no fue aprovechada más que en su oportunidad formal la estética muralista mesoamericana: Joaquín Crespo Manzano, graduado en 1955, sería uno de sus arrellanados epígonos. Ambos pedagogos se agenciaron una formación intelectual amplia, evidente en la opinión de los que fueran sus alumnos, y sobre todo en el conjunto de la obra artística que realizaron. El primero trabajó en la pintura abstracta (consúltese el Catálogo de la Segunda Bienal Hispano Americana de Arte de La Habana, 1954. Ilustración de portada, y el óleo sobre madera “Mujeres” de Fausto Ramos. Por su parte Tiburcio Lorenzo presentó “Framboyán”, y Universo Picazo “Ensenada de Bacunayagua”); el segundo, propiciando una mentalidad experimental, abierta a la investigación; él mismo fue un amantísimo estudioso de la naturaleza y su pintura a través del paisaje.

En el periodo se levantan Carlos Hernández Alcocer: “Saturno devorando a sus hijos”; “Los cuatro jinetes del apocalipsis”; la serie “Bañistas”; “El mutilado”, et al. Raúl Eguren con sus pinturas existencialistas a espátula expresiva y otras con marcada influencia de Amelia Pelaez; Porfirio Laborí, denunciando males de la vida urbana y la deforestación; los salones de humorismo gráfico; expresión esta que sería matizada desde el nuevo compromiso social reclamado al arte después del 59.

A inicio de los años sesenta, una parte considerable de los académicos fundadores se desvincularon de la escuela pinareña, bien trasladándose a La Habana o cambiando su perfil artístico. Fue la oportunidad de los recién graduados para ocupar, mediante examen de oposición, las plazas en convocatoria: Joaquín Crespo Manzano en Grabado; Águedo Alonso en Paisaje y Colorido; Humberto Carrazana en Talla Industrial y Modelado Natural; Roberto Fernández: Talla Artística e Industrial; Gloria Fernández Riquer: Estática, Estatuaria y Ropaje; Gertrudis Fernández Riquer: Nociones Anatómicas, Anatomía Artística y Dibujo; José (Cheche) Regalado en Modelado; Mario García Portela: Dibujo. Más tarde Rigoberto Guas impartió Escultura. Los mencionados, cabe decir que activos protagonistas culturales y de autoridad en el trabajo de la Escuela…en los cincuenta y sesenta, durante la etapa de estudiantes se inclinaron al paisaje y en general al tratamiento figurativo de los temas de interés, varios contingentes con los de la Revolución. Sin embargo, los mismos contribuirían desde la manera y en las funciones de cada cual, al proceso de renovación estético-artístico y pedagógica de esa última década. Un caso digno de estudio por su actitud transgresora, apenas valorada su obra inicial en los controversiales sesenta cubanos, es Águedo Alonso con su derivación desde el paisaje naturalista hacia la síntesis de arquetipos campestres con la serie Casa del Campesino; aspecto que abordo en “Águedo Alonso:…el otro paisaje”. Siendo profesor de Colorido y Paisaje a partir de 1960, estuvo obligado a reproducir en sus estudiantes ciertas normas y criterios academicistas del paisaje que solo podía infringir pintando fuera del claustro la serie antes mencionada. Todavía resulta doblemente osada la trayectoria artística y pedagógica de su profesor Carlos Hernández Alcocer, quien impartió las materias de Naturaleza Estática, Dibujo, Paisaje, Estatuaria y Ropaje, Pintura. Su quehacer artístico transita de una primera etapa academicista de entre 1940 a mediados de los cincuenta, bajo el influjo del impresionismo que le llegó por la vía de sus maestros académicos en “San Alejandro”, hacia la próxima a partir de la fecha hasta 1960 en contacto con determinados aspectos de interés característicos de las Vanguardias Europeas e incluso las cubanas: Expresionismo y surrealismo. Su etapa final transcurrió dentro del período de nuestro interés actual, entonces su obra giró hacia la abstracción; el grafito sobre papel titulado “La Ascensión”, Homenaje a Marcel Duchamp de 1962; “Naturaleza muerta con piezas de ajedrez”, placa sobre cartulina de 1965, y también un proyecto de escultura, sobresalen entre varias. Junto a la labor desarrollada por otros profesores, por las posibilidades de acceso abiertas en Revolución, Hernández Alcocer fue uno de los guías esenciales del proceso de renovación estética y cultural en el campo de la pedagogía artística pinareña del periodo, por lo tanto de las prácticas artísticas de los jóvenes estudiantes y profesores con los cuales compartió experiencias hasta alrededor de 1971.           

Resumiendo, se puede decir que los años sesenta recibieron una escuela, una manera de crear y entender el arte, cediendo lugar a otra en sucesivos cambios de local, incluso de planes y programas de estudio en muy corto período, criterios de artisticidad; de cualquier manera, la reminiscencia académica con el predominio de géneros históricos, es el caso del paisaje y el retrato, contaminó o constituyó muy al inicio un asidero o plataforma pedagógica y estética, para no pocos, muy bien acomodada ante los nuevos intersticios creativos y sociales surgidos con la Revolución. La Revolución demandaba un arte temático, figurativo, asequible al pueblo “que lucha y trabaja”; que abordara sus problemas en Revolución; entiéndase, las dificultades de las masas. ¿Y acaso se excluye incomprender las revoluciones estéticas de ese programa general de problemáticas asignadas a las masas? No solo contra la metódica académica fundacional, revolucionaria en su momento, hubo de enfrentarse la nueva mirada a partir del mismo 1960, también correspondía tener el ojo fijo en las interpretaciones ideológicas, políticas, que al igual de cualquier proceso se favorecía.

En medio de estas circunstancias, inicialmente se mostró predestinada la actitud virulenta de desacredito a la abstracción o aquellas estéticas que no correspondieran a los intereses compartidos entre la joven Revolución y la tradicional empatía por la figuración pinareña. Cabe aclarar que las posiciones respectos a la abstracción eran diversas: desde los abiertamente opuestos, aquellos reticentes por ausencia de “aptitudes”, “talento” e “inventiva”, los intransigentes con el facilismo que aseguraban congénito, y por supuesto, sus seguidores y hasta creadores. 

Hay más. La prensa continuó lo que podríamos nombrar, en honor a los acontecimientos, su emergente formación ideológica. Dos meses y seis días después de publicadas las declaraciones del ministro soviético que sirvieron de referencia para la escritura del diálogo que inicia estas líneas, es decir, el 10 de febrero de 1963, se publicó un pequeño texto escrito por el entonces joven artista pinareño Orlando Hernández, titulado: “El Arte Abstracto”. (1) La primera línea sentencia: “Porque debe desaparecer el Arte Abstracto”. Y continua: “El arte abstracto está destinado a desaparecer, el pueblo no acaba de entender la realidad de esas pinturas y seguro que nunca las comprenderá. Cuba necesita un verdadero Arte, una realidad pictórica que lo lleve a conocer el momento histórico que vive hoy. ¿Qué conclusión podría hacerse de una pintura abstracta? En realidad ninguna, porque nada dicen. Cuba necesita de su claridad creadora, necesita que todos sigan un camino: el de crear un Arte para el pueblo. Un Arte que en cada momento, les recuerde los sacrificios con que nuestra patria hoy avanza por el camino del Socialismo.” Eufórico cierre: “En breves palabras un arte que sea espejo vivo del pueblo.”

No sería tan explícito este dictamen y parecería desligado del resto de las ideas expuestas hasta aquí y las sucesivas, si desconocemos que su autor fue un joven estudiante de artes plásticas en los sesenta. Como artista iniciado, primogénito de la histórica artisticidad figurativa pinareña y deslumbrado por el nuevo encargo ideológico, era bastante normal, por lo tanto entendible, su discurso.

Que un artista se sintiera tentado o compelido a interrumpir eventualmente su esquema de creación, visual en este caso, para entrar en un ámbito de debate extendido de lo estético a lo ideológico, o mezclándolos para apostarse con la palabra escrita en terrenos de la porfía sobre la pertinencia y compromiso de lo estético y lo ideológico, constituyó una de las más ilustrativas maneras de posicionarse frente al Arte y la Revolución, incluso, de aspirar a que los demás entendieran mejor la creación artística y el entorno sicio-cultural. Particularmente, llama mi atención que dos artistas tan inconformes y también intimistas como Leopoldo Romañach y Arístides Fernández merecieran sendas reseñas publicadas por el joven en la sección “Biografías” del periódico El Socialista, los días 9 y 12 de febrero de 1963. Rigoberto Guas, otro pinareño graduado ese año, activo promotor y protagonista de la discordia también desplegó sus criterios bajo el sugerente título: “De la Filosofía del Arte”, en la página de Arte y Cultura; pero, solicita la observancia: (…) “Es negativo no admitir que el proceso en el que se renuevan las conciencias y las cosas trae consigo la evolución del Arte”. “La capacidad del hombre no se estanca, se renueva constantemente y a su paso van las organizaciones sociales progresistas velando por la paz. Elevando más el nivel cultural de las masas, para que lleguen a comprender mejor los procesos formativos de la humanidad”. Antes, entre 1946 y 1952, Fausto Ramos, pintor, escultor, profesor y Director fundador de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas, encontró suficiente espacio en la prensa local para sus comentarios sobre las exposiciones de fin de curso; Fidelio Ponce de León; exaltando las cualidades topográficas pinareñas en favor de “Una Escuela de Paisaje”; el “Arte Nuevo y Arte Viejo”; “Domingo Ramos” y “Juan José Sicre”, etc. (ver “Fausto Ramos y la Crítica de las Artes Plásticas en Pinar del Río”. Libro Segundo).


El Socialista, periodico provincial de Pinar del Rio, 1962.

Además de no ser copiosa las alusiones directas al realismo socialista y mucho menos a la pintura abstracta en la prensa pinareña, atribuidas a autores locales, tampoco muestran profundidad polémica sino caracterizaciones, dan por sentada, ennobleciendo, la legitimidad de los puntos de vista suscritos. Al contrario la Escuela…, de seguro los talleres de encuentro entre los artistas y ciertos programas radiales otorgaron vida al tema. De modo opuesto, las declaraciones de artistas, cineastas y escritores como Reinaldo González, Reinaldo Arenas y Alfredo Guevara, producto de entrevistas a partir de visitas de trabajo literario a la provincia o de la publicación de fragmentos escogidos de textos impresos, dan muestras de vigor polémico, de la existencia de activas zonas de conflictividad estética e ideológica, donde al adversario no se les escamotea su trinchera. Veamos algunos ejemplos atípicos incluidos dentro del primer grupo. Corresponde a la revista Guamá, septiembre-octubre de 1964, Año I, Nos. 3-4, órgano materializado por varios artistas, entre ellos, Eumelio Calzada y Rigoberto Guas, integrantes del Taller de Divulgación de la Coordinación Provincial de Cultura. La selección que me permito de este seriado para acercar el tema de la pintura abstracta y su presentación pública no debió discriminar por aquel tiempo su jerarquía en la promoción y divulgación del arte, siendo la primera especializada en el campo de las artes plásticas a nivel regional. La pintura, los eventos de artes plásticas y su divulgación encontraron espacio entre sus páginas. El humorismo gráfico abordó con peliaguda mirada la pintura abstracta.

Entre los egresados de la Escuela de Artes Plásticas en los sesenta, Eumelio y Guas integraron el grupo de los más activos en cuestiones de concepción, organización, divulgación y montaje de exposiciones de arte universal, nacional y local, de salones de humorismo gráfico, en general de la vida cultural. Asimismo, con sus opiniones en Guamá ingresaron en la porfía en torno a la abstracción. De inicio, sobresale el título: “El Waterloo de la pintura abstracta”, después le continúa el curioso dibujo humorístico bastante cercano a una historieta “Como surge un pintor abstracto”, firmado por Eumelio Calzada. El primero comienza glosando el descalabro comercial de la pintura abstracta en las subastas neoyorkinas a partir de 1962. Inmediatamente asegura el beneficio comercial de las artes figurativas en occidente; de manera inesperada para el lector actual, después entendible, el texto gira hacia la primera: “Con este enfoque notoriamente comercial, el abstraccionismo era muy cómodo para las manipulaciones de los hombres de negocio.” Continua el descrédito ontológico: “Para pintar un cuadro abstracto no se necesita ni aptitudes, ni talento ni aun gasto de tiempo: basta un poco de inventiva y un mucho de desenvoltura.” Veamos los sinónimos de Inventiva: Imaginación; Idea; Fantasía, Inspiración; Originalidad; Iniciativa; Talento; Genio. Ahora Desenvoltura: Desahogo; Frescura; Descaro; Atrevimiento. El autor asegura los vaivenes del arte en la moda sensacionalista y burguesa, por lo tanto “acaba por pasar”. (…) “En Occidente se habla ahora de la crisis de esta tendencia.”

El Socialista, periodico provincial de Pinar del Rio, 1967.