¿Realmente leemos en verano?

Por Yailé Balloqui

“Los libros consuelan, calman, preparan, enriquecen y redimen”. (José Martí)

Como todos los años para la Feria del Libro, La Cabaña, en La Habana se abarrota de personas que no quieren perdérsela. Igual ocurre en espacios más pequeños como La Noche de los Libros o Lecturas de Verano, que desde hace varios años las autoridades literarias y culturales de Cuba se empeñan en organizar para estimular el hábito de la lectura entre los más jóvenes, sobre todo.

Pero en estas ferias destinadas al período estival vienen precedidas de estudios y encuestas que el Observatorio Cubano del Libro y la Lectura (OCLL) aplica cada año y cuyos resultados arrojan que los cubanos continúan leyendo, pero en menos medida.

La más reciente pesquisa aplicada por el OCLL pretende medir científicamente el índice de lectura entre los cubanos. ¿Leemos en verano? intentó determinar hasta qué punto leer es una prioridad para la población capitalina en los meses estivales y que razones impiden que pueda realizar más esta actividad durante estos meses.

Además se buscó determinar si los formatos de lectura, el tipo de libro a la venta, la influencia de promotores potenciales como libreros, bibliotecarios u otros potencian al acto de la lectura.

Asimismo, conocer sobre las preferencias de lecturas por géneros o temáticas de los encuestados.

Se entrevistaron 450 personas y la mayoría jóvenes vinculados a estudios universitarios.

La falta de tiempo y de opciones de obras cuyos temas tengan influencia en los más jóvenes, así como la edición nula de clásicos, fueron las principales respuestas que argumentaron la discreta falta de lectura en la población.

En cambio la novela resultó por excelencia el género más buscado y los precios que hoy ofertan los volúmenes en librerías y ferias, son caros, de acuerdo con los encuestados.

Las librerías continúan siendo el sitio dónde los encuestados compran libros en el verano según la mayoría de los votos, aunque otros declararon acceder a los libreros particulares, puntos de venta, festivales del libro, lecturas del verano y Arte en La Rampa.

Sobre cuántos libros pueda cada persona leer en el verano el valor que más prevalece es el de entre dos y cinco.

El dato sorprende si se tiene en cuenta la competitividad que representan otras maneras de empleo del tiempo libre abordadas en la propia encuesta, entre ellas la televisión que ocupó el primer lugar, seguida de cerca por la asistencia a playa, bares, discotecas o conciertos.

La competencia también es fuerte ante las nuevas tecnologías. Acerca de si prefieren leer impresos o digitales, el mayor número de encuestados declaró elegir la forma clásica.

A este importante estudio le sigue uno similar al cierre de los meses de verano cuyos resultados arrojarán, seguramente, que la lectura sigue estando entre las actividades preferidas de la población.