Ramona, en la escritura de Martí traductor

Por Astrid Barnet

Si existe una obra proveniente de la pluma de nuestro José Martí traductor, memorable, de bellísima escritura al ser enriquecida a la lengua española a partir del inglés y con una exquisita humanidad y amor ilimitado en su contenido es, sin lugar a dudas, Ramona, de la autora norteamericana Helen Hunt Jackson (1830-1885). Del género novela y escrita en el siglo XIX, ésta denuncia la despiadada explotación a que fueron sometidos los indios norteamericanos cuando los blancos -provenientes de Europa-, se apoderaron de California.

Mas, el interés particular que despierta Ramona en el lector no es tan sólo el que todos hallarán en ella un placer exquisito: mérito el literato, color el artista, ánimo del generoso, lección el político, ejemplo los amantes, y los cansados, entretenimiento, sino también y en lo fundamental el haber sido en 1887 traducida, prologada y editada de su peculio particular por Martí.

En carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, del 8 de agosto de 1887, y ya dispuesto a traducir y editar el libro, Martí le expresa:

“(…) Desde que leí el libro, pensé publicarlo en español: he leído pocos libros de su especie en que la naturaleza esté pintada con más arte, y un país original tan bien visto por un extranjero, y nuestra raza, a menudo desdeñada sin razón, tratada con tan ingenuo afecto, y en toda su bondad reconocida, por una escritora famosa entre los que más nos desdeñan”.

Asimismo, aquellos lectores de todas las edades que saben amar y seguir las lecciones de justicia y solidaridad humanas resaltadas en La Edad de Oro, recordarán que Martí hace alusión nuevamente a Helen Hunt Jackson, autora de Ramona, en el precioso poema Los dos príncipes, del que ella es también autora.

Ramona, en la actualidad, cobra más vigencia que nunca desde todo punto de vista: histórico, literario, político e ideológico. La trascendencia de su trama y el color de aquellas tierras invadidas, invadieron también el marcado interés del apóstol para hacer de dicha obra y de su autora baluartes de un canto a la memoria de miles de seres humanos desalojados de sus tierras y cruelmente exterminados.

“Traducir es transpensar”, escribió a sus veintidós años de edad. Tarea hermosa a la cual se consagró en innumerables momentos de su vida, en especial, durante la edición de La Edad de Oro, para la cual utilizó diversos trabajos de autores ingleses, franceses, norteamericanos. Entre otras versiones de sus traducciones que podrían citarse están: Mis Hijos, de Víctor Hugo (1875) y Lalla Rookh o Mejilla de Tulipán, de Thomas Mann. Esta última, traducción muy querida para Martí, y acerca de la cual dejó instrucciones muy precisas a Gonzalo de Quesada -días antes de su caída en combate-, referidas a su publicación. No obstante, no ha podido ser hallada aún.

Sobre Ramona la crítica especializada tuvo opiniones muy favorables a ella. Entre ellas la de Blanche Zacharie de Baralt, quien afirmó que dicha obra “al pasar por la mente luminosa de Martí, ganó mucho en belleza de lenguaje y de forma. Calcada sobre el modelo de Mrs. Jackson, tiene todo el sabor de un original”. Por su parte el connotado intelectual dominicano Pedro Henríquez Ureña destacó que “hizo una traducción resumida de Ramona de Helen Hunt Jackson, mejorando el estilo del original”.

Si existe un criterio sumamente importante sobre la presencia femenina en dicha novela, lo encontramos en la edición de Ramona, a cargo de la Editorial Arte y Literatura (1975), el prestigioso escritor cubano y presidente de la Casa de las Américas doctor Roberto Fernández Retamar, quien  subraya:

“(…) Es bastante probable que esto no sea resultado del azar. La sociedad en que las autoras vivieron, dividida abruptamente en explotadores y explotados, e inficionada con el prejuicio racial más cruel, conocía también, por supuesto, la inferiorización de la mujer que acompaña desde sus orígenes a la sociedad clasista, y de la que en un ejemplo menor, pero simbólico -y de tan difícil erradicación en algunos países-, el que ellas mismas llevaran enredadas en sus nombres  el de sus esposos, como si fueran vacas calimbadas en el anca con la marca férrea del amo. ¿No puede pensarse que estas mujeres talentosas, enérgicas y valientes que se sabían a pesar de sus virtudes, situadas por su condición de mujeres, en posición inferior a la de tantos varones mediocres, fueren por ello más proclives a identificarse de alguna manera con otros seres humanos, injustamente preteridos, y a expresar ese sometimiento sobre todo por las vías latentes de la imaginación?”.

Criterio para analizar detenida y profundamente en estos tiempos en los que en el mundo operan tantos cambios y transformaciones, y en el que ocurren un sinnúmero de acciones y actos ético-morales regresivos hacia otros estadíos sociales, en específico, en la escena cultural internacional.

Ramona, de Helen Hunt Jackson traducida a la perfección por el más grande pensador de nuestra América de la segunda mitad del siglo XIX más que una obra de fecunda lectura, es exaltación perenne de la memoria histórica de este otro lado del mundo y de la defensa y preservación de una identidad latinoamericanista.