Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967¿Abstracto o Realista?: Una polémica pinareña (Tercera parte y final)

Por Jorge Luis Montesino Grandías

El Socialista, periódico provincial Pinar del Río, Año IV, No. 1516, miércoles 15 de marzo de 1967.

Casi al final, la duda. ¡OH. La duda! “¿Qué hacer en adelante? ¿Volver al realismo que fue declarado irremisiblemente anticuado? ¡Uf! Para pintar un cuadro realista se necesita conocer el oficio, tener auténtica inspiración, se necesitan ideas, trabajar honrada y ahincadamente.” Al artículo lo acompaña un bien logrado grabado abstracto a color perteneciente al mismo Eumelio.

Cómo surge un pintor abstracto, circunscribe la génesis del artista y su personal acto creativo a punto de aflorar en medio de la clásica perreta de un bebe encerrado en su cunita. Gritón a garganta desbocada y “hecho caca” desvía hacia él la atención de papá, quien, obligado, abandona el montaje y preparación de un lienzo. El tercer dibujo o escena ilustra, martillo en mano, al artista-padre o al padre-artista saltando pavoroso agitando la herramienta hacia uno y otro lado.

Eumelio Calzada continúa con la pituita sobre la pintura abstracta, esta vez su grafía muestra un cuadro abstracto encima de un inodoro a punto de ser tirada la cadena. El tercer ejemplo refiere varias polémicas desplegadas en el ámbito de la cultura y la creación artística, y en general, de la circunstancia nacional del Arte en Revolución. Ahora un personaje de evidente “porte y aspecto” intelectualoide, embelesado, ensimismado se acaricia la barbilla, en la otra mano sostiene un libro: Viva el arte abstracto. Lo rodean un grupo de textos correspondientes a diversas manifestaciones artísticas enjuiciadas en aquel tiempo: Rock and Roll, Twist, Música Concreta. Cine: Divorcio a la Italiana; Alias Gardelito y La Dulce Vida, de Lautaro Morúa y Fellini, respectivamente. Estas dos últimas, junto a El ángel exterminador, de Luis Buñuel y Accatone de Passolini, constituyeron motivo de polémica en el periodo de 1963 a 1964 entre el cineasta Alfredo Guevara y Blas Roca (Director del Periódico Hoy, Órgano del Partido Socialista Popular. PSP), en torno a la pertinencia o no de incluirlas dentro del programa de exhibición nacional.

Termino mencionando los premios del Concurso 26 de Julio, en homenaje al XI  aniversario del glorioso Asalto al Cuartel Moncada, convocado por la Coordinación Provincial de Cultura: “La temática revolucionaria está amplia y expresamente representada en las obras premiadas” (…). Veamos los títulos: Movilización, de Joaquín Crespo Manzano; Queremos la paz, no tememos la guerra, dibujo a creyón y tinta de Mario García Portela, y La Danza, talla en roble de Amaro Loriga. Curiosamente, la xilografía es la única de las tres obras en que la figuración se acerca más al realismo por el tema abordado: Una hilera de milicianos remonta una empinada cuesta. El de García Portela es un dibujo también sobre la épica revolucionaria pero la forma se sintetiza en una gruesa línea de contorno de un cuerpo que recuerda el humano. Con todo mi interés, dejo para el final la escultura abstracta privilegiada en la extensión del comentario al pie: “La línea, el estilo y la forma se confunden en un atrevido alarde de composición”.

En la página 4 del periódico local El Socialista, lunes 1 de abril de 1965, apareció publicada una síntesis de un texto mayor suscrito por Alfredo Guevara, extraído de la revista Cine Cubano: “Este es un año de riesgo y esperanza para el cine cubano. Es un momento difícil y no sería injusto o exagerado calificarlo de crítico”. (…)”Evidentemente no son pocos los riesgos que plantea esta nueva situación” (…), “en otros muchos aspectos se plantea una completa problemática que va de la formación cultural e ideológica, artística, a la de la creación misma como acto.”

Sus palabras continúan el debate: (…) “Con esas piernas fuertes que quisiéramos construirnos se puede abordar inclusive, y muy concretamente, la abstracción. Pero lo que no se puede es abordar el mundo concreto y real con piernas abstractas, inexistentes.” (3) Clara respuesta a cuantos impugnaron la abstracción.

En cuanto a este asunto específico, encaramado en su montículo artístico y administrativo Guevara no pecó de escasez intelectual o estética como sí les ocurrió a otros dirigentes, a la inmensa mayoría de ellos. El Presidente de la República Osvaldo Dorticós Torrado dejó bien clara la perspectiva del gobierno revolucionario en nombre del cual dijo expresarse desde esa parte del escenario. Repasemos unas líneas de su discurso de apertura del Primer Congreso de Escritores y Artistas, leídas el 18 de agosto de 1961, a dos escasos meses de Palabras a los intelectuales: (…) “no implica, en consecuencia, que por ejemplo, debemos fulminar las manifestaciones del arte abstracto.” (…) “Debemos esforzarnos porque las manifestaciones literarias y artísticas del futuro no estén dominadas en lo esencial por esas corrientes. Pero ello no es obstáculo, sin embargo, para que en la gran tarea que hoy inician escritores y artistas, estén presentes, con entusiasmo, artistas abstractos.”

El epítome tono triunfalista necesario en los discursos: (…) “Después de esta reunión, ¿qué os espera? Digámoslo en pocas palabras: ¡A las puertas de esta reunión os espera el pueblo!” (4)

Dos de los más conspicuos intelectuales, probados revolucionarios cubanos de entonces habrían de captar y, además, emitir de manera especial y casi a la vez las suyas propias de todas aquellas, por momentos, enrarecidas señales del ambiente que a solo cinco años del triunfo de la Revolución no ocultaba, como si sucedió posteriormente, extravíos o zigzagueos en su rumbo.

Uno, hombre quimérico primero, hombre de Estado y teórico del socialismo cubano; el otro, personaje romántico, civil-temerario, hombre de arte y cronista del socialismo cubano. Ernesto Che Guevara y Tomas Gutiérrez Alea (Titón): El Socialismo y el hombre en Cuba,

Descripción: Guerrillero, periodico de Pinar del Rio, decada de 1970
Guerrillero, periódico de Pinar del Río, década de 1970.

y la sátira sobre la burocracia La muerte de un burócrata. Ambas obras nacidas en el parteaguas 1965. Llama la atención que en tan temprana fecha, cada uno embistiera ciertos mecanismos ideológicos, sociales que aquietaban las posibilidades en el desarrollo de un joven Estado en Revolución y de sus individuos. Los hechos demuestran como en ese curso se había trastocado la relación Estado-Individuo, al decir de Ambrosio Fornet (…) “algo se nos había ido de las manos” (…). La celebración del realismo socialista por parte de antiguos dirigentes e integrantes del influyente Partido Socialista Popular, PSP, y en el mejor de los casos, la moratoria cultural a la abstracción, fueron temas en los cuales intervinieron con esclarecedoras líneas y ejemplos. La polémica estaba en el ambiente, en la situación; palabrita esta que incluso sirvió de título en una primera novela del escritor Lisandro Otero: La Situación aborda las complejidades iniciales del proceso revolucionario. Hubo numerosos cineastas, pintores, escritores plantados en uno y otro punto de vista, pero los fragmentos que continúan generalizan con exactitud suficiente las dos posiciones. En sus memorables Apuntes sobre la literatura y el arte, publicado primero en la revista Cuba Socialista. Año III, octubre de 1963, Mirta Aguirre afirma: “El realismo socialista, que no menosprecia en el arte la belleza, lo entiende como vehículo de la veracidad, como camino del conocimiento y como arma para la transformación del mundo.”

(…)…basta que un artista este de corazón junto al proletariado en la lucha de clases, basta que de hecho rehúse toda metafísica concepción abstracta del hombre y de la sociedad, basta que posea y una estatura creadora -sensibilidad, inteligencia, cultura suficiente a los empeños que aborde- para que la obra inspirada en los principios del realismo socialista pueda brotar en él naturalmente, que es la única forma en que, en cualquier caso, debe brotar.”

Hagamos que el escritor Jesús Díaz participe una vez más: (…) “El verdadero peligro no se halla, por tanto, en la pintura abstracta, en la música serial-dodecafónica, o en la poesía oscura; sino en el arte directo, “realista” (…) (5)

Entonces bastante joven escritor, con solo 24 años, Reinaldo González visitó Pinar del Río en 1965 invitado por la Coordinación Provincial de Cultura para realizar lecturas de su obra, oportunidad aprovechada por el periodista Aldo Martínez Malo a quien le contestó una serie de preguntas. (6) De las siete formuladas, inmediatamente la tercera plantea el tan debatido tema: “¿Qué opinas del realismo socialista?” (…)…“considero que la mejor manera de servir a la revolución en arte, es revolucionando el arte. Pues un arte anquilosado en las viejas fórmulas, no veo cómo pueda ser conductor de las aspiraciones contemporáneas, o sea, el socialismo y el comunismo. Así, considero que el realismo socialista tal como se ha considerado hasta ahora, es un error fatal que tiende a ver al hombre desde un solo lado, sin aportar mayormente a su comprensión, utilizando grandilocuencias gastadas, dando una imagen del hombre y de la historia, por reacción, totalmente idealistas, cuando se dice servir a la causa del materialismo histórico.” (…)

-“¿Y del compromiso en el arte?

-¡Compromiso en el arte! Grandes palabras muy en moda.” (…) … “creo que desde hace mucho tiempo está claro lo imposible de “la no participación”. Nadie puede escapar al aguacero ideológico. Quien no quiera mojarse, está de parte de quienes no se mojan. ¿Está claro? (…) No vamos a desayunarnos con esto ahora, sencillamente toda obra de arte refleja su tiempo.”


El Socialista, periódico provincial Pinar del Río, Año II, No. 902, viernes 26 de marzo de 1965, p. 4.

Prácticas ideológicas, culturales y estéticas afiliadas a la línea de pensamiento compartida y defendida por Reinaldo González impidieron en los años sesenta la regulación oficialista de cánones artísticos. De igual forma joven, la Revolución debía expresarse y en el camino tropiezos siempre hay. También hubo en Vueltabajo exceso de los más variados grises y tonos; respuestas y nuevos emplazamientos; escenas preparadas y actores incrementando la improvisación. Un número considerable de los novatos aquellos parecieron eclipsarse por el estrechonazo de la mano; en la actualidad, sobresalientes creadores de la escena provincial y nacional. Aspecto que merece escucha.

Volvamos a la Escuela de Artes Plásticas, institución histórica desde la cual se produjeron parte de los eventos fundamentales de reforma en el campo artístico pinareño a mediados de la década, incluidos los espacios de discusión en torno a la tipología estética a cultivar, el compromiso con el Arte y la Revolución, las conferencias sobre arte universal, filosofía, sociología del arte, etcétera.

Mientras en la época valorada se desarrollaron cronológicamente los acontecimientos aquí enumerados según mi diseño argumental, a mediados de la década un grupo de jóvenes profesores asistieron al desmontaje sucesivo, no sin cierta lógica resistencia de orden histórico, más activado que lento de la mentalidad academicista, a esas alturas en casi total divergencia. Y aunque el grueso de los profesores fundadores cedió el espacio institucional por determinadas razones, cuatro de ellos permanecieron, de estos últimos, algunos hasta los años 70: Tiburcio Lorenzo, Juan Ramón González, Enrique Alonso y Carlos Hernández Alcocer. Pero, según testimonios de no pocos de sus alumnos, fue Alcocer quien mayor influencia ejerció entonces sobre los mismos estudiantes que compartieron junto a él la labor pedagógica de la década, confluyendo varias generaciones de artistas en un punto común de intercambios. Incesante, Tiburcio Lorenzo estiraría en lo sucesivo su paisaje. Juan Ramón mantuvo su predilección pedagógica hasta los años 70, Enrique Alonso también colaboró.

Descripción: Atilano Armenteros
Atilano Armenteros. Sembradores, óleo sobre lienzo, 1977.

Si miramos en conjunto la obra realizada por el grupo de artistas-pedagogos de 1946, se identifica en cada uno de los integrantes un mayor o menor número de obras, constancia de trabajo, obtención de premios, reconocimiento social y financiero, exposiciones efectuadas. Una parte obtuvo claros dividendos monetarios y públicos, otros empeñaron sus esfuerzos en el campo de la pedagogía ensombreciéndose en parte la creación misma, o mejor, la puesta en escena a través de exposiciones. Respecto a la labor pedagógica, a finales de los cincuenta ya se había cumplido con eficacia la mayoría de los propósitos planeados por ellos respecto a la creación, fundación, oficialización de la escuela de Artes Plásticas y la socialización del arte en Pinar del Río.

Se sabe que a partir de 1959 se produjeron cambios radicales en Cuba. La escuela comenzó otra etapa. La guía pedagógica y estética del experimentado artista y catedrático Carlos Hernández Alcocer avivaría parte de los procesos creativos de la década subsiguiente.

Para el tema que nos ha venido ocupando, el comentario resumido de la última etapa creativa de Hernández Alcocer, en el contexto de renovación de los programas y planes de estudio de la Escuela…a partir de mediados de los años sesenta, favorece la comprensión del despliegue progresivo que experimentó el lenguaje de la abstracción en Pinar del Río en el transcurso de esa época, contrario al reproche o reticencia propios de los inicios.

El de Alcocer, es un caso atípico. No solo fue de aquellos con mayores resultados educativos y permanencia docente, sino, sobre todo, en el despliegue experimental con diversos materiales y movimientos artísticos de la vanguardia internacional y cubana. El impresionismo, el surrealismo, el humorismo gráfico, la escultura, el dibujo, la pintura figurativa y abstracta, la neofiguración, el concretismo, son identificables en las múltiples etapas creativas. En los años del sesenta, artistas como Atilano Armenteros y Juan Ramón González, incursionaron en un tipo de pintura que mezcló elementos de la abstracción pictórica y la figuración.

Hernández Alcocer impartió lecciones a Joaquín Crespo Manzano, graduado en 1955, catedrático de grabado entre 1960 y 1973; a Águedo Alonso, titular de Paisaje y Colorido a partir de 1960; a José (Cheche) Regalado, a cargo de la escultura y a Rigoberto Guas, sucesor del anterior. Mario García Portela, secretario y director, entusiasta artista salió de las aulas de aquel.

Asimismo, influyó con sus lecciones más allá del espacio inmediato de las lecciones pedagógicas al congeniarlas con la realización de una obra dentro del lenguaje de la abstracción. Los que fueran sus alumnos lo recuerdan en su vocación investigativa e inconformidad. Próximo a los diez años, entre 1962 y 1971, efectuó un conjunto de pinturas, dibujos y proyectos de pequeño formato de alto valor artístico a nivel regional, incluso en el plano nacional, en medio de una de las más asentadas tradiciones pictóricas insular. Sus resultados investigativos son más que conclusiones para la complacencia intelectual. El dibujo Ascensión, Homenaje a Marcel Duchamp, en la temprana fecha de 1962, cuando la enseñanza de las artes plásticas permanecía anclada en un recetario de fórmulas inocuas, las impugna crecidamente y lo distancia de cualquier tipo de análisis inofensivo del arte local. Se tiene la sensación de que estaba fuera de relación contextual, o mejor, que su obra solicitaba otra modalidad relacional del espectador con la obra y de esta con las circunstancias inmediatas. En el plano personal, su visión de la abstracción disuelve las diversas ramificaciones estilísticas históricas experimentando la coparticipación de sus múltiples elementos expresivos y constructivos: el cubismo analítico y el sintético, el tachismo y la influencia de Paul Klee, la pintura concreta y cinética, y el surrealismo. Son ejemplo, las series de composiciones, placa sobre cartulina, fechadas entre 1963 y 1966; y aquellas a base de Medios Mixtos a partir de esa fecha hasta 1972. Los Pequeños Pasatiempos se incluyen en igual período.

Los cambios más representativos de los programas de estudio, así como el tiempo de duración de los estudios, se hicieron más visibles hacia 1965. Se había creado la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, y varios alumnos de las provincias colaterales viajaron a La Habana donde cursaron sus estudios teniendo de profesores a un grupo de artistas cubanos para entonces con una obra bastante consolidada y de reconocimiento probado. Juan García Miló, Idania Labrador y Pedro Pablo Oliva, entre otros, se cuentan de los primeros. La confrontación pedagógica y artística a nivel nacional enriqueció y aportó otros fundamentos culturales a sus obras dentro del grupo de coterráneos que continuaron estudiando y trabajando en la tierra natal. Pero en Vueltabajo la presencia de la academia se hacía cada vez más raquítica; de hecho, habría que esperar a los años ochenta para que resurgiera un próximo conjunto de paisajistas; todos reconocen la ascendencia de los fundadores del género en la provincia, pero apenas alguno acepta la deuda de correspondencia.

Graduado en 1963, Rigoberto Guas, profesor de escultura durante casi treinta años, fue uno de sus alumnos consagrado a la abstracción escultórica, el programa a su cargo desde 1965, contenía una serie considerable de ejercicios en los cuales se procuraba al estudiante relación e investigación de las formas espaciales a través del uso de la arcilla y el yeso. Al mismo tiempo, de sus talleres egresó Reina María Valdés expresándose en el lenguaje de las formas abstractas, artista de quien se conserva una pieza representativa de dichas excursiones investigativas, hoy en el patio del actual Palacio de los Matrimonios. Él mismo, trabajó esta vertiente. En el Salón 70 una de sus piezas se pudo ver.

José Carlos (Cheche) Regalado le antecedió al anterior en la cátedra de Modelado alrededor de 1963, y aun cuando se conservan escasos ejemplos de su obra escultórica, existen en la ciudad monumentos a mártires pinareños. Pero su interés estético obsesivamente giró en torno a la personalidad y quehacer artístico del escultor rumano Constantin Brancusi, se dice que sus lecciones escolares lo revelaban en su éxtasis adorativo. Bastaba intuir en cualquiera de sus estudiantes cierta inclinación hacia la escultura, para enseguida evocar al célebre autor.

Otro de los alumnos directos de Alcocer fue Juan Suarez Blanco, quien recibió dos períodos de lecciones artísticas en la Escuela de Artes Plásticas de Artemisa, 1965 a 1967, año en que se incorporó al centro pinareño, graduándose en 1971. Dentro de sus discípulos, el profesor atendió al joven estrechando una valiosa amistad. Después de la muerte de aquel, Suarez Blanco y su esposa Delfina Rodríguez, egresada de la misma especialidad, le ofrecieron homenaje a través de una Tesis de Graduación del Instituto Superior Pedagógico de la provincia. Su título: Alguien que trabajó en el silencio: Carlos Hernández Alcocer, minuciosa recopilación de datos de la vida familiar, de estudiante y artístico-pedagógica del maestro, labor a la cual debemos la más completa organización de información sobre tan importante creador.

De la etapa formativa de Juan S.B. se conserva una serie de dibujos a base de medios mixtos realizados en temprana fecha de estudios, 1968: Viento Negro; Preludio Africano; Música Negra; composiciones y demás ejemplos. Son intentos por conjugar la fragmentación de elementos figurativos correspondientes a la naturaleza y la cultura, la figura humana y su entorno, atravesados por formas angulosas y semicirculares, por planos de color y trazos firmes. Se siente la vista descubriendo y adaptándose al juego ilusorio de las formas que parecen reorganizarse y descomponerse una y otra vez. Hay aleatoriedad, inestabilidad, desconsuelo y quebranto al tiempo que algarabía y sensualidad. También hay recato en la paleta de colores utilizados. Los grises ganan la distinción.

La Escuela Taller de Artes Plásticas (ETAP) continuó, como su antecesora de los años cuarenta, organizando exposiciones de profesores y alumnos y de fin de curso. Sobresale aquella abierta al público el 28 de enero de 1967. Juan Ramón González, Joaquín Crespo Manzano, Carlos H. Alcocer, Águedo Alonso, Mario García Portela, Porfirio Laborí y Tiburcio Lorenzo, junto a dieciocho discípulos, por parte de quienes hubo presentación de obras abstractas.

Para la fecha los planes y programas se habían transformado de manera radical: Dibujo, Color, Modelado, Talla, Dibujo Geométrico, Historia del Arte, Instrucción Revolucionaria, Dibujo Decorativo, Estética, Taller de Pintura, Escultura y Cerámica. Optativas fue Dibujo Técnico y de Propaganda. En cada una de las asignaturas, los pedagogos propiciaron la experimentación, la espontaneidad, el azar creativo, el ensayo. Características opuestas al arte normativizado, formalista, narrativo. Parecía la estocada de fondo al escepticismo ideológico, también un asunto de fondo, frente al arte.

Pero veamos un ejemplo más, propio del curso de los acontecimientos; y no precisamente el que amagaba; algo sobrevendría.

A punto de cerrar cronológicamente la década del sesenta, en la página 2, Número 89, Año I, octubre 1969, el periódico provincial Guerrillero publicó un fragmento de la memorable carta escrita por el Che: El Socialismo y el hombre en Cuba, devenida en uno de los documentos rectores de la Política Cultural de la Revolución Cubana. Debo puntualizar que el segmento fue tomado de su homólogo Juventud Rebelde en una edición del 18 de octubre pero de 1967, es decir, dos años antes, con sugerente título de circunstancia: “Realismo Socialista basado en el arte del siglo pasado”: “Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce el problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista.” (…) “…Pero. ¿Por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta valida?” 

 

Citas

(1) El Arte Abstracto, por Orlando Hernández. Periódico El Socialista. Sección ARTE Y CULTURA. Año I, No. 255, domingo 10 febrero 1963, pág. Cuatro.

(2) De la Filosofía del Arte (artículo). Periódico. El Socialista. Sección Arte y Cultura. Jueves 6 de sept. 1962. Año I, No. 127, pág. Cuatro.

(3) Mensaje de Guevara. Tomado de la revista Cine Cubano. En El Socialista. Periódico. Lunes 1 abril de 1965. Año II, No. 907, pág. 4.

(4) Los artistas y escritores juntos y dentro del Pueblo. Discurso. Osvaldo Dorticós Torrado. En Documentos de la Revolución Cubana 1961. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2008. Cap. III “Por una nueva cultura”. Autores: José Bell, Delia Luisa López y Tania Caram. Pág. 199 y 202.

(5) En Polémicas culturales de los 60. Selección y prólogo de Graziella Pogolotti. Ensayo. Editorial Letras Cubanas, 2006. “Para una cultura militante”. Jesús Díaz, pág. 345. 

(6) Entrevista con Reinaldo González, por Aldo Martínez Malo. Periódico. El Socialista. Viernes 26 de marzo de 1965. Año II, No. 902, pág. 4.