Héctor Villaverde, un diseñador que le gustaba dibujar

Por Vilma N. Ponce Suárez

El habanero Héctor Villaverde Afú (1939-2018) decidió desde los 16 años que sería dibujante, y para hacer realidad este anhelo empezó como aprendiz del talentoso diseñador Mario Masvidal. La experiencia práctica en varias agencias publicitarias y el estudio personal lo condujeron al semanario Mella, órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas, donde fue responsable de su diseño entre 1961-1963. Allí tuvo la oportunidad de compartir con un grupo de jóvenes poetas, entre ellos, Guillermo Rodríguez Rivera, Víctor Casaus y Félix Guerra, quienes poco tiempo después, en 1966, integrarían el grupo fundador de El Caimán Barbudo, suplemento cultural del diario Juventud Rebelde.

En 1964, Villaverde asumió la dirección artística de la revista Pueblo y Cultura, órgano divulgativo del Consejo Nacional de Cultura, bajo la conducción del escritor Reynaldo González. Ambos continuaron con estas responsabilidades cuando se transformó en una publicación bilingüe, en inglés y francés, con el nombre de Cuba. Revolution et/and Culture. Muchos años después, Reynaldo González recordaría el gusto muy sofisticado, muy fino del “Villa”, rasgos que contribuyeron a la calidad que tuvo esta última publicación. 

Recién cumplidos los 27 años, en enero de 1966, obtuvo el primer premio de cartel político en el IV Salón Nacional de Carteles del Museo Nacional, con su afiche Saludando el VII aniversario de la Revolución y la Conferencia Tricontinental. Esta fue una de las razones por la que sus amigos de El Caimán Barbudo lo entrevistaron para la sección Imagen de…, del número de septiembre. En esa ocasión, Villaverde señaló que el ejercer como diseñador gráfico había contribuido a su desarrollo como pintor y dibujante, labores que en realidad eran las que más le interesaban. Es por eso que un año antes participó en la 1ra. Bienal de Artistas Noveles, convocada por la sección de Artes Plásticas de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Como era costumbre en El Caimán Barbudo, la ilustración de la contraportada fue responsabilidad del artista entrevistado en esa sección. En esta página, Villaverde recreó cuatro movimientos de los ojos de un individuo, para manifestar con cierto humor sus diversas emociones.

En aquella breve entrevista, el artista opinó que el desarrollo del diseño gráfico en el país no tenía el mismo nivel en todas las publicaciones y organismos dedicados a la propaganda, por lo que coexistían revistas, periódicos y carteles de elevada calidad artística, junto a aquellos carentes de este atributo. También consideró que el diseño del vestuario debía desarrollarse más, atendiendo a las modernas líneas de la moda del mundo contemporáneo.    

La beca de diseño gráfico que obtuvo en 1967 para estudiar en la Academia Superior de Bellas Artes de Varsovia, Polonia, constituyó un momento importante en su formación profesional. Al regresar a la isla se incorporó a la revista Cuba, donde asumió la dirección de Diseño y Fotografía desde el número de noviembre de 1968. A partir de esa edición la publicación se adscribió a la agencia de noticias Prensa Latina. Cuando la revista cambió de nombre por el de Cuba Internacional, en julio de 1969, Villaverde continuó con estas funciones, con el apoyo de un colectivo de diseñadores, entre los que estuvieron Luis García Fresquet (Chamaco), Roberto Guerrero y Eduardo Muñoz Bachs. La utilización novedosa de la tipografía se mantuvo como uno de los atractivos de Cuba durante su dirección, para lo cual contó con la experiencia de Jorge Chinique, quien desempeñaba este oficio en la publicación desde 1964.

En Cuba, Villaverde fue también ilustrador. Sus dibujos aparecieron en varios artículos, como el titulado “Tiempo de Girón”, del número de enero de 1969, los cuales tenían como referentes algunas fotos tomadas durante la invasión de los mercenarios por Playa Girón. En el de febrero, el dosier dedicado a la vigencia del pensamiento de José Martí, con textos de Roberto Fernández Retamar, Fidel Castro, Ángel Augier y Francisco Pardeiro, incluyó sus dibujos, algunos a página completa, como los de la edición anterior. En estos se mostraba la imagen repetida del apóstol en primer plano, acompañada de las figuras emblemáticas de la Revolución: Fidel Castro y Camilo Cienfuegos. 

En el del mes de abril, la ilustración de la portada fue también de su autoría, en la que se exhibía una pila de caña de azúcar de vivos colores bajo el cintillo Jornada de Girón: una carga al machete. Su mensaje era coherente con la tarea principal de esos años, pues manifestaba que la mejor forma de celebrar la victoria en Playa Girón era en los campos, trabajando para lograr los diez millones de toneladas de azúcar al finalizar la zafra de 1970.

En la década del sesenta Villaverde realizó también numerosos carteles y diseños de libros, en particular para las diferentes colecciones de Ediciones Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

Su obra posterior fue muy prolífica, destacándose como formador de las nuevas generaciones de diseñadores cubanos. Sus trabajos se exhibieron en numerosas exposiciones personales y colectivas, en la Isla y el extranjero. Por todo ello fue galardonado con diversos reconocimientos, entre estos, el Premio Nacional de Diseño en el 2011, en la categoría de Diseño Gráfico, otorgado por la Oficina Nacional de Diseño Industrial.

En los últimos años Héctor Villaverde se distinguió además, por su labor a favor del rescate de la memoria del diseño gráfico cubano. Su libro “Testimonios del diseño gráfico cubano: 1959-1974”, donde relata sus recuerdos y los de sus colegas, expuestos en el espacio “Jueves del Diseño”, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, constituye una referencia bibliográfica necesaria para aquellos investigadores, profesores y estudiantes que desean conocer la historia del diseño gráfico en las primeras décadas de la Revolución.