Dos en uno: un álbum singular de amor y vigor

Por María Eugenia Mesa Olazábal

Una producción poética inusual a cargo del sello de la editorial mexicana de Zacatecas, Texere es un álbum contentivo de dos poemarios en uno.

Llama la atención su forma: dos portadas y excelentes diseños exteriores e interiores, una presentación que no por ser común tuvo su singularidad.

Uno y otro poemario recoge el resultado de las creaciones líricas de dos poetas: una mexicana y otra cubana, cantoras por excelencia de las emociones y sensaciones de la vida, mejor aún de la naturaleza que está en todas partes. No hacía mucho ellas se habían conocido, y según propios relatos, entre ambas surgió una empatía rápida que las condujo a crear por separado un álbum de XX cantos; así fue como Rita Vega, desde la ciudad de Zacatecas dio riendas sueltas al compromiso contraído con la habanera Juanita Conejero, también sumergida en el cultivo de versos .

Rita, nos ofrece El vigor de los abismos mientras, Juanita nos brinda, con no menos energía, Todo el amor, los dos volúmenes están prestigiados por un prólogo del escritor mexicano Javier Acosta, quien examina los versos de una y otra “articulados en un libro infrecuente, entrelazados por la diversidad armónica”. Califica los versos de Vega de “terrestres e inflamables”; entre tanto los de Conejero los enjuicia “aéreos y marítimos”. Acosta, finaliza su texto sustancioso con una agradable invitación a la lectura.

En el primer canto recogido en Vigor de los abismos, la poeta presenta credenciales prendiendo la llama de la pasión a partir de la primera estrofa, cuando dice:

                           Te escondí en la hondura de mi cuerpo

                          para darte el vigor de los abismos

                          hasta colmar el extremo de los sueños.

 Sus poemas se suceden entre la cotidianidad y los recuerdos.  Así, llora al compás de la lluvia cuyas gotas le hacen reflexionar sobre la materia viviente para luego caer en crisis azarosa cargada de broma e ironía; no obstante, celebra la pérdida del dolor por la muerte apacible. Más, no puede sustraerse del silencio aterrador que le posibilita ir pariendo melancolías en un otoño transcurrido en el Mediterráneo catalán. Luego se debate entre los minerales, las flores y las plantas medicinales contempladas por la ella, bajo la iluminación de la luz solar o de la luna.

En ese ambiente onírico de repente aparecen ecuaciones matemáticas, estas le proporcionan descubrir el muchacho que a su modo de sentir, es: el tiempo que le corresponde en el paraíso. Tampoco faltan las sensaciones que le provocan los cambios de estación del clima. Con efusión abrasadora evoca a los poetas que surgen en la noche para tomar de ellos la esencia de sus versos, como siguen: del francés Rimbaud sus aciertos entre el decadentismo y el  surrealismo, del chileno Huidobro, su decir creacionista pasando por los de Arenas, hasta embriagarse desenterrando de ellos sus “palabreos”.

De ese modo las composiciones de Rita Vega, nos muestran su idílica catarsis y nos conduce con tal fuerza a esos abismos iniciados con la lluvia y culminan saboreando sus gotas en una tarde cuyo recuerdo tiene algo de amor fugitivo que, en buena medida está por encima de la “verbosidad de un matrimonio duradero”, conclusión determinante para exclamar: “Quienquiera que seas quédate.”

Por su parte Juanita, en con Todo el amor de su cosmovisión poética, abre el poemario con una advertencia que inundará con su presencia los XX cantos del volumen; de ahí  su expresión de que su amor “es un albatros”. Con esa emoción se lanza como ave atrevida a desafiar el dolor, los imposibles y, reitera a viva voz: mi albatros se vuelve// carne y plumas // para devorarte. Pero también, se trasforma en gaviota y sin temor a sobrevolar el mar con sus fuertes oleajes baja a las profundidades de los precipicios ignotos.

Hay en este conjunto de composiciones un decursar, mejor decir, un desfile armonioso de pasajes pictóricos dados por la presencia de la flora y la fauna terrestre y marina. Es el modo en el cual la poeta inmersa en ese ambiente natural, encuentra disfrute espiritual; así lo muestra una y otra vez; por ejemplo, cuando se siente como alga marina y alcanza su presa favorita o, al rastrear las huellas que subyacen dentro de sí, entonces, goza de placer al detectar cómo aflora el “impávido beso”. Pero también, como antes dije, en ese camino lírico fluyen todas las sensaciones y emociones que emanan de su yo íntimo más placentero, incluso aquellas surgidas en circunstancias desfavorables donde se encuentra indefensa, como “un huevo”, dice. Sin embargo, rápidamente reacciona porque está protegida bajo un sueño reparador en el cual se aferra a la mano amorosa que la hace sentir viva.

 En ese debate, se revela como una guardadora de secretos nocturnos y, se interroga en qué sombra se esconde el amor, el cual descubre: en el viento, en el relámpago, en la luz, en cualquier parte. Entre tanto, durante la noche pasional la tierra se estremece hasta en su cimiento.

Las imágenes de amor repartido se suceden casi sin límite; más en ese espectáculo no podía faltar el destaque a las flores que como “la amapola de oro” esparce su risa en la playa, dejan las huellas del amor diseminado por toda la madre naturaleza que vibra y se multiplica en semillas que fructificarán, en el trópico. Más, en el poema (XIII) se extasía  intercambiando emociones con la pequeña ave:

                 Tú pecho colibrí anda

                  jugando con el mío

                  susurro que no deja de volar

                  hasta que extenuada floto en el aire

y espero que vuelvas

a regresar

Aire y mar andan juntos en las costas de los deseos de la poeta, en particular en la primavera; aunque huye de los caprichos lujuriosos al buscar la raíz del verdadero amor. Por eso indetenida se lanza sobre el cervatillo, en ocasiones empequeñece cuando la persigue el pánico, momentos en que se da fuerzas y vuelve como “centella” a defender la vida, a defender el amor que duerme mientras ella reina.

Así culmina Juanita Conejero su álbum, propagando Todo el amor de muchas maneras: recibiéndolo, dándolo, reproduciéndolo, aprisionándolo con toda la intensidad,  con todo y para todos.

Este libro de poemas pudo tener disímiles orígenes en la existencia individual de nuestras poetas, desde un descalabro, éxito personal, impulso amoroso o el mismísimo misterio de la muerte y la propia existencia humana. Eso sí, tiene la magia que trasciende lo inmediato, una revelación inusitada. Esas características podemos encontrarlas en los versos, que en sus respectivos poemarios nos ofrecen Rita Vega y Juanita Conejero.