Severino de Manzaneda: Capitán General gobernador de Cuba a finales del siglo XVII

Por Johanset Orihuela León

INTRODUCCIÓN

Severino de Manzaneda fue uno de los gobernadores más notables de la isla de Cuba, especialmente entre los del siglo XVII. Aunque su gubernatura interina duró menos de una década, fue una de la más prolífera y progresiva de nuestra historia. Lo cual a su vez, ha contribuido a considerársele como uno de los gobernadores más dedicados y perspicaces de la Cuba colonial(1). Sin embargo, a pesar de su significancia en la historia cubana y del caribe colonial hispano, de don Manzaneda se conoce muy poco, careciendo este personaje hasta donde conozco, de una detallada biografía. La obra de Manzaneda en Cuba ha sido escuetamente abordada por nuestros historiadores (e. g., Arrate, Urrutia, o Guerra), y por ende un análisis profundo de los resultados de sus esfuerzos y su efecto en todas las esferas de la vida colonial cubana a final del siglo XVII queda aún pendiente(2). Fueron Jacobo de la Pezuela y Leví Marrero quienes más iluminaron el camino al conocimiento sobre la labor de Manzaneda con sus detalladas investigaciones, tomadas directamente de los documentos primarios, pero aun quedándose una gran parte de los datos personales de este significativo gobernador inéditos entre un mar de cartas, órdenes, memoriales, genealogías y méritos. 

La información extraída de estas investigaciones, más una más actualizada que incluye documentos inéditos que aquí se citan, nos permite realizar un esbozo biográfico – como semblanza –, teniendo en cuenta aspectos relativos a su genealogía, años de formación, logros y avatares significativos de su vida y obra. El análisis de dichos documentos históricos nos permite hoy una mejor comprensión y apreciación de la obra de Manzaneda en Cuba, y especialmente de la ciudad de San Carlos de Matanzas, cuya fundación y fortificación constituye uno de sus más importantes legados.

ORIGEN Y GENEALOGÍA

Severino de Manzaneda nació en octubre de 1644, siendo bautizado el 19 de ese mes y año en la iglesia parroquial de San Severino, en la villa vizcaína de Balmaceda, actual País Vasco, norte de España. Sus padres fueron don Andrés García de Manzaneda(3) y doña María de Zumalabe. Naciendo de este matrimonio, además, al menos otro hijo. Sus padrinos de bautismo fueron don Sacharías de Urraná y Micaela de Urraná, quienes tenían estrechos lazos con la villa e iglesia de Balmaceda. Sus abuelos paternos fueron Antonio García de Manzaneda y Casilda de Meruelo, y los maternos, Lucas de Zumalabe y María Génuba de Trueba. Todos oriundos de Balmaceda, con profundas raíces en la región desde el siglo XVI. Según el comisario Vicente de Romería (¿?), quien testificara en los documentos de prueba genealógica de Severino de Manzaneda en 1671, la familia provenía de una zona rural, en las afueras de la villa de Balmaceda(4). Aparentemente la familia era de descendencia noble, portando su padre un escudo de armas representado por “un lebrel hozado a una encina e una flor de lis…”(5); de esta manera señalándose la posición de la familia entre la nobleza menor de la región.

Su nombre aparece en la literatura histórica con variaciones. Severino, al igual que su padre Andrés, firmaba solamente con “de Manzaneda”, eliminándose el “García”, cuál es su primer apellido, y rompiéndose así el compuesto patronímico (fig. 1). Otras variaciones incluyen los apellidos de Salazar, Rozas, Salinas y Zumalabe o una combinación de ellos. Sin embargo, su combinación correcta era García de Manzaneda Salazar y Zumalabe. Los apellidos de Rozas y Salinas son adicionados a su linaje por favor a algunos de sus ancestros(6), como bien explican sus pruebas de pureza de sangre para vestir el hábito de Caballero de la Orden de Santiago:

“…el nombre de Garçía del patronímico = el de Salazar asimismo de dichas declaraciones tocante al pendiente, por María del Portillo Allende Salazar, mujer que fue de Francisco Garçía de Manzaneda, su bisabuelo del dicho… e título que llaman e afirman por una obra pía que es so fundada por su apellido de Salazar…” [sic](7).

Mientras que el de “Salinas” venia de “Salinas Allende de Salazar, padre de María del Portillo Allende Salazar”, quien fue su bisabuela, también de linaje noble y cuyo blasón se adornaba con “unas rosas e un estrella”(8).

FORMACIÓN

Desafortunadamente de su niñez y juventud temprana se conoce muy poco, apenas existen noticias muy elusivamente mencionadas por vecinos durante las encuestas de las pruebas de sangre, aquí mencionadas. El registro de sus empeños y logros comienza justo al enlistar al servicio de Carlos II, forjando bajo desempeño militar, su personalidad y futuro.

Quizás impulsado por su padre y abuelo paterno, quienes sirvieron cargos de Alcalde Ordinario, Síndico Procurador y Regidor de Balmaceda entre 1598 y 1672, Severino enlistó en el servicio real en 1666, a la edad de 22 años. En solo seis años, para 1672, con el favor real había alcanzado el cargo de capitán y caballero de la prestigiosa Orden de Santiago(9), lo cual resulta inusual y sorprendente.

Según sus documentos de méritos, entre 1669 y 1670 sirvió con el favor del Conde de Ayala en el Tercio de Sicilia durante la guerra Franco-Neerlandesa. En 1670 ya había ingresado en el ejército de Cataluña, sirviendo en el Tercio Viejo de Lisboa y residiendo en Barcelona. Allí comenzó con la plaza de soldado ordinario, luego alférez Vivo y Reformado, alcanzando el puesto de capitán de Infantería Española el 24 de julio de 1670, con el favor del Duque de Sefa. Con el apoyo real, se confirmó caballero de la Orden de Santiago el 14 de julio de 1672, convirtiéndose además en el patrón de la iglesia de Santa María Madre de Dios, en Galdácano (Galdakao), Bilbao – también en el país Vasco(10).

Como capitán de infantería pasó a servir tres años, 8 meses y 6 días en el ejército de Sicilia, donde alcanzó el grado de capitán de infantería y de Caballería Corazas el 21 de agosto de 1675. Entre 1679 y 1680 embarcó con su compañía, acompañado por la del Trozo de Cataluña en la Armada sirviendo en los cuarteles de Andalucía, desde donde fue transferido en 1684 al ejército de Flandes como capitán de Caballos Coraza. Allí sirvió hasta el 28 de septiembre de 1686, cuando sale con licencia del Marqués de Gastañaga. Para 1687, Severino de Manzaneda había servido al gobierno del rey Carlos II 20 años, un mes y 8 días(11).

Manzaneda se distinguió ejecutando servicios de gran valor en múltiples ocasiones,  una de las cuales fue en la redada del condado de Rosellón en 1675, cuando tuvo un reencuentro con el enemigo a la falda de los Pirineos el 27 de junio en el río Tec, y la toma de Seret en Andalucía. Luego en Sicilia, donde impide el paso enemigo exitosamente y con distinguida valentía. Su maestre de campo le había ordenado fortificarse, lo cual Manzaneda ejecutó haciendo un bloqueo en la avenida de Mesina. Allí repelió a las fuerzas opositoras desde la trinchera y luego desde la fortaleza, la cual pudo ocupar y defender a pesar de los muchos desertores de sus columnas. Fue esta prueba de valor la que le ganó el título de Capitán de Campo de Caballos Coraza que le otorgó el Marques de Villafranca. El 16 de abril de 1676 pasó con su ejército al poblado de Dromo, en la costa norte del territorio de Mesina, donde combatió a las fuerzas francesas a satisfacción de su general, quien lo confirma en sus hojas de méritos. Luego, el 19 de diciembre de 1677 sorprendió La Mola, avanzando sus fuerzas hasta el fuerte y la puerta de Taormina, en las cercanías del volcán Etna(12). Por sus consistentes demostraciones de bravura y liderazgo, adquirió el respeto de cabos y oficiales, quienes confirmaron verlo servir con esmero y satisfacción. El Barón de Courreres, gobernador de la Plaza de Audenarda (Flandes)(13) y Conde de Salazar, lo describe como un “valeroso y bizarro soldado de distinción, inteligencia, confianza y disposición”(14).

Con su dedicación y esfuerzo Manzaneda alcanzó una amplia experiencia militar, posiciones y distinciones valiosas dentro del gobierno de Carlos II. Para 1687, con el apoyo de sus superiores, el rey le hace merced del título de Maestro de Campo de la Infantería Española a sueldo vivo(15). Cumplió de subalterno en las plazas de Orán entre el 29 de mayo y el 7 de agosto de 1688, cuando tuvo que regresar a España por orden real para socorrer la guarnición del Castillo de Rozas en Alcázar(16).

SU OBRA EN CUBA

Por su rectitud y amplio servicio a la Corona, le fue otorgado el cargo interino de gubernatura y capitanía general de la Isla de Cuba, juramento que confirmó en Madrid el 7 de mayo de 1689(17). Manzaneda fue, en este sentido, uno de los militares de elite que fueron recompensados con puestos gubernamentales en el Nuevo Mundo hispano. En julio 11 de ese año se le concede pasaporte a Cuba. Dicho documento revela que viajó acompañado únicamente de dos criados solteros, Manuel García Palacios natural de Ávila y Juan Bustamante, natural de Montíja. El viaje salió de Cádiz a La Habana en un  patache de la Flota de Nueva España, capitaneada por el General Conde de Villanueva. El patache que le transportaría fue tripulado por el Conde de la Calzada. Según las instrucciones del rey, en el viaje su embarcación debía desviarse de la Flota y tomar rumbo a Santo Domingo, donde debían recoger al ministro oidor de la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo de Córdoba, para que ambos pasaran a La Habana(18).

Manzaneda llegó a La Habana en horas de la mañana del 30 de octubre de 1689 en compañía del ministro de audiencia y oidor Córdoba, e inmediatamente tomó posesión del gobierno de la ciudad y la Isla(19). Su posición interina de la capitanía fueron inicialmente militar, ya que Manzaneda venía con precisas órdenes reales(20) de reemplazar al gobernador regente Diego Antonio de Viana Hinojosa, el cual era investigado por la Corona(21). De esta manera, cumplía Manzaneda una orden directa de reestructurar la Capitanía cubana hasta que llegase su relevo, lo cual se estimaba pronto.

El recibimiento fue impávido, estando la ciudad dividida en los bandos que apoyaban a Viana y sus opositores. No obstante a ello, el gobierno habanero le puso el mayor cuidado a Manzaneda. Con gran tolerancia y prudencia, aunque sin honores, Viana fue primero apresado en el castillo del Morro – trato que según Manzaneda, Viana nunca le perdonó(22). Luego, a causa de enfermedad, Viana fue trasladado a su casa(23). El juicio del exgobernador duro más de una década, demandando constante atención y tiempo a Manzaneda; el cual además se sumaba a todas sus otras responsabilidades con vigor: “…me hallo empeñado con distintas ordenes reales dadas en esta razón que todas deseo ejecutar con la resignación de mi obediencia en servicio a S. M…”(24).

Según Manzaneda, su día comenzaba en el despacho a las 7 de la mañana y no terminaba hasta después de las tres de la tarde(25). En muchos casos, continuando el trabajo en su hogar, hasta tardes horas de la noche o de corrido hasta el próximo día, como fue en el caso de usurpación del juez auditor Roa contra el sargento mayor Juan de Villalobos, gobernador de Santiago de Cuba(26). El proceso contra Viana, Roa y Villalobos, más su disposición o empeño en llevar a cabo sus órdenes y proyectos, le ganaría una serie de enemigos que le perdurarían hasta la llegada de su muerte.

A pesar de todos los pesares, en los cortos seis años que ocupó su posición, Manzaneda impulsó la vida social, intelectual y militar de la isla. Uno de sus primeras acciones como gobernador fue establecer el cabildo de la recién instaurada villa de Santa Clara (Villa Clara), la cual fue la primera villa formalmente fundada de Cuba siguiendo medidas de regulación implementada por las Ordenanzas de Felipe II (1573) y reiteradas en la Recopilaciones de 1681(27). Manzaneda no participó en la fundación de la villa celebrada el 15 de julio de 1689, pero tomaría crédito por continuar el proceso fundacional, involucrándose luego en apaciguar los consiguientes pleitos entre la población de Santa Clara y Remedios(28).

Como gobernador militar, promovió arreglos en las fortificaciones habaneras como la muralla, el Morro, castillo de la Real Fuerza, más otras de la Isla, como la de Santiago de Cuba, Bacuranao y Matanzas(29). Impulsó, desafortunadamente sin resolución entonces, la fortificación de la bahía de Jagua(30) y el fomentó la población de la Isla de Pinos(31). Respaldó la protección de las costas y caletas, apoyó la construcción del torreón de Bacuranao (1696), la fábrica de barcos guardacostas y combatió fuertemente la piratería(32) y el filibusterismo, tanto cívicamente como militarmente. Reguló también los cortes de madera ilegales y el cimarronaje, aunque sustentando el cuidado y bienestar de los esclavos(33).

Su relación con el obispo Diego Evelino Hurtado de Compostela fue amigable y productiva en los ámbitos religiosos y sociales. Juntos fundaron más de 20 curatos, iglesias, ermitas, conventos de monjas, misiones, entre varios pueblos(34). Además, impulsaron la creación de los colegios de San Ambrosio, San Francisco de Sales y del Seminario de San Andrés, predecesor de las universidades habaneras(35). En 1693 fundaron el oratorio o iglesia de San Felipe de Neri de La Habana, y casas de niños(36).

El pluridisciplinario Manzaneda estuvo encargado de la emigración canaria, la emigración clandestina y nacionalización de extranjeros en la isla(37). Además de lidiar con la hambruna, faltas de harinas y otros bienes, en adición a las mortíferas epidemias de viruela y sarampión que azotaron a la población en aquellos años(38). Se ocupó celosamente y con desvelo, de la paga de sueldos y los situados que debían venir de Nueva España, más el pago de indultos, multas y la importación de bienes necesarios a la isla(39). En este sentido, su gubernatura resultó en una de las más dinámicas y complejas, social y económicamente, de nuestra historia.

SU OBRA EN MATANZAS

Si bien la apreciación de las labores de Manzaneda abre una ventana a la historia de Cuba a finales del siglo XVII, su aporte a la historia de Matanzas compone la fundación de la identidad y evolución de su población criolla en el XVIII. La ciudad de San Carlos de Matanzas debe una gran parte de su historia al gobernador Manzaneda, quien al fundarla tenía 49 años.

El proyecto de fortificación y población de Matanzas fue un asunto que ocupó a Manzaneda desde finales 1689, y aun hasta después del final de su término. Habiendo recibido instrucciones reales de impulsar el proyecto de Matanzas desde su llegada a la capitanía, en enero de 1690 supervisó sondeos e inspecciones de la bahía y sus alrededores, los que repitió en enero de 1693, en vísperas de la fundación de la ciudad(40). Manzaneda gobernaba directamente y en presencia, prefiriendo supervisar y dirigir en persona sus empresas. Con ese sentido Manzaneda viajaría otras tres veces más a Matanzas(41).  

Pero el cumplimiento de este proyecto no vino sin contratiempos y atrasos; casi todos por causa de una ineficiente burocracia dominante y compleja de la cual padecía el sistema insular en la periferia del imperio metropolitano. Manzaneda, para cumplir las órdenes reales, debió luchar contra un mar de resistencia y limitantes. Primero intentó despejar el gran obstáculo que presentaban los situados reestableciendo lazos de cooperación con el virreinato novohispano, que se justificaba en no poder remesar las múltiples plazas cubanas, las cuales estos consideraban de excesivas(42). En múltiples ocasiones y con impertinente perseverancia, inclusive con todo el apoyo real, Manzaneda pidió frecuentes situados o remesas al virrey regente, el Conde de Galve(43), para poder echar a andar y mantener el proyecto de fortificación y población de la bahía de Matanzas y mantener las otras plazas de la isla. Al final no recibiendo el situado virreinal u otro apoyo real, viéndose obligado a extraer de las cajas de la Real Hacienda, e inclusive de su propio bolsillo(44). Esto, entre otras prácticas en contra de los deseos de la Corona, les sirvió de alimento a las críticas de sus recién-ganados enemigos en la élite local(45).

Después de encontrar un asentista para comenzar la construcción de la fortaleza principal, negociar la compra de las tierras al Convento de Santa Clara, agrupar y escoger las familias que debían poblar la naciente ciudadela en Matanzas, se dio la orden de movilización al paraje a principios de mayo de 1693(46). Antes de ello, se había ordenado al ingeniero militar Juan de Herrera y Sotomayor, el escribano-agrimensor Juan de Uribe y Ozeta, más otros oficiales de La Habana, comenzar las labores de preparación y condicionamiento del terreno(47). La construcción de la fortaleza comenzó para finales de ese mismo mes(48).

Para el mes de agosto y septiembre todo estaba casi listo. Pero para oficialmente comenzar se debió esperar por el obispo Diego Evelino Hurtado de Compostela, quien se encontraba abatido por sus “habituales achaques”(49) y restringido por las ensortijadas condiciones de los caminos. Manzaneda, arribó a Matanzas por mar en la tarde del jueves 8 de octubre. El obispo, acompañado de su familia, y aun enfermo, arribó en la mañana del 11 de octubre para finalmente dar comienzo a las labores fundacionales(50). Al día siguiente se colocó y bendijo la primera piedra de la primera iglesia de Matanzas, acto seguido fue celebrada la primera misa en nombre de San Carlos, San Severino y San Diego(51). Al día siguiente se colocó y bendijo la primera piedra de la fortaleza, quedando nombrada esta como Castillo de San Carlos de Manzaneda(52).

La organización de la nueva ciudad gozó de un plano confeccionado antes de su fundación, que rigió la disposición estructural de la ciudad – que aún se preserva –, más la rifa a suerte de sus solares y tierras a los nuevos vecinos. Esta sería la primera vez que se sortearían solares en la isla(53). Estas primicias, en conjunto a la peculiar disposición de la primitiva iglesia y otras, harían de considerarse a Matanzas como la primera ciudad moderna de Cuba(54).

En noviembre de 1694 retornó a Matanzas para fundar el primer cabildo, celebrado el 8 de diciembre de ese año. Desde agosto del mismo, había fomentado la ciudad con 11 familias adicionales a las originales, más otras 13 que le seguirían después; igualmente todas de Canarias. Esto fue previsto quizás en anticipación a la despoblación y epidemias que azotaban la region entonces, y que luego impactaron a la nueva ciudad al comienzo del siglo XVIII(55). Entre finales de 1694 le diseñó y asignó un escudo de armas “de dos puertas y castillo” a la nueva ciudad de Matanzas, que por su posición, complementaria al de La Habana(56).  Durante casi todo el año de 1695 se encargó de los atrasos que sufría la construcción de su castillo, enviándole mano de obra y dinero para continuar su edificación después de anular el contrato con el asentista Beltrán de Santa Cruz(57). En 1694, exhausto, le comentó al rey que “…habiendo puesto en paz y tranquilidad esta llave y muro de ambos mundos…” quedaba“…mirándome rendido…”(58).

Aun después de terminar su cargo interino el 2 de octubre de 1695, cuando le reemplazó en la gubernatura Diego Córdoba Lasso de la Vega, Severino de Manzaneda continuó vinculado con las obras que comenzó. Entre finales de 1695 y aún en 1698, Manzaneda remitía informes reales y se encontraba involucrado en las obras que había echado andar, quizás impulsado a ello por el desdén y

 “…el desamor y poco cariño con que la atienden los que las bienen a proseguir, aunque importen mucho sus defensas, por no haberse comenzado en su tiempo…” adicionando que “mi sucesor vino a vendimiar la viña que yo podé y cervé…” [sic](59).

Manzaneda dedicó su vida al servicio real, cumpliendo con celo y devoción sus labores en el Nuevo Mundo. Hasta ahora la documentación no apoya que Manzaneda haya estado casado o dejado descendientes. El constante impulso de sus deberes en Cuba y luego Santo Domingo, a las que llegó a muy madura edad, aparentemente no le permitió tiempo para más. La Corona le recompensó con la capitanía general, gubernatura de Santo Domingo y la presidencia de la Real Audiencia de Santo Domingo en septiembre de 1696(60).

TRASLADO A SANTO DOMINGO Y MUERTE

No obstante, Manzaneda había encontrado un gran enemigo en su sucesor don Diego Córdoba Lasso de la Vega, quien no le permitió, entre una cosa y otra, salir de la Isla a tomar posesión de su nuevo cargo hasta mayo de 1698. Con múltiples percances, el 13 de junio de 1698 – día de San Antonio – arribó a la ciudad de Santo Domingo, donde substituyó la gubernatura interina de Gil Correoso Catalán(61).

En Santo Domingo impulsó una agenda similar a la realizada en Cuba(62), pero con la mayor responsabilidad que traía la presidencia de la Audiencia y su vínculo directo con el virreinato mexicano. Su dedicación una vez más le había ganado el nombramiento de un puesto más elevado, en este caso el de la gubernatura de Cartagena de Indias, pero la muerte le alcanzó. Manzaneda falleció repentinamente el 5 de agosto de 1702, a los 58 años de edad y profundamente involucrado en las importantes labores de su cargo. Su cuerpo fue enterrado el día 7, con todos los honores de su ordenanza en el Convento de San Francisco de la ciudad de Santo Domingo(63).

Su trabajo de 13 años en el Caribe y sus logros personales en servicio de la Corona en Cuba fueron diversos, tocantes en todos los aspectos de la vida social, económica, religiosa y política del Caribe hispano a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Su obra resalta en la historia de Cuba, preservándose como patrimonio vigente en las ciudades de La Habana, Santiago de Cuba y Villa Clara, pero especialmente en la de San Carlos de Matanzas y en la fortaleza que allí porta su nombre.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

La información que aquí se releva proviene de fuentes diversas, algunas inéditas y otras obras que se citan a través del texto. Entre las primeras se destacan los documentos de méritos(64), cartas de referencia, pruebas de sangre para la Orden de Caballeros de Santiago(65), los documentos relativos a la fortificación y población de Matanzas(66), Cartas de Gobernadores y de la Audiencia de Santo Domingo, los cuales se encuentran en el Archivo General de Indias (AGI) y el Archivo Histórico Nacional de España (AHN). Documentos del Archivo Nacional de Cuba (ANC), el Archivo Histórico Provincial de Matanzas (AHPM) y del Archivo General de la Nación de Republica Dominicana (AGN), fueron igualmente consultados e incluidos en esta breve reseña biográfica.

Agradecimientos

Les extiendo mis agradecimientos a los investigadores Ricardo A. Viera Muñoz y Carlos A. Hernández, quienes revisaron varias versiones de este manuscrito y cuyos aportes o sugerencias sin duda mejoraron este trabajo. Igualmente agradezco toda la colaboración de los especialistas del Archivo Nacional de España, Archivo General de Indias, Biblioteca Nacional de España, Archivo Histórico Provincial de Matanzas y Archivo Nacional de Cuba. Y muy especialmente a Annia González, de la Colección Especial de la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

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(1) Marrero (1975: 74), quien lo calificara además de gobernador “elocuente, hábil y sagaz” (1976: 12).

(2) Orihuela en preparación.

(3) Aparecen con cedilla (Garçía de Mançaneda) en los documentos originales. Lo mismo sucede con Sumalabe, apareciendo en ocasiones como Sumalave, Zumalave, Zumalabe, Zumalaver o Zumalaba, inclusive en el mismo documento (véase Archivo Histórico Nacional de España/OM-Caballeros de Santiago, Exp. 3298 y OM-Expedientillos, 4466).

(4) AHN/OM-Caballeros de Santiago, Exp. 3298, fol. 17, primer testigo de 36 interrogados.

(5) AHN/OM-Caballeros de Santiago, Exp. 3298, fol. 9-17

(6) Esto se explica a fondo en la monografía biográfica de Severino de Manzaneda que preparo (Orihuela en prepa).

(7) AHN/OM-Caballeros de Santiago, Exp. 3298, fol. 9.

(8) Ídem.

(9) AGI/SD 375 “Relación de Servicios del maestro de Campo de infantería Española don Severino de Mançaneda Salinas de Zumalabe, Caballero del abito de Santiago…” [sic]. Copia en AGI/Indiferente General 132, N. 13 “Méritos: Severino Manzaneda Salinas de Sumalabe” (enero 1, 1689).

(10) Idem.

(11) Ídem. AGI/SD 375 “Relación de Servicios del maestro de Campo de infantería Española don Severino de Mançaneda Salinas de Zumalabe, Caballero del abito de Santiago…” [sic].

(12) Carta de afirmación de méritos del Duque de Bournonville al rey, el 1 de julio de 1679.

(13) Actual Oudenaarde, en Bélgica.

(15) AGI/SD 375 “Relación de Servicios del maestro de Campo de infantería Española don Severino de Mançaneda Salinas de Zumalabe, Caballero del abito de Santiago…” [sic].

(16) Por despacho de Secretario de Estado Norte. Véase sus hojas de Méritos (AGI/Indiferente General, 132, N. 13 y 131, N. 91).

(17) Ídem.

(18) AGI/Casa de Contratación, 5451, N. 13 “Licencia de pasajero a Indias a Severino de Manzaneda Salinas y Rozas…”.

(19) Manzaneda al rey, La Habana 11 de marzo de 1694 (AGI/SD 112, R.1, N. 23).

(20) Manzaneda al rey, La Habana 26 de diciembre de 1689 (AGI/SD 110, R. 3, N. 29).

(21) Cédula Real del 28 de junio 1689. Copias en AGI/Contratación 5451, N. 131.

(22) Pezuela, 1871; Marrero, 1975, 1976.

(23 Manzaneda al rey, La Habana, 29 de agosto de 1693 (AGI/SD 112, R. 1. N. 3).

(24) Ítem. A suplicarías de su esposa. Véase también Manzaneda al rey, La Habana 21 de septiembre de 1693 (AGI/SD 112 R.1, N.16).

(25) Manzaneda al rey, La Habana 3 de noviembre de 1694 (AGI/SD 457).

(26) Manzaneda al rey, La Habana 11 de marzo de 1694 (AGI/SD 112, R.1, N. 23).

(27) Pezuela, 1871.

(28) Marrero, 1975: 70 y plano AGI/SD, 462 (11 de agosto 1691). No obstante a ello, el pueblo no retuvo su disposición original. Tampoco se construyó basado en un cartograma previo, núcleo escogido, o siguiéndose la reiteración de las Leyes de Indias establecida en 1681; primicia que reclama la ciudad de San Carlos de Matanzas (Marrero, 1975; Cótarelo, 1993; Escalona y Hernández, 2008; García, 2009, 2017; López, 2018).

(29) Manzaneda al rey, La Habana 3 de noviembre de 1694 (AGI/SD 112). Véase también a Marrero (1975: 71).

(30) Pezuela, 1871; Marrero, 1975, 1976; Pichardo, 1971; AGI/SD 457; AGI/SD 111, 112, 113 “Cartas de Gobernadores” (1689-1693).

(31) Ídem.

(32) Ídem.

(33) Pichardo, 1971.

(34) Ídem.

(35) Pezuela, 1871. Entre los pueblos se encuentra San Carlos de Matanzas y Santiago de las Vegas.

(36) Con el apoyo de la Real Cédula de Carlos II dada en 8 de junio de 1692. Véase también a Pezuela (1871: 88).

(37) Arrate, 1876.

(38) AGI/SD 457 Población y fortificación de Matanzas: autos sobre inmigrantes para pasar a Matanzas. Véase también a Marrero (1975).

(39) Ídem., Pezuela, 1871, 1876; Arrate, 1876.

(40) AGI/Escribanía, 88A “Residencias del Gobernador de La Habana” (1690-1695); AGI/Escribanía de Cámara de Justicia, 1192 “Sentencias del Consejo” (1698); AGI/Escribanía, 8C “Pleitos de la Audiencia de Santo Domingo (1699-1705).

(41) Orihuela et al (en publicación a).

(42) Orihuela et al. (en publicación b). El rey a Manzaneda, cédula real del 25 de junio de 1690, reiterada el 25 de septiembre de ese mismo año.

(43) Castillo, 1986; Orihuela et al., 2018a.

(44) Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza (reg. nov. 1688 a feb. 1696).

(45) Orihuela et al., 2018.

(46) Estos incluían al exgobernador Viana Hinojosa, su esposa Sebastiana de Melo, y todos quienes le apoyaban. Luego con el rompimiento del asiento con Bernal de Santa Cruz se sumarian Antonio Bayona de Córdoba, el Gobernador de Santiago Juan de Villalobos, el ingeniero militar Juan de Herrera y Sotomayor y el nuevo gobernador de la isla Córdoba Lasso de la Vega, entre otros. Este será un tema discutido con mayor profundidad en la biografía.

(47) Castillo, 1984; López, 2018; Orihuela et al. (2019 en pub. a/b).

(48) Orihuela et al., 2018a, 2019 en pub. a/b.

(49) Martínez; 1999; Castillo, 1984, 1986; Hernández, 2006; Orihuela et al., 2018, en pub. B.

(50) Manzaneda al rey, La Habana 1 de septiembre de 1693 (AGI/SD 112, R. 1. N. 5.) y Manzaneda al rey, La Habana 15 de enero de 1694 (AGI/SD 457, fol. 278-280).

(51) El obispo, por su condición, partió el 14 de octubre, después de cumplir con las bendiciones.

(52) Manzaneda al rey, La Habana 15 de enero de 1694 (AGI/SD 457, autos y diligencias de la fundación de la ciudad de Matanzas).

(53) En honor del rey Carlos II, y el suyo. Manzaneda al rey, La Habana 15 de enero de 1694 (AGI/SD 457, fol. 280-290). Véase también a Alfonso (1854:189).

(54) Marrero, 1975: 74.

(55) Cótarelo, 1993; Escalona y Hernández, 2008; García, 2009, 2017; López, 2018.

(56) Alfonso, 1854; Castillo, 1984; Orihuela et al. (en publicación a).

(57) Orihuela et al., 2018b.

(58) Hernández (2008); Orihuela et al. (2018a, en publicación a).

(59) Ítem (fol. 9-10).

(60) Manzaneda al rey, La Habana 26 de octubre de 1696 (AGI/SD 457). Refiriéndose a la actitud de su sucesor Lasso de la Vega, ante la construcción de la fortaleza de Matanzas y otras de sus labores. Ante las cuales, según Manzaneda, Lasso se mostraba poco interesado en seguirlas impulsando. 

(61) Manzaneda al rey, Santo Domingo 26 de septiembre de 1698 (AGI/SD 66, R. 5, N. 107).

(62) Tejera (1941: 375).

(63) AGI/SD 250, N1: Manzaneda al rey, Santo Domingo 2 de noviembre de 1701 (copia en el Archivo General de la Nación, Santo Domingo, República Dominicana - AGN). AGI/SD 66, R.5, N.97 “Cartas de Audiencia” Santo Domingo, 2 de febrero de 1696. AGN Exp. 6, N1 “Real cedula y expediente sobre la restitución de negros que apreso Antonio Corso. Manzaneda al rey, Santo Domingo 20 de junio de 1702. AGN “Bando de buen gobierno” Manzaneda al alcalde de la villa de Higüey, 2 de septiembre de 1699.

(64) Tejera (1941:375).  

(65) AGI/Indiferente General 131, N. 91 “Relación de méritos y servicios de Severino de Manzaneda Salinas y Rozas…” (septiembre 23, 1687). También AGI/Indiferente General 132, N. 13 “Méritos: Severino Manzaneda Salinas de Sumalabe” (enero 1, 1689).

(66 AHN/OM-Expedientillos, no. 4466 “Manzaneda, Severino de” (1671) y AHN/OM-Caballeros de Santiago, Exp. 3298 (Consejo de Ordenes, año 1672) “Severino García de Manzaneda Salazar y Sumalabe”.  Ambos contienes expedientes de concesión de título y pruebas de sangre para la Orden de Santiago.

(67) AGI/Santo Domingo 457 (cartas y órdenes). Copias en AGI/Escribanía de Cámara 88B (López, 2018).