Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967La magia de las editoriales cartoneras

Por Yailé Balloqui Bonzón

El mundo de la literatura es tan antiguo como creativo. Con los años, tanto escritores como público lector han sido testigos de lo que algunos han denominado el “decaimiento físico editorial” en diversos lugares del planeta. Y no es más que la disolución de la magia de los libros provocada por la digitalización de los contenidos que históricamente han deleitado a los ávidos de la literatura en cualquiera de sus géneros.

La modernidad digital y las posibilidades de compartir que genera la red de redes, sumadas a las políticas neoliberales y la crisis económica mundial, son elementos fundamentales en la disminución de la producción editorial impresa.

Las naves insignias del libro digital, las plataformas Amazon, Barnes & Noble, Kobo, Apple y Google Books ejercen un monopolio marcado en la articulación del mercado y en la organización de la oferta editorial.

Ante tal realidad, la creatividad en el arte literario, el espíritu de mantenerlo vivo y palpable para el deleite y la salud espiritual de los amantes de las letras, además de la necesidad imperante de la subsistencia económica, se han impuesto y han surgido interesantes maneras de editar a partir del reciclaje con la creación de las editoriales cartoneras.

La edición reciclada

Las denominadas editoriales cartoneras son emprendimientos que proponen un modelo editorial alternativo, a partir de un proceso de producción basado en el reciclaje de cartón.

El fenómeno de las editoriales cartoneras en América Latina fue iniciado por la editorial  Eloísa Cartonera en Argentina en 2001 con la idea de ofrecer respuesta a la crisis política argentina y al colapso económico.

En aquella situación de crisis social y económica, el sector cultural quedó muy afectado, los libros no se vendían, cerraban librerías y editoriales, los autores no podían publicar.

Las calles de la ciudad de Buenos Aires ofrecían una considerable cantidad de materia prima para elaborar libros: el cartón.

Entonces, el escritor Washington Cucurto y los artistas visuales Javier Barilaro y Fernanda Laguna empezaron a confeccionar libros artísticos empleando ese cartón desechado.

Solidarizándose con los desocupados, cambiaron el objetivo que tenían de crear libros artísticos por el de poner la literatura al alcance de todos, vendiendo sus libros a precios asequibles y pagando a los cartoneros mejor que en los centros de reciclaje.

Con la posterior incorporación de algunos cartoneros al equipo de producción se creó la cooperativa Eloísa Cartonera que poco a poco, se fue convirtiendo en un faro de atracción para escritores latinoamericanos que donaron sus obras para la construcción de un incipiente catálogo que se componía de relatos breves, cuentos sueltos, poemarios, novelas, obras de teatro, textos de vanguardia, literatura infantil y juvenil.

En los talleres los cartones son limpiados, cortados y trabajados para convertirse en tapas de libros.

Así, las editoriales cartoneras se constituyen en plataformas de distribución cultural que contrastan con las formas tradicionales de edición en soporte impreso.

Actualmente sus proveedores son los miles de trabajadores anónimos que colectan papeles y cartones en las ciudades latinoamericanas.

Los títulos editados son donados por los autores que casi nunca reciben prestación alguna por sus derechos.

Sin impresión profesional las ediciones presentan un trabajo de arte y diseños totalmente artesanales. Las cubiertas son coloreadas a mano con acuarela y tempera, el pegado se realiza también a mano y son encuadernaciones en cartón.

Su distribución no se realiza a través de una cadena propia tradicional. La mayoría de los títulos son repartidos por los autores, vendidos en sus locales, en ferias y algunos son distribuidos del modo tradicional por empresas que se dedican a esta actividad.

Reciclaje sin fronteras

En el mundo existen más de 50 editoriales cartoneras, la  mayoría en Latinoamérica que no solo han quedado en la publicación con reciclaje como salvación social a las clases económicamente más vulnerables.

Después de más de 15 años de desarrollo ya ocupan espacios abiertos, por ejemplo, en Santiago de Chile estas editoriales organizan ferias, talleres de encuadernación y convocatorias a participar en proyectos literarios para todo público.

Además, hoy día se mueven a nivel semiprofesional con obras que circulan tanto en circuitos “oficiales” como ferias literarias o en la informalidad de ferias libres y mercados de trueque. La producción a pequeña escala conjuntamente con el trabajo artesanal son su sello característico y su principal dificultad para masificarse. Pero fuera de lamentarse, quienes publican en este circuito, lo valoran como un aspecto positivo.

Las editoriales cartoneras, en 2012 fueron galardonados en el Palacio Real de Ámsterdam con el Premio Principal Príncipe Claus, por su aporte a la cultura y a la cooperación social.