Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967Un libro vergonzoso

Por Argelio Santiesteban

Imagine que usted, lector empedernido, decide aprovechar gratamente una apacible tarde de domingo y abre cierto libro: el tomo XX del Diccionario Biográfico Español, editado por la Real Academia de la Historia, obra que declara reflejar las vidas de 40 mil figuras prominentes de ese país ibérico.

Ah, pero sus propósitos de pasar un buen rato dominical no se verán coronados por el éxito. Porque en el rollizo volumen ―créalo o no lo crea―, le van a poner al tanto de que Francisco Franco Bahamonde fue un católico general, valeroso, moderado y rebosante de pundonor, que se alzó para instaurar la democracia, contra un gobierno que había hecho despeñarse a España en el caos.

La biografía de El Caudillo ocupa cinco páginas, a lo largo de las cuales sólo un párrafo se dedica a la Guerra Civil. Además, nos informan que el tirano “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”.

Probablemente, al final de tan vejatoria tarde, usted haga suya la declaración de un periodista español: “La sorpresa es mayúscula cuando uno se percata de que no se trata de ningún panfleto franquista, sino del Diccionario Biográfico Español”.

Una institución discutible

La Real Academia de la Historia ha estado, desde hace mucho, bajo los fuegos de la crítica. “Funciona como un club sumamente restringido”, dijo el historiador Ángel Viñas. Hasta se habla de la existencia de un lobby, o grupo de presión en torno a los nuevos ingresos.

Supercentralista, para adherirse a sus filas parecería imprescindible ser vecino del mismísimo corazón de Madrid. De las féminas, ni hablar. Fundada en 1738, hasta 1935 en la Academia no se produjo el ingreso de una mujer. En sus casi tres siglos de existencia sólo cuatro mujeres han ocupado una curul en la institución.

Acusada de ser una gerontocracia, cierto es que –según los datos que tengo a mano­, de sus 36 miembros, 15 sobrepasan los 80 años. La institución cuenta con cargos vitalicios y, además, con el de censor, quien ejerce el desempeño que su nombre indica: supervisar los discursos que habrán de ser pronunciados en tal ámbito.

Comienzan y finalizan sus sesiones con una invocación religiosa, en latín: “Que el Espíritu Santo ilumine con su gracia nuestra inteligencia y nuestro corazón”. Lo cual desató en algún bromista la pregunta de si aquello era una misa o una junta científica.

Para colmo, entregaron una obra que, más que diccionario, es una ofensa a la verdad histórica.

El padre de la criatura

El diccionario costó al pueblo español alrededor de seis millones de euros, y la biografía donde se trata al Caudillo con guantes de seda se debe al académico Luis Suárez, quien ―mire usted qué casualidad― es un hombre vinculado a la Fundación Francisco Franco.

El escritor Víctor Moreno comentó malhumorado: “Estos mutantes del franquismo llevan clavado en los esfínteres un escapulario del dictador”.

Diversas entidades, como la Asociación de Descendientes del Exilio Español, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Iniciativa per Catalunya Verds han dejado escuchar su voz indignada, en declaraciones donde expresan que el Diccionario humilla a las víctimas del franquismo. Se recordó que historiadores tan acreditados como Julián Casanova o Paul Preston han calculado en unos 150 mil los asesinatos en las zonas controladas por los sublevados. No se trata de una cifra dictada por el capricho o la tendenciosidad: el juez Baltasar Garzón contabilizó 143 mil 353 nombres de víctimas de esa represión.

No obstante, ha de decirse que no hay misterios en el penoso asunto del diccionario. Basta con saber quién fue el progenitor. Sí, porque Gonzalo Anes, presidente de la Academia,  declaró que fueron sus buenas relaciones con José María Aznar las capaces de impulsar el proyecto, y llegó a señalar: “Somos deudores del presidente Aznar”.

Así, el arcano se explica: eso no es más que el engendro de un payaso amoral y vendepatria, además aquejado de desmedido egocentrismo, como pruebo en las siguientes citas:

Citas

"Yo soy el milagro." (The Wall Street Journal, 20/5/1997).

"Yo sólo confío en mí mismo." (Financial Times, 19/09/2001).

 "Propio es del estadista saber desafiar a la opinión pública cuando conviene." (Diario El Mundo, 11/5/2008).