La cultura en Centroamérica hoy

Por Jaime Sarusky

PARA UN PERIODISTA, UN ESCRITOR o un hombre de la cultura, la conversación con Carlos Morales es, a decir verdad, una fiesta. Costarricense medular, es no menos latinoamericano de vocación y con la parti­cularidad de una más que evidente pasión por nuestra Isla, y sobre todo por los cuba­nos. Trabajador infatigable, además de su carisma personal, no me caben dudas de que es una de las personalidades mejor infor­madas de su país. No sólo porque es un bri­llante periodista y escritor, sino por la luci­dez y la agudeza de sus reflexiones y de sus conceptos de la contemporaneidad.

Desde muy joven su trayectoria profesio­nal ha estado estrechamente vinculada al periodismo y a la cultura. Ha fundado y diri­gido algunos de los suplementos literarios y culturales más importantes de la región. Ha publicado Los hechiceros del siglo veinte (ensayos), El hombre que no quiso la guerra

(historia del periodismo costarricense), El café de las 4 (entrevistas a escritores latinoameri­canos), Los sonidos de la aurora (novela) y otras obras que se añaden a su texto sobre el teatro de su país en la enciclopedia Las mejo­res compañías de teatro del mundo, publica­da en Londres y Nueva York. Durante veinte años estuvo al frente del semanario Universi­dad y actualmente dirige dos emisoras de ra­dio de carácter cultural. Para nuestro entrevis­tado, los países centroamericanos disfrutan hoy, en términos generales, de un auge de lo que él califica una explosión cultural.

-¿A qué lo atribuyes? -le pregunto.

-Pienso que hay un período educacional mucho más intenso que en otros tiempos. Ha venido la paz y esto es fundamental. Ese he­cho, la llegada de la paz a Centroamérica a partir de 1990, implicó una mayor atención al sector educativo, una mayor posibilidad de la gente a educarse, a ocuparse de meneste­res que no fueran la guerra, como ocurría en­tre 1970 y 1985 en la región. La paz ahora significa la educación, la educación significa la creatividad. Por lo tanto, hay un movimiento explosivo en la música, en las artes plásticas, en la literatura, en el teatro, en el cine. Real­mente, hay ebullición en toda el área centro­americana. De ahí podemos señalar que Cos­ta Rica, probablemente, es una de las capita­les centroamericanas de la cultura, junto a la vida cultural de Guatemala, que siendo una ciudad más grande, más populosa, también tiene un movimiento cultural muy importante.

-Dijiste que el cine también está en ebullición.

-Creo que el cine y el video se están desa­rrollando con gran fuerza. Son dos campos que han crecido tremendamente. Durante la gue­rra, en El Salvador, en Nicaragua y en Hondu­ras, se había convertido en un reto interesan­te hacer la película de la guerra. Y hubo mu­chos equipos que se internaron en las zonas liberadas por la guerrilla salvadoreña, o en las zonas donde había movimientos rebeldes en Honduras y, por supuesto, en Nicaragua. Hi­cieron películas e hicieron videos. De esa es­cuela, que es, digamos, un poco revoluciona­ria y medio clandestina, quedaron equipos y personas entrenadas. Y esa rama de lo audiovisual tiene un gran crecimiento.

-También te referiste a las artes plásticas y a la literatura.

-No se le anda lejos la pintura. Igualmen­te ha tenido un gran desarrollo en Centroa­mérica. Hay muchos que se dedican a esa rama.

En cuanto a la poesía no se le queda cor­to. Muchos de los guerrilleros que estuvie­ron combatiendo eran poetas. No son pocos los nombres: Miguel Huesco y Horacio Cas­tellanos en El Salvador, Claribel Alegría, que estuvo muy vinculada al movimiento sandinista, Gioconda Belli, que salió un poco de la guerrilla para hacer su obra novelística y poética. Muchos cambiaron el fusil por la plu­ma.

-¿Cómo sale librada la literatura centroa­mericana de este examen? Debe haber un problema de producción o de difusión, de lo contrario no se explica que, salvo algunos de los nombres que acabas de mencionar, no tengan más repercusión.

-Hace unos meses se celebró en Costa Rica una Feria Internacional del Libro Cen­troamericano. Fue una verdadera convergen­cia de los libreros del área que trajeron una parte de su producción, una manera alter­nativa de lo que están haciendo los escrito­res de la región. Nos dimos cuenta de que hay una gran producción, pero también de que estamos aislados. Por ejemplo, allí ha­bía obras de escritores salvadoreños, hondureños y guatemaltecos que nunca en mi vida había escuchado mencionar. Hay una falta de comunicación porque las dificultades eco­nómicas no están superadas. Un ejemplo es Nicaragua, con una economía en desgracia. Tales problemas no permiten que haya mu­cho movimiento comercial, mucho menos de libros, que en caso de emergencia econó­mica pasan a ser el último lugar del baúl. En Guatemala, por la distancia y por falta de tra­dición, la producción de libros no llega a cru­zar fronteras. Como ves, no hay buena co­municación. EDUCA, la Editorial Universita­ria Centroamericana, precisamente, hace un gran esfuerzo por pasar las fronteras y pro­mover la producción de libros de uno u otro país centroamericano. Su director, el salva­doreño Salvador Vaquerano, reside en Cos­ta Rica, pero la editorial pertenece a las universidades de Centroamérica, alrededor de veinte, que contribuyen a que exista EDU­CA. Esta fue fundada hace cuarenta años. Están asociadas al Consejo Superior Uni­versitario Centroamericano. Su objetivo ha sido siempre difundir el libro de nuestros países. En una época su producción fue so­bre todo sociológica. Ahora, poco a poco, se ha ido acercando más a la producción artís­tica: la ficción, la poesía, la literatura en general. Anualmente convoca al Premio In­ternacional EDUCA, alternando en el con­curso los géneros de poesía, cuento y nove­la. Las obras premiadas, de la más diversa procedencia, sobre todo de la América Lati­na, son publicadas por esa editorial.

-En general, me has hablado de las ma­nifestaciones de la cultura en los países cen­troamericanos, pero, ¿y en Costa Rica?

-La producción artística costarricense si­gue siendo parte de esa Centroamérica en ebullición. Sólo que en Costa Rica no había guerra y por ello la evolución artístico-cultural no es el resultado de la paz. Es un poco el producto de un cierto impulso mercado- técnico, con todo lo negativo que ello conlle­va. Es un brote en que el mercado está dis­puesto a consumir la cultura, a consumir el producto artístico. El pintor tiene posibilidad de vender, lo que no sucede en otras partes; el cineasta tiene posibilidades de conseguir financiamiento para sus películas; el videoasta lo puede hacer y así sucesivamen­te. El mercado de las artes plásticas, por ejemplo, es muy activo. La cotización de un cuadro de Rafa Fernández, el más nombra­do de los pintores ticos, anda por el millón de colones, alrededor de cinco mil dólares. Eso ya implica una demanda mercantil del arte, con el estímulo que esto significa para el artista y, por supuesto, con las desventa­jas que eso trae.

-¿Cómo llegan las manifestaciones de la cultura cubana a la región y, particularmen­te, a Costa Rica?

-Digamos que hay dos etapas clara­mente diferenciadas. Una primera, que todo el mundo conoce, de fama histórica mundial, la de la década de los sesenta, que alentó el boom latinoamericano en la narrativa. O sea, Cuba se convirtió, de alguna manera, en una capital cultural para la América Latina, una especie de santuario de los intelectuales del continente. Y por esa razón de allí surgieron numerosos proyectos en todos los campos, no sólo en la literatura, también en la pintu­ra, en el cine -un ejemplo es el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano-. Esa etapa, bien marcada, generó una admiración, un respeto, no sólo por la producción artística cubana, sino, además, porque Cuba se con­virtió en alojamiento', en refugio, en cobijo para todos los intelectuales latinoamerica­nos. Después se produce un golpe que par­te, en cierta forma, las comunicaciones, a pesar de todas las dificultades cubanas que se conocen y que conocemos todos. Las revistas y los periódicos llegaban a nuestras tierras. La vida cubana se veía presente con frecuencia en nuestros países hasta que la disposición de los Estados Unidos de bloquear se hace más fuerte. Comienza entonces el período especial en Cuba; falla un poco el correo, falla la periodicidad con que llegaban esas publicaciones. Ese es el momento en que se produce un bache, una laguna en la que estamos un poco incomu­nicados. Por ejemplo, en la actualidad en Costa Rica no hay ni una sola librería que represente los intereses de Cuba. Además, a Cuba le podría servir si quisiera explotarlo. Pero no ha sabido manejarlo. Por dificultades de recursos, del libro cubano. No hay nada, no hay libros ni revistas ni periódi­cos cubanos. Lo cual es un vacío tremendo. Pero si hay una línea aérea que está mo­viendo gente constantemente, nada cuesta mandar allí a algún representante del libro para que hable, por poner un sólo ejemplo, con los encargados de la librería Clara Luna que están ansiando que vengan los mate­riales cubanos porque la gente está deses­perada por comprarlos. Y cuando llegan, como ocurrió hace unos meses, que lleva­ron libros y cassettes, de los últimos que había hecho la Casa de las Américas, en una semana no quedaba nada, la gente se entu­siasmó por comprarlos. De modo que, como se ve, la comunicación no es suficientemen­te buena. Incluso creo que Cuba, de alguna manera, está dejando que esa comunicación se produzca por los tradicionales canales comerciales, lo cual es un error, porque se están desaprovechando otras vías no comer­ciales. Otro ejemplo es el del cine cubano, que se distribuye por los canales comercia­les. A los costarricenses nos encanta, aunque a veces nos cuesta entender lo que dicen. Aquí llegaron Fresa y chocolate y Guantanamera. Y pare de contar. La gente hizo cola para verlas. Pero vinieron por el circuito comercial. Miramax, de Nueva York, las trajo a Costa Rica. Sin embargo, otras cosas podrían venir directamente, debían aprovecharse más las otras alternativas. Cuba tiene mucha más producción cultural que Costa Rica y Cuba podría, incluso, irradiarse en su cultura a toda Centroamérica a través de Costa Rica. De modo que hay un vacío ahí que debería de llenarse.

-Y la música cubana, ¿cómo es su difu­sión en Costa Rica?

-Silvio y Pablo son dos figuras enormes en la Nueva Trova que pegan muy fuerte en Costa Rica y que no están suficientemente representados. En Radio Juvenil, una de las dos emisoras que yo dirijo, se programa a Silvio y a Pablo constantemente. Son las estrellas más cotizadas que vienen por el canal comercial. El resto de la música cuba­na no se conoce prácticamente. Por ello in­sisto en que hay que abrirse a esos espa­cios. Yo creo que todavía nos queda un poco el resabio, tanto para alguna gente de la iz­quierda en Costa Rica como para quienes manejan las relaciones con Cuba, de la mentalidad cuadrada, dogmática, ilógica. Entonces, no se piensa abrir posibilidades que no sean las conocidas, las cuadradas, las de los caminos ya trillados. Cuba tiene que abrirse a las condiciones reales. Ya lo está haciendo en algunas cosas, pero en este campo del que estamos hablando, no lo ha hecho aún. Hay que insertarse y ello implica la búsqueda de nuevos medios de promoción y de difusión de nuestros produc­tos culturales.

 

Tomado de Revolución y Cultura, La Habana, no. 6, 1998. Pág. 46-47.