Imaginarios: Ana Cairo en Librínsula

 

Ana Cairo en Librínsula

Por Johan Moya Ramis

A casi cinco meses de la sensible pérdida de la profesora e investigadora Ana Cairo, la redacción Librínsula dedica su dossier a manera de monográfico a la querida intelectual, colaboradora y consejera de nuestra revista desde sus inicios hasta la última conversación que sostuve con ella dos meses antes de su deceso en la oficina del Departamento de Publicaciones de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, sede de la revista digital Librínsula.

Grande es la deuda intelectual y afectiva que tiene la redacción de Librínsula con Ana Cairo. De todas las formas posibles de honrar su legado y el respeto por su memoria, consideramos aunar algunos de sus muchos artículos. Dada la erudición de la “profe”, como afectivamente solía llamarla, no hay mejores o peores artículos de ella o más o menos representativos, ya que todos son de primera línea. Por ello, tomando en cuenta que una de las directrices editoriales de Librínsula es el rescate de las figuras de nuestra cultura, se optó por aunar los artículos publicados por ella en nuestra Librínsula sobre figuras intelectuales de nuestro país, Lezama, Mañach, Carpentier, entre otros. También publicaremos en imágenes la bibliografía activa de la insigne investigadora que posee los fondos Bibliográficos de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

Cualquier homenaje nunca será suficiente, pero este sencillo dossier dedicado a su memoria, sirva como respeto póstumo a su legado, su pasión: la cultura cubana.

  

El historiador cultural José Antonio Portuondo
Por Ana Cairo

El azar concurrente, que tanto entusiasmaba al poeta José Lezama Lima, posibilita enlazar dos celebraciones. Ahora, estamos festejando el centenario de José Antonio Portuondo, quien trataba a sus alumnos con la cordialidad de los verdaderos amigos. Nos aconsejaba que ejercitáramos la opinión propia, siempre fundada en una permanente praxis investigativa. En el 2012, deberemos celebrar el bicentenario del natalicio de Antonio Bachiller y Morales, quien fue el primero de nuestros historiadores culturales. Se labora en un ensayo para analizar las contribuciones desde Bachiller hasta Portuondo. Ante la necesidad de cumplir con las exigencias del evento, se ofrece un fragmento centrado en los aportes del segundo.

Portuondo en la Biblioteca Nacional José Martí, noviembre de 1983.>>

La formación

Portuondo estudió en el Colegio de Dolores, propiedad de la Orden de los Jesuitas, desde el segundo grado hasta concluir el bachillerato.

La enseñanza privada católica evitaba al máximo los temas políticos; en tal sentido, los alumnos tenían que buscar una orientación en las coordenadas familiares, o en los grupos sociales y las estructuraciones clasistas en cada ciudad, pueblo, región o provincia.

A partir de marzo de 1927, Gerardo Machado jerarquizó como plan del gobierno la reelección presidencial, la prórroga de poderes para los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado, fundada en una alianza, y la  reforma constitucional. Ante el rechazo creciente de la población, se multiplicó la represión.

En la provincia de Oriente, el militar Arsenio Ortiz (cuyo apodo era “el chacal”) sembró el terror con numerosos crímenes y atropellos. Los adolescentes y sus familias odiaban al sicario, se solidarizaban con la rebeldía juvenil y se alineaban contra la satrapía. Portuondo fue uno de ellos.

Se trasladó a la capital en 1929. Matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Ingresó al llamado curso prejurídico 1929-30. José Lezama Lima fue uno de los condiscípulos; Juan Marinello, uno de los profesores.

Al finalizar el curso, regresó a Santiago de Cuba para disfrutar de las vacaciones de verano. No pudo retornar a La Habana porque, después de la manifestación estudiantil del 30 de septiembre de 1930 y la muerte del estudiante de derecho Rafael Trejo, se pospuso varias veces el inicio del curso académico. En diciembre, el gobierno clausuró la Universidad, que permaneció en dicho estatus hasta octubre de 1933.

Desde 1931, ejerció el periodismo. En el Diario de Cuba, publicó los primeros textos.  Se dio a conocer como poeta vanguardista (agosto de 1932), adscrito al tema negro. “Mari Sabel”, “Rumba de la negra Pancha”, “Firulítico”, “Lance de Juruminga”, fueron poemas incluidos por el compilador Ramón Guirau en la Órbita de la poesía afrocubana. 1928-37, publicada en 1938.

A finales de 1933, conoció y ayudó a Pablo de la Torriente Brau, quien pasó por Santiago en tránsito hacía el Realengo 18, en Guantánamo, donde escribió “Tierra o sangre”, un  testimonio sobre las luchas campesinas.

Retornó a La Habana en 1934 para continuar los estudios en la Facultad de Derecho. Se ganaba la vida como maestro en escuelas privadas, en el periodismo y en espacios radiales.

Con el golpe de estado del 15 de enero de 1934, se instauró la primera tiranía de Fulgencio Batista. El movimiento estudiantil privilegió la lucha política. Durante la huelga general fallida de marzo de 1935, la Universidad fue clausurada. La vida académica no se reanudó hasta el curso 1936-1937.

Portuondo  radicalizó la afiliación ideológica. Había sido antimachadista; era antibatistiano, antimperialista, marxista y antifascista. Defendió a la Segunda República Española (1931-1939).

Hizo amistad con Emilio Roig de Leuchsenring  y Fernando Ortiz. Colaboró con el primero en la Oficina del Historiador de la Ciudad desde la fundación (1935) y en la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales; y con el segundo, en el resurgimiento de la Institución Hispano-Cubana (1936-1946).

Entre  el 10 de octubre de 1936 y el 9 de febrero de 1937, formó parte del grupo de intelectuales —capitaneados por Roig de Leuchsenrig— que ofreció un curso de Historia de Cuba por radio.

Probablemente, fue el disertante más joven. Intervino en todos los períodos, porque se ocupaba del desarrollo cultural. Bajo el nombre de “Proceso de la cultura cubana. (Esquema para un ensayo de interpretación)” (1938) se incluyó en el volumen del curso, coordinado por Roig de Leuchsenring.

En marzo de 1937, firmó el manifiesto “Por un Partido Democrático Revolucionario”. Acompañaba a Raúl Roa, Ramiro Valdés Daussá y a José Z. Tallet (entre otros), en la fundación de un Partido de Izquierda Revolucionaria opuesto a un pacto político con las fuerzas batistianas.

Había sido uno de los subdirectores de Mediodía, publicación del Primer Partido Comunista en 1936. Por la discrepancia con la estrategia de dicha organización abandonó el semanario. Fundó y dirigió la revista Baraguá  (agosto-octubre de 1937-febrero de 1938), vocero del Partido de Izquierda.

Decidió un cambio de carrera. Se trasladó a la Facultad de Filosofía y Letras, más acorde con su desempeño laboral. El profesor Aurelio Boza Masvidal (un italianista) lo animaba para que se especializara en la teoría literaria, disciplina que podría ser una de las cátedras nuevas imprescindibles en un proyecto de modernización.

En 1941, el marxista Portuondo defendió la tesis “Concepto de la poesía”, una de las monografías más novedosas discutidas en la Facultad de Filosofía y Letras. Años después la publicó.

En 1942, el Partido Unión Revolucionaria Comunista se trasformó en Partido Socialista Popular. Elaboró nuevos estatutos, en los que se diseñaba una política cultural. Portuondo colaboraba con dichas acciones. En 1944, era uno de los editores de la revista Gaceta del Caribe.

Por gestiones de Fernando Ortiz con Alfonso Reyes, cuatro jóvenes intelectuales obtuvieron becas en el recién fundado Colegio de México. Julio Le Riverend, Portuondo, Carlos Fontanella y Manuel Moreno Fraginals, se especializaron en diversos tipos de historia.

Portuondo sabía que en la Universidad de La Habana no había dinero, ni lo habría en los próximos años para crear nuevas cátedras. Llegó a la capital mexicana por un año y permaneció casi tres (1944-1946). Se preparó muy bien, porque aspiraba a ser contratado, primero, en algún departamento de español de las universidades estadounidenses; y, después, conseguir un nombramiento como permanente.

Aprovechó al máximo la posibilidad de un diálogo muy fructífero con Alfonso Reyes. Avanzó en teoría literaria, estética y literatura hispanoamericana.

Le Riverend y él funcionaron como mediadores entre los escritores cubanos y mexicanos, cuyas relaciones se habían multiplicado a partir de la década de 1920.

Le Riverend cumplía instrucciones como vocero de Fernando Ortiz. Trabajaba con el objetivo de que se fundara una organización panamericana de todos los especialistas en los temas afroamericanos.

Portuondo (con el apoyo de Reyes) logró la publicación inmediata de El contenido social de la literatura cubana (1944), que le facilitó:

Las interacciones

Mientras Portuondo impartía las conferencias, que después integraba en el Proceso de la cultura cubana. (Esquema para un ensayo de interpretación) (1938), libro en el que —por primera vez— se utilizaba una perspectiva marxista, Antonio Sánchez de Bustamante y Montoso difundía el ensayo “Las generaciones literarias” (1937) para promocionar su utilización.

Portuondo estudió la versión de Sánchez de Bustamante y propuso la suya, resumida en el ensayo “Las generaciones literarias cubanas. El proceso de las generaciones” (1943, inédito hasta Capítulos de literatura cubana, 1981). En el primer epígrafe definía el sistema de categorías y explicaba el significado de construir una historia de la literatura:

“[…] es referir el proceso seguido por todo un pueblo en busca de su propia y peculiar expresión. El estudio de la producción literaria no puede hacerse, por ende, con olvido total de otros factores —económico, político, social— que aquella expresa y toda exposición que se limita de modo exclusivo a la apreciación de los valores éstéticos, dará un solo aspecto, y aún este incompleto, sin asiento ni raíz de la literatura enjuiciada”.

“No basta tampoco la minuciosidad biográfica que pretende asomarnos, con copia de anécdotas más o menos reveladoras, a la humanidad de los escritores, porque esta ha de verse siempre en función de su tiempo, de su generación y de su clase. Aunque resulte paradójico, es lo cierto que en las historias literarias al uso —y otro tanto está ocurriendo entre los fenomenólogos de la estilística contemporánea— se suele olvidar con demasiada frecuencia la esencia historicidad del fenómeno literario. Y conviene no olvidarlo: la literatura es un fenómeno social que es parte importante y no precisamente aislada de un complejo proceso histórico que ella en cada momento expresa. La literatura no puede estudiarse con olvido de la historia general del país”.

“Pero esta no puede entenderse sino como historia de las generaciones. […]”.

“[…] El enfoque justo y severamente materialista de la historia literaria no ignora las contradicciones entre el escritor y su propia clase social, ni desconoce sino subraya los valores exclusivamente estéticos pero no incurre tampoco en el error de considerarlos aislados, sin relación alguna con los demás valores, sino que, con una visión más justa de la realidad los estudia como parte de un complicado proceso de acciones y reacciones recíprocas en que intervienen los demás valores económicos, sociales, políticos, etcétera”.  

Entre 1941 y 1943, Portuondo terminó los ensayos “Los comienzos de la literatura cubana” (1610-1790)”, “Los criollos del Papel Periódico” (1790-1820),El patriciado prerromántico”(1820-1834) y “Los románticos” (1834-1850),los cuales demostraban que él deseaba escribir una historia de la literatura, proyecto que quedó interrumpido.

En México, al publicar El contenido social de la literatura cubana (obra que tuvo una amplia difusión en América Latina)reiteró las premisas ya citadas de “Las generaciones…”.

En La historia y las generaciones (1958) desarrolló las tesis de “Las generaciones…”. En el último ensayo del libro Esquema de las generaciones literarias cubanas presentó una tabla:

Primer  período (1492-1556): Descubrimiento y conquista. Actuaban dos generaciones: 1492-1510 los descubridores; 1511-1556 los conquistadores. (No eran cubanos).

Segundo período (1557-1761): Factoría. Comprendía siete generaciones.

Tercer período (1762-1901): Colonia. Abarcaba de la octava a la duodécima generación.

Cuarto período (1902-1958): República semicolonial. Incluía la décimotercera y la décimocuarta generaciones.

En la segunda edición de La historia… (1979), incorporaba:

Quinto período (a partir de 1959): La revolución. Añadía la décimoquinta generación.

Portuondo elogiaba como un gran antecedente el Estudio sobre el movimiento científico y literario en Cuba (1890) de Aurelio Mitjáns. Reconocía que su tabla era una heredera de la confeccionada por Max Henríquez Ureña, la que a su vez había sido adaptada de la hecha por su hermano Pedro para la literatura española…

A petición de Raúl Roa, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Revolucionario, escribió Bosquejo histórico de las letras cubanas (1960),en el que reiteró los cuatro períodos mencionados e introducía la conformación del quinto.

En 1965, Portuondo, profesor de la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana, asumió la fundación del Instituto de Literatura y Lingüística (ILL) de la Academia de Ciencias de Cuba. Ángel Augier era el subdirector.

Se aspiraba a formar equipos de intelectuales bien preparados para cumplir con dos proyectos de investigación sucesivos: un Diccionario de la literatura cubana y una Historia de la literatura cubana.

En noviembre de 1975, se consideró terminada la investigación para el Diccionario… Juan Marinello felicitó a todos los que lo habian hecho posible.

La primera versión de las fichas por letras estaba en folletos mimeografiados; al final de cada una aparecía el nombre del redactor. En el primer folio de cada folleto se indicaba quiénes habían participado en su confección.

Decenas de autores revisaron los datos en sus fichas y en otras como un aporte solidario.

Numerosos investigadores pudimos trabajar con dichos folletos en el archivo del Departamento Literario del ILL.

En diciembre del mismo año, Portuondo fue nombrado embajador ante la Santa Sede de la Iglesia Católica Romana. El 31 de ese mes, Mirta Aguirre lo remplazaba en la dirección del ILL. Augier pasaba a trabajar con Nicolás Guillén en la UNEAC.

El primer tomo del Diccionario… fue publicado en 1980 y el segundo en 1984. En ambos volúmenes fueron suprimidos autores, cuyas fichas sí estaban en la versión de los folletos. Ni Portuondo ni Augier, tuvieron responsabilidad alguna en esa errónea decisión. Los verdaderos gestores de ese hecho lamentable optaron por el anonimato.

Portuondo y Augier, con gran caballerosidad y civismo, aguantaron estoicamente los reclamos y las iras, por un hecho que no habían cometido. Ellos pensaban que en algún momento se sabría la verdad, que puede comprobarse fácilmente en los ejemplares de los primeros folletos archivados en el ILL.

En el mismo acto (noviembre de 1975), donde se declaró terminada la investigación del Diccionario…, Portuondoanunciaba que comenzaba el proyecto de una Historia… La primera labor sería la de los estudios de orientación y de actualización metodológica.

En el salón de actos del ILL, se organizaron numerosas sesiones científicas, con decenas de invitados, para discutir materiales. En 1981, él contribuyó a esta fase con la circulación de los Capítulos…

Perfil histórico de las letras cubanas desde los orígenes hasta 1898 (1983) fue una idea de Mirta Aguirre. El objetivo era ofrecer un texto sintético, que enfatizara la orientación docente.

En 1985, Sergio Chaple terminó unas Bases metodológicas para la historia de la literatura cubana, las cuales fueron discutidas por especialistas e instituciones.

Entre 1986 y1996, se elaboró la primera versión de la Historia en tres tomos. Los autores se responsabilizaban con epígrafes discutidos en cada equipo. A continuación, otro grupo de especialistas se los leían y ofrecían sugerencias para reescribirlos.

Portuondo encabezó el proyecto hasta su muerte. Revisó hasta la primera versión del tercer tomo. Se decidió que la Historia tuviera como el Diccionario… un autor colectivo: el Instituto de Literatura y Lingüística, al que se le añadió póstumamente el nombre del director-fundador. 

A partir de 1999, se realizaron actualizaciones para publicarla. Cira Romero asumió la coordinación general. Salvador Arias fue el responsable del primer volumen dedicado a la Colonia (2002). Enrique Saínz, el del segundo, centrado en la República neocolonial (2003). Sergio Chaple, el del tercero, destinado a los sucesos entre 1959 y el 2000 (2009).

Los dos tomos del Diccionario… y los tres de la Historiapermiten afirmar que Portuondo fue el más importante de los historiadores culturales del siglo XX. Durante seis décadas (1936-1996) proporcionó análisis para construir la historicidad de nuestra literatura y ayudar a las de otras disciplinas.

En la Historia se diseña un contrapunteo entre el sistema de la praxis literaria por géneros y el de las instituciones culturales, muy bien enmarcado en la historia política y social.

Como cualquier proyecto científico estuvo sometido a contingencias inimaginables. Desde 1989 se desencadenó el llamado período especial, la más profunda y larga crisis económica del siglo XX.

Fue una hazaña cultural que el proyecto de la Historiano se cancelara. Sí provocó el retraso en el cronograma de publicación de los tomos, lo que incidió en un desfasaje muy notorio entre los tiempos de la gestación de los textos y los de la recepción en cada volumen.

Quizás, en las reediciones de los tres volúmenes de la Historia, podría ser conveniente ir reseñando las infinitas dificultades para que existieran. La historicidad en las esferas de la circulación y de la recepción completarían los argumentos para el realce de dicha hazaña.

La Habana, 5 de noviembre de 2011.

J

 

Lezama, estudiante (I)
Por Ana Cairo

En el centenario del natalicio de José Lezama Lima (1910-1976) se debe reiterar que él vivió orgulloso de ser un intelectual de la Revolución de 1930 y que se mantuvo fiel a dicha elección hasta su muerte.

1                                         

Los abuelos maternos habían pertenecido a la comunidad de emigrados patriotas en los Estados Unidos durante la Revolución de 1895. Ellos compartían la devoción popular por José Martí (1853-1895), a quien habían conocido. Lezama creció oyendo los relatos orales de su abuela (repetidos por su madre) sobre esta inolvidable experiencia.

En 1921, vivía en el Paseo del Prado y asistía a la escuela privada San Francisco de Paula (situada en la calle Concordia, número 18). El director era don Pablo Mimó. Por dicha razón, al centro solía llamársele Colegio Mimó. Allí, permaneció ocho años, hasta que concluyó el bachillerato. Por las regulaciones docentes, se examinaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Se graduó de bachiller en ciencias y letras. Siempre agradeció la “instrucción liberal, con un respaldo de catolicismo”. Aceptó ser el vicepresidente de una sociedad de antiguos alumnos.

En el bachillerato, Lezama tuvo experiencias que influyeron en el enrolamiento político antimachadista. Para examinarlas, hay que entender el desarrollo del movimiento estudiantil revolucionario.

2

El 20 de mayo de1925, el doctor Alfredo Zayas asumió la presidencia de la República. Era un intelectual de ideas muy liberales y, rápidamente, eliminó la intensa represión política y social que había caracterizado el segundo mandato del general Mario García-Menocal (1917- 1921). Promovió una amplia libertad en los espacios públicos y privados, como una estrategia de modenización eficaz.

Durante los ocho años de menocalato, en las tres facultades existieron las asociaciones de estudiantes, sin embargo, apenas funcionaban.

A partir de 1918, cuando se desencadenó en la Universidad de Córdoba (Argentina), comenzaron a difundirse las noticias sobre los movimientos estudiantiles de reforma, los cuales estaban apoyados por algunos profesores.

El 26 de enero de 1920, un grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina se atrevió a organizar una manifestación por la calle San Lázaro, en las inmediaciones del Parque Antonio Maceo. Protestaban pacíficamente por la reforma del plan de estudios. La policía utilizó la violencia para disolver la marcha. Trece jóvenes resultaron heridos. El estudiante Carlos Dominicis escribió con su sangre la palabra “¡justicia!” en una pared de San Lázaro y Escobar.

Con el inicio del curso 1921–1922, las asociaciones estudiantiles se reactivaron. Impulsaron las acciones festivas, deportivas y políticas.

En octubre, tras concluir los últimos exámenes en el Instituto de Pinar del Río, Nicanor McPartland (1903- 1929) matriculó en la Facultad de Derecho. Se incorporó a las acciones políticas y deportivas. En noviembre, se sumó al grupo de rebeldes más politizados que impidieron el otorgamiento de un doctorado honoris causa a Enoch Crowder, enviado especial del gobierno estadounidense para atender las derivaciones del crac bancario (octubre de 1920). El intervencionismo diplomático del funcionario, entre 1921 y 1927, escandalizaba. Esto influyó en el desarrollo de un pensamiento antimperialista, o de una sensibilidad antingerencista, en numerosos jóvenes.

Cuando Alejo Carpentier (1904-1980) recreó la década de 1920 y quiso buscar un nombre emblemático para el personaje del embajador yanqui, eligió el de Enoch Crowder, en la novela El recurso del método (1974),

Nicanor se convirtió en un atleta promotor de que se desarrollaran los equipos representativos de la Universidad. Precisamente, en 1922, comenzó a utilizar el nombre de Julio Antonio Mella en las competencias deportivas. Por ser hijo natural, había sido inscrito con el nombre de su padre, Nicanor, y el apellido de su madre. Eligió el nombre de Julio Antonio, porque le gustaba y se restituyó el apellido que le pertenecía. Se trataba de un ejercicio de rebeldía emancipatoria.

<< Un Mella parecido a este óleo de
Servando Cabrera Moreno pudiera acercarse
a la concepción del Apolo de Paradiso.

En noviembre de 1922 circuló el primer número de la revista Alma Máter. Él demostró sus habilidades en los distintos géneros. Utilizaba el seudónimo de Lord McParlant.

El 20 de diciembre de 1922, se fundó el Directorio de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Fue elegido secretario por un año. En enero de 1923, encabezó el movimiento de reforma, con la cual se intentó una modernización de la vida académica y un enfrentamiento a los profesores corruptos.

Durante diez meses, coordinó esfuerzos para crear, o consolidar, asociaciones estudiantiles en los institutos de segunda enseñanza, escuelas normales y colegios privados. Organizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes con delegados de todo el país, que se celebró en el Aula Magna de la Universidad (octubre de 1923). Logró que se aprobara una “Declaración de los deberes y derechos del estudiante”. Volvió a ser ratificado en su cargo.

En agosto de 1924, difundió el proyecto de una confederación nacional de estudiantes. De este modo, terminaba de articular las funciones públicas de este sector de los jóvenes, quienes se autoconsideraban como nuevos sujetos políticos y sociales. Tenían que imponer este imaginario novedoso al resto de las clases y sectores. Por lo mismo, defendían alianzas con obreros y profesionales, siempre que reconocieran dicha condición.

3

Lezama tenía catorce años en marzo de 1925. Era un adolescente curioso y, como vivía en el Paseo del Prado, se mantenía atento a los múltiples sucesos de la vida estudiantil.

El 13 de marzo, el Senado de los Estados Unidos aprobó el Tratado Hay-Quesada, por el cual esta nación reconocía la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos.

El presidente Zayas y Gerardo Machado, el próximo nuevo mandatario, acordaron que el 18 se celebraría una marcha por la Avenida del Puerto, desde el Parque Maceo hasta la explanada del Palacio Presidencial. El objetivo era agradecer, con notorio servilismo, la decisión del Senado.

Zayas y Machado encabezarían el desfile, acompañados de otros políticos y de los empleados públicos, quienes estaban obligados a asistir.

Mella, en nombre del Comité Antimperialista de la Universidad, abogó porque los jóvenes se movilizaran y solicitó la participación de otros grupos sociales para boicotear la humillante adulación gubernamental.

Centenares de jóvenes entorpecieron la marcha de los politiqueros en el Parque Maceo. Mella fue detenido por unas horas y se le abrió una causa. El 22 acudió al juzgado de la calle Belascoaín. Decenas de estudiantes lo acompañaban. Se le impuso una multa. Se negó a pagarla. Se organizó una colecta para reunir el dinero. De este modo, quedó en libertad.

Mella encabezó una manifestación que salió del juzgado; recorrió Belascoaín, Monte, Paseo del Prado. Se hizo un acto en el Parque Central. Se prosiguió hasta el Parque Zayas o “de la ignominia” (en proceso de construcción).

Los estudiantes se empeñaban en derribar la estatua del presidente corrupto, quien se vanagloriaba de esta decisión cínica, impúdica, inédita en los anales de la historia de la corrupción colonial y republicana. La policía los golpeó con salvajismo. Al otro día, varios periódicos publicaron la foto de Mella y su hermano Cecilio con las cabezas vendadas.

El 22 de marzo de 1925, el adolescente Lezama observó la manifestación en el Paseo del Prado. Desde los portales de la fábrica de tabacos, inmediata al Palacio Presidencial, presenció el momento en que Mella intentó derribar la estatua de Zayas, cómo peleaba con los policías abusadores y cómo cayó al suelo brutalmente golpeado.

En una entrevista (1970) hecha por la estudiante Rosa Ileana Boudet para Alma Máter, Lezama declaró que, en marzo de 1925, Mella se le asemejaba a un león enfurecido; que era como si él hubiera visto pelear al general Antonio Maceo.

<< Editorial Letras Cubanas, 1986.

Publicada inicialmente en Alma Máter,
n.115, sep.1970, p4-9 y reproducida
por Carlos Espinosa.>>

Aunque no existen pruebas documentales, probablemente, en diciembre de 1925, el adolescente cumplió quince años con una gran inquietud, porque estaba muy preocupado (como miles de personas) por la salud de Mella, quien se declaró en huelga de hambre al ser encarcelado injustamente y negársele el derecho a una fianza. El héroe estuvo en los umbrales de la muerte. En los primeros días de enero de 1926, Julio Antonio marchó al exilio forzoso para salvar la vida.

En 1926, hubo un escándalo en la Universidad, cuando, por mayoría, el claustro profesoral, cedió a las presiones del Rector y se votó el otorgamiento del primer doctorado honoris causa para Gerardo Machado. El mandatario reciprocó con la orden de que la institución fuera modernizada para que pudiera ser utilizada en la Sexta Conferencia Panamericana.

En marzo de 1927, se hizo público el proyecto de una prórroga de poderes machadista. Se reorganizó el Directorio Estudiantil Universitario. Sus dirigentes proclamaron a Mella como la fuerza inspiradora de la rebelión contra la tiranía. Durante el curso 1927–1928, más de cien alumnos fueron sometidos a consejos disciplinarios y expulsados de la Universidad.

En enero de 1928, se inauguraba la Escalinata Universitaria y la Facultad de Derecho. El centro docente, por tres meses, ofreció locales para las reuniones de las comisiones de expertos, durante la VI Conferencia Panamericana.

La Universidad estaba fuertemente vigilada. El claustro estaba dividido. Mientras los machadistas ratificaban su lealtad al tirano. Otro grupo protegía la insurgencia estudiantil que no cesaba.

La Escalinata estaba realzada con la estatua del Alma Máter (que había sido transferida del viejo Patio de los Laureles) en su centro. Funcionaba como la entrada principal de la institución. Los estudiantes se habían adueñado de los más de ochenta escalones y de sus amplios descansos. Allí, se sentaban, conversaban, se enamoraban, se divertían y también conspiraban contra la tiranía.

Por estar matriculado en un colegio privado, Lezama no sufrió directamente la militarización de los institutos de segunda enseñanza, donde los jóvenes eran humillados.

El 10 de enero de 1929, Mella fue asesinado en México D. F. Los sicarios estaban pagados por Gerardo Machado.

En el colegio Mimó, Lezama fue alumno del intelectual venezolano Francisco Laguado Jaime (- 1929), quien había llegado exilado a La Habana en 1920. Laguado estuvo amenazado de expulsión a Caracas, si no abandonaba la denuncia valiente de los crímenes del tirano Juan Vicente Gómez.

Mella y Laguado fueron amigos. Los dos escribieron para Venezuela Libre durante 1925.

Juan Marinello (1898- 1977), abogado y poeta, fue uno de los redactores de la Revista de Avance (1927, 1928,1929, 1930), un proyecto cultural vanguardista. Este intelectual también colaboró con Venezuela Libre y se convirtió en amigo de Laguado. Asumió la defensa para impedir la expulsión y, por último, se transformó en uno de los acusadores persistentes de los involucrados en el crimen.

El 14 de marzo de 1929, Laguado fue detenido y llevado a la policía judicial, de donde fue sacado para asesinarlo de una manera atroz. Atado de pies y manos fue lanzado a los tiburones en las cercanías del puerto habanero. En un principio, las autoridades policiales daban diferentes versiones para confundir. Se insinuaba que estaba preso en el barco Máximo Gómez en espera de la deportación a México; o que había logrado escapar de la prisión y que había abandonado clandestinamente el país; o que estaba desaparecido. Finalmente, se supo la verdad por analogía.

En enero de 1928, se había dado el escándalo internacional de dos obreros comunistas que habían sido encarcelados y, de inmediato, desaparecidos. Por azar, un pescador cazó a un tiburón y al abrirlo encontró el brazo de un hombre. Poco después, los forenses, con la ayuda de los familiares, lograron establecer que el brazo pertenecía a uno de los obreros. La confirmación del crimen estremeció a La Habana. Por este precedente, se determinó que a Laguado le había ocurrido algo parecido.

Con apenas dos meses de diferencia, las noticias de los asesinatos de Mella y Laguado tuvieron que haber conmocionado al joven Lezama, quien cursaba las asignaturas finales del bachillerato.

En octubre de 1929, Lezama ingresó en la Facultad de Derecho. Allí, encontró entre los profesores a Juan Marinello, por quien sentiría un afecto permanente.

José Antonio Portuondo (1911–1996) fue uno de los condiscípulos. Él recordó una anécdota que permitiría aproximarse a la politización del estudiante en aquel primer año. Un profesor machadista ofrecía una conferencia en el local de la asociación juvenil. Cuando iba a comenzar a hablar, Lezama se paró y dijo que él y otros más no se quedarían a oírlo, porque ese orador había organizado un baile en su casa el día que asesinaron a Mella. De inmediato, abandonaron el local.

4

Por el relato de Pablo de la Torriente Brau (1901–1936) y los ulteriores de Raúl Roa (1907-1982), entre otros participantes, se conocieron los detalles de lo que pasó el 30 de septiembre de 1930.

A Lezama, no le interesaba ser un cronista; sino ficcionalizar el hecho como una experiencia poética. El primer intento lo hizo en mayo de 1959, cuando fue invitado a participar en el programa de la Operación Cultura patrocinado por la Federación Estudiantil Universitaria. De este modo, se celebraba la reapertura de la Universidad y el inicio del curso académico.



Carnet de estudiante de la Universidad de La Habana (curso 1933–34)

Lezama denominó a su texto “Lectura” y estaba conformado por tres fragmentos de prosas. El primero estaba dedicado a la mañana del 30 de septiembre. Evocaba que hubo reuniones previas conspirativas, después centró las imágenes en la Escalinata, por donde bajaron hacia San Lázaro. Recordó que algunos miraron pasar a los jóvenes y no se sumaron al peligro real de la muerte. Poco después del Parque Maceo, hubo gente detenida y golpeada; ya la marcha estaba fraccionada en grupos; él estuvo entre los que logró escapar de la persecución. En un salto temporal, mencionó el entierro de Trejo y el doloroso luto colectivo. La muerte del joven se convertía en la simiente de una nueva epopeya.

El segundo fragmento era la explicación de lo que él entendía como un espacio gnóstico, descrito a partir de una saga de los conquistadores del siglo XVI, en particular de Hernando de Soto, para facilitar las claves de una comprensión a un público sin entrenamiento literario.

El tercer fragmento se ocupaba de la metáfora del ángel de la jiribilla, a partir de la cual aludía a las formas del encadenamiento multicausal ad libitum, tropológico, entre el 30 de septiembre y la nueva vida derivada de la victoria a partir de enero de 1959. Estaba modelando la “infinita posibilidad” de una “era revolucionria”, tipificada por saberes en los que razones y emociones se percibían como imágenes renovadas de una nueva épica.

Se trata de una modalidad de secuencia cinematográfica verbalizada. Se emplea el recurso de una disolvencia en el que se yuxtaponen dos planos. Se transita lentamente (para hacerlo visible a los receptores menos entrenados) entre el cronotopo del primer párrafo (La Escalinata y la calle San Lázaro, el 30 de septiembre de 1930) y el del tercer párrafo (un espacio y un tiempo míticos, 1959, desde el que se narraba).

Lezama, aunque antivanguardista por vocación en cuanto a estética, era un hijo de la artisticidad vanguardista como Torriente Brau y Roa, fanáticos de las apropiaciones del cine ya con una banda sonora capaz de multiplicar las experiencias sensoriales con lo auditivo. Los muchachos en la Escalinata y en la calle hablan, se ríen, jadean, lloran, etc.

El capítulo noveno de la novela Paradiso (1966) se consagró a Upsalón, la Universidad. Hay imágenes de la vida cotidiana estudiantil en torno a la Escalinata, que sirvieron de preámbulo para marcar la diferencia en cuanto al nuevo cronotopo del día de la manifestación. El espacio de la Escalinata ya no es igual, porque la acción se encentra ahora en un cronotopo mítico. El personaje Apolo (un homenaje a Mella) sube y baja escalones, con una rapidez como si volara, para organizar a los jóvenes. Puede decirse que ese es el bando de los bellos, buenos, justos, caracterizados con la pureza simbólica de la luz. El bando de los malos, los abusadores, las autoridades, tiene colores oscuros, que recuerdan a las ratas. Reitera la escena de la carrera nerviosa de los que son perseguidos. El capítulo cierra con el orgullo de los personajes que han vencido en la difícil prueba de sobreponerse al miedo.

El personaje Rialta lo teoriza en torno a la elección gratificante de escoger lo más difícil para crecer espiritualmente.

En la entrevista de 1970, Lezama explica por qué el personaje Apolo es un homenaje a Mella, aunque se sepa que el líder estudiantil no conoció la Escalinata y que estaba muerto en 1930. Lo más trascendente era la lección ética de escoger el crecimiento espiritual y de conservar los amigos.

La Habana, 28 de noviembre de 2010.

Imágenes:

 

Lezama, estudiante (II)
Por Ana Cairo

1

La manifestación estudiantil del 30 de septiembre de 1930, en la que Lezama participó, y la muerte de Rafael Trejo determinaron un punto de giro cualitativo en la insurgencia juvenil contra la dictadura de Machado.

La Universidad de la Habana fue ocupada  por el ejército (2 de octubre). El 9, se enfrentaron jóvenes y policías en un homenaje a Trejo. El 23, circuló el “Manifiesto– programa del Directorio Estudiantil Universitario” (DEU). El 30, las  autoridades universitarias dictaminaron el aplazamiento indefinido del comienzo del curso académico 1930-1931.

En diciembre, el DEU organizó de nuevo manifestaciones para boicotear la orden del sátrapa de que la Universidad volviera a la normalidad docente. El 10, los intelectuales se solidarizaron con el DEU. El 11, fueron cesanteados 52 profesores. Finalmente, el 15, en un alarde de prepotencia, circuló un decreto presidencial que clausuraba a la Universidad, a los Institutos de Segunda Enseñanza y a las Escuelas Normales.

De inmediato, se presentaron denuncias judiciales que sustentaban la inconstitucionalidad del decreto. Se reactivaron continuos procesos de apelaciones. Sin embargo, la Universidad permaneció cerrada hasta septiembre de 1933.

Durante estos casi tres años, Lezama practicó el autodidactismo, mientras se formaba como un buen poeta y reafirmaba su afiliación antimachadista.

Por otra parte, no debería olvidarse que entre 1929 (inicio de la crisis económica mundial) y 1933, la situación económica nacional empeoró drásticamente. El desempleo tenía cifras elevadas. El hambre se generalizaba.

La familia sobrevivía con la modestísima pensión que cobraba doña Rosa. El joven Lezama alternaba las crisis de asma con muchas horas dedicadas a la lectura, una opción cultural muy fructífera, porque no se gastaba dinero. También recorría a diario las librerías de las calles Obispo y O Reilly. Sus amigos libreros lo dejaban curiosear las novedades y las rarezas; y hasta le fiaban. Visitaba, en particular, la librería La Victoria (Obispo, entre Habana y Compostela), donde se regodeaba con ediciones españolas y mexicanas y animaba una tertulia literaria en la trastienda.

2

El 12 de agosto de 1933 huyó Machado. Quizás, ese día haya sido uno de los más intensos en la historia republicana. Probablemente, pasó horas en la calle; ¿presenció algunas de las balaceras en las persecuciones a los machadistas, o algunos de los  saqueos de las residencias, o la destrucción del periódico Heraldo de Cuba?

Benjamín Sumner Welles, el diplomático estadounidense seleccionado por el presidente Franklin Delano Roosevelt para atender la crisis cubana, impuso a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada como nuevo presidente.

El 4 de septiembre ocurrió un movimiento político–militar, facilitado por el DEU, Céspedes renunció. Se estableció una pentarquía. El 9, el pentarca y periodista Sergio Carbó, sin consultar a los otros, ascendió al sargento–taquígrafo Fulgencio Batista al grado de coronel. Hubo protestas y por las renuncias desapareció esa forma de mandar. El 10, tomó posesión el profesor universitario y médico Ramón Grau San Martín como nuevo presidente; le tocaba organizar un gobierno revolucionario.

El 6 de octubre, Grau firmó el decreto 2059 por el que se concedía la autonomía universitaria y se abría una transición para reanudar la vida académica. En diciembre, los estudiantes exigieron la depuración de los profesores machadistas, el cogobierno, la docencia libre, la enseñanza experimental, nuevos planes de estudio, seminarios vocacionales, extensión universitaria, universidades populares para trabajadores.

En ese mismo espíritu, un grupo de artistas luchaban para que se organizara un Estudio Libre para la enseñanza de las artes plásticas . El lugar escogido era un terreno en las inmediaciones del Paseo Prado, donde había radicado la antigua cárcel habanera. El proyecto se materializaría en junio de 1937. Lezama lo visitaría de manera permanente, porque su amigo el pintor Mariano Rodríguez era uno de los colaboradores.

El 14 de enero de 1934, se inició el curso académico 1933–1934. Lezama podía regresar a la Facultad de Derecho, porque era uno de los tres mil beneficiarios de la matrícula gratis, una conquista ganada por la rebeldía estudiantil. De este modo, los pobres tenían la opción de ingresar y de continuar los estudios hasta graduarse.

La exigencia del alumnado había sido que la cifra de beneficiarios con la matrícula gratis se derivara de la aplicación del 33 por ciento al total de alumnos. Se determinaba una cantidad para los continuantes y otra para los nuevos ingresos. En un primer momento, se había reclamado también la posibilidad de alojamiento gratis para los que fueran del interior.

El 15 de enero, el coronel Fulgencio Batista dio un golpe de estado. Impuso al médico Carlos Mendieta como presidente. Pero, era de conocimiento público que el que mandaba era el flamante coronel, aconsejado por el embajador estadounidense Jefferson Caffery.

Batista odiaba al movimiento estudiantil y, por lo mismo, invalidó el decreto de la autonomía. Hizo paralizar toda iniciativa hasta donde pudo. Los alumnos beneficiados con la matrícula gratis fueron respetados. No obstante, comenzó a imponerse la tesis de que la cifra habría que reducirla a entre mil y mil quinientos a partir del próximo curso.

El 17 de noviembre se inauguró el curso 1934-1935. Lezama había conseguido mantenerse entre los favorecidos por la matrícula gratis, ya reducida a menos de la mitad en relación con enero. Quizás, estaba funcionando el principio ético de que quienes habían participado en la rebeldía antimachadista deberían ser ayudados para que pudieran graduarse.

En febrero de 1935, la Universidad se convirtió en uno de los centros políticos del enfrentamiento a Batista. Funcionaba el Comité de Huelga que preparaba las acciones decisivas contra la satrapía.

El 7 de marzo de 1935, la Universidad fue ocupada militarmente. Decenas de alumnos fueron encarcelados, o tuvieron que exilarse. Algunos fueron asesinados. Se aplicaron medidas de máxima represión fascista a la totalidad de la población habanera.

En 1936, ya consolidado en el poder por los crímenes, Batista inició un reciclaje de su imagen política. Hizo concesiones a los opositores. Esto posibilitó una disminución del terror y un esfuerzo acelerado por el retorno a una normalidad política.

Hubo un intento de reapertura de la institución en mayo de 1936; pero alumnos y profesores se habían negado a aceptar las imposiciones batistianas.

El 26 de marzo de 1937 se inauguró el curso académico 1936–1937. Después que el gobierno había aceptado la promulgación de una ley docente que devolvía la autonomía y permitía la elaboración de unos nuevos estatutos. No se había ganado la batalla del cogobierno, pero la FEU quedaba reconocida.

Entre 1937 y 1938, Lezama pudo examinar las asignaturas que le faltaban y graduarse. Dedicó tiempo a participar en la vida cultural universitaria. Perteneció a la Sociedad de Amigos de la Cultura Francesa y al consejo de redacción de la revista estudiantil Verbum (junio de 1937), en la cual, como un símbolo de los nuevos tiempos, colaboraron profesores como Emilio Fernández Camus, entonces decano y catedrático de Derecho Romano y de Filosofía del Derecho.

En agosto de 1938, se organizó en el Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana, la fraternidad estudiantil Iota–Eta, con el objetivo de involucrar a sus miembros en las labores de proselitismo cultural. A partir del curso 1938-1939, la fraternidad logró concretarse en la Universidad.

Cintio Vitier pertenecía a la sección de cultura de la Iota–Eta en la Facultad de Filosofía y Letras. El joven decidió preparar un recital de poesía para el 11 de febrero de 1939. Invitó a Mirta Aguirre, Lezama, Justo Rodríguez Santos y a Gastón Baquero. Guy Pérez de Cisneros, amigo de Lezama y crítico de arte, los presentó.

      

Lezama escogió poemas, que después incluyó en su libro Enemigo rumor (1941). En el momento del recital ya él no era un estudiante, pero seguía fiel al espíritu de solidaridad absoluta que lo había caracterizado desde que llegó a las aulas en septiembre de 1929.

En los nueve años de vida universitaria, Lezama hizo amistades con algunos dirigentes estudiantiles, quienes después serían personalidades de la política como Raúl Roa, José Antonio Portuondo, o Carlos Rafael Rodríguez. El afecto mutuo se mantendría como lo demuestra esta dedicatoria hecha por Roa:

“Te envío un ejemplar mexicano de tu arcangélico, ecuménico, socrático, barroco y criollo Paradiso, marcha extratemporal urdida a la sombra de un reloj de tierra, que ha puesto en tres y dos a tus congéneres criollos, de aquí, de allá y de acullá. Cargarás siempre la culpa de ser un monstruo de la escritura.”

La Habana, 15 de noviembre de 2010.

 

Ortiz contra las discriminaciones en Cuba y en el mundo
Por Ana Cairo

En la “Sociedad Económica de Amigos del País”,
que presidiera durante 9 años.>>

Ortiz adquirió una amplísima experiencia durante  los ocho años en que fue miembro de la Cámara de Representantes. Se enfrentó al machadato ya con la nueva estrategia de involucrarse en los grupos de presión (en la política estadounidense se les denominaba lobbys). Desde 1931, se  integró a la Junta de Nueva York, donde interactuaban  autónomamente  políticos de disímiles tendencias con relaciones muy variadas en los medios económicos,  políticos, gubernamentales y del Congreso. 

Ortiz eligió construir su red estadounidense en los círculos de intelectuales (los profesores universitarios, científicos y sobre todo periodistas) para que denunciaran sistemáticamente los crímenes de la dictadura y para que promovieran acciones solidarias con los exilados antimachadistas y con el pueblo cubano. 

Esta experiencia política para construir movimientos de opinión pública la utilizó, a partir del fin del machadato, para avanzar en el diseño de nuevas plataformas que  formaban puntos estratégicos de su proyecto regeneracionista, modernizador de la sociedad cubana, después de la derogación de la Enmienda Platt (mayo de 1934).

Lideró un movimiento de intelectuales pro nueva Convención Constituyente entre  septiembre de 1933 y noviembre de 1939 (fecha de la elección de los delegados). No estaba interesado en ser uno de ellos, porque había decidido no volver a enrolarse en los partidos políticos.

En 1937, cuando ya estaba consolidada la idea de la nueva convención, jerarquizó la fundación de la Sociedad de Lucha contra los Racismos,  desde la cual se podía combatir al unísono contra todo tipo de discriminaciones (género, color de la piel, religiosidad, étnica, laboral, cultural, etc.) en el ámbito nacional y era posible también enrolarse en el  antifascismo mundial. Por ejemplo, había que solidarizarse con el pueblo judío, o con los republicanos españoles, o con los combatientes contra Mussolini y Hitler. Había que ayudar a los refugiados.

El 28 de enero de 1940, Ortiz entregó  el manifiesto Contra las discriminaciones racistas a los delegados de la Convención Constituyente. En el texto se desarrollaban los tópicos que podían fundamentar la condena explícita de las discriminaciones en el articulado de la nueva Constitución. Como podrá apreciarse el manifiesto es  la primera fuente de dicho artículo y también ilustra cómo funcionaba el grupo de presión de la Sociedad de Lucha contra los Racismos.

El 10 de octubre de 1940, entró en vigor la Constitución.  Entonces, la prioridad estaba en el proyecto de ley que debía normar la lucha contra los delitos discriminatorios. La estrategia del grupo de presión se tornaba indirecta y soterrada, porque debía hacerse a través de una asesoría especializada a varios congresistas y personalidades sindicales

El 11 de enero de 1941, un grupo de comunistas liderados por Blas Roca y Lázaro Peña firmaron el proyecto de ley. Hasta el golpe de Estado batistiano del 10 de marzo de 1952, que canceló ese debate, por más de diez años, se estuvieron elaborando distintos proyectos de ley. Ninguno fue aprobado. Ortiz decidió publicar aquel primer proyecto de ley en la  revista de Estudios Afrocubanos para garantizar la difusión sobre este esfuerzo político continuo.

Por similares razones, circuló el  Acta de Constitución del Instituto de Estudios Afroamericanos (1943), con sede en México D. F., Dos intelectuales cubanos sirvieron de coordinadores para que el grupo de presión de la Sociedad de Estudios Afrocubanos pudiera desarrollar la aspiración de ser contraparte en una organización continental.

Esta idea se inspiraba en el proyecto de defensa de los derechos culturales de los pueblos aborígenes. Los  antropólogos indigenistas mexicanos habían logrado la fundación de una organización continental, que preconizaba políticas educacionales y culturales para difundir el patrimonio de los pueblos prehispánicos y para legitimar la autoestima, el orgullo por sus aportes y los derechos de los  pueblos descendientes de ellos.

Ortiz pertenecía a ese proyecto académico continental y aprovechó una de sus estancias en un congreso en México, para encargarle a Julio Le Riverend y Jorge Vivó, que le sirvieran como coordinadores y voceros.

El joven historiador Julio Le Riverend era becario en el Colegio de México. El profesor universitario Jorge Vivó  estaba retirado de la política; había sido dirigente del Primer Partido Comunista Cubano del que se había separado en 1937, cuando se estableció en la capital azteca. En la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, una biblioteca lleva su nombre.

Le Riverend y Vivó cumplieron fielmente el encargo de Ortiz, porque lograron incluso integrar la directiva continental.

Ortiz se mantuvo como un movilizador de los intelectuales, en Cuba, en el continente, en el mundo. Una vez terminada la batalla antifascista, se  sumó a las de preservar la paz, contra las bombas atómicas; se negó a enrolarse en la histeria  antisoviética y anticomunistas de la guerra fría.

Deberíamos estudiar más sus estrategias movilizativas como un artífice de opinión pública y para conformar equipos solidarios de intelectuales, capaces de transformar las ideas y los deseos en praxis política.

Contra las discriminaciones racistas

Con motivo de tratarse de la reforma constitucional de la República de Cuba, hubo de solicitarse la opinión de la Asociación contra las Discriminaciones Racistas, de La Habana, que presidía el Dr. Fernando Ortiz. La Asociación susodicha respondió en el siguiente manifiesto dirigido a los miembros de dicha Asamblea Constituyente:

Manifiesto de la “Asociación contra las Discriminaciones Racistas”

La discriminación que, motivada por el color de su piel y su posición social, sufre en Cuba más de un tercio de la población nativa, despojada de sus legítimos derechos por y para ventaja del grupo social de piel más blanca, formado históricamente por el cruce de las dos razas que han aportado su mayor caudal a la población y colonización de la Isla, es, por su permanencia y notoriedad, de aquellas que nadie puede negar ni discutir.

Oriunda de la esclavitud, la discriminación que padece el negro cubano como supervivencia del régimen de producción establecido en el país por el colonizador, sigue siendo entre nosotros la expresión subjetiva de una supuesta superioridad racial, de donde el conquistador primero y sus descendientes después, han construido para su beneficio, un criterio que explique y justifique su pretendido derecho de despojar al negro del fruto legítimo de su trabajo, mantenerle en la ignorancia y hacerle víctima de todo género de humillaciones.

No obstante el valor y la enorme significación social que el trabajo acumulado y no retribuido de más de un millón de seres humanos representa para el desarrollo histórico de la nación y de la clase privilegiada que lo usufructúa –puesto que una concepción objetivista de la sociedad y la historia reivindica para la esclavitud, como sistema social de producción, el carácter de factor fundamental y genético de la civilización y el progreso humanos–, el negro de Cuba, lejos de merecer la estimación y el respeto de sus connacionales por la amarga y penosa tarea que en este país le impuso su destino histórico, tiene como única recompensa a cuanto le debe esta patria –levantada sobre sus sufrimientos de casi cinco siglos– el menosprecio gratuito de los que, aun emparentados por la sangre, se han erigido en casta superior, expropiándole inicuamente el producto de su trabajo.

Frente a esta negrofobia injustificable, el negro ha ido expresando a través del tiempo su enérgica protesta, casi siempre asistida por la adhesión de espíritus progresistas, honrados y previsores, no negros, pero sinceramente interesados en una verdadera y genuina confraternidad cubana.

Del seno de estos, y del de aquellos negros honradamente afanosos por eliminar de nuestro medio social toda manifestación prejuiciosa motivada por la raza o el color, ha nacido una institución denominada: Asociación contra las Discriminaciones Racistas.

Esta Asociación considera que todo criterio y actitud discriminativos son a más de anticientíficos y contrarios a los principios democráticos proclamados por los revolucionarios de la pasada centuria en su lucha contra el coloniaje, rémoras perturbadoras de la existencia nacional. Y sus actividades no se limitan a combatir tales prejuicios dentro de sus marcos nacionales, sino también a destruir por medio de una crítica pública, tan enérgica como serena, ciertas teorías políticas recién importadas, que reclaman para determinada raza –conceptuada como superior por los corifeos de esa doctrina–, el predominio del mundo y la subordinación de los demás pueblos y razas tachados de inferiores.

Cumpliendo tal responsabilidad, esta Institución estima que ninguna ocasión es más propicia e insoslayable para resolver tan graves problemas, que esta que nos ofrece la inmediata Convención Constituyente.

Por eso se ratifica aquí la convicción de que los representantes del pueblo en esa Asamblea histórica no habrán cumplido su deber en este punto, sino cuando hayan insertado en la nueva Constitución, preceptos claros que castiguen, expresa e inflexiblemente, toda manifestación discriminatoria contra persona por motivo de color o raza.

Importa recalcar sobre la precisión objetiva de tales preceptos y penas, que son absolutamente indispensables para remediar la vaguedad infructuosa del artículo 11 de la Constitución de 1901, donde la idealista buena fe de algunos delegados y la calculadora demagogia de otros suprimieron teóricamente todas las diferencias de castas y razas, que en la realidad de nuestra vida republicana siguieron existiendo como en la época colonial.

La función social de las constituciones es, justamente, la de establecer un sistema de garantías para todos los ciudadanos que conviven dentro del Estado y una recíproca protección para sus intereses respectivos. La nueva Constitución, ha de tener en cuenta la realidad que vive el negro cubano, impedido de ganarse la vida en determinadas fuentes de trabajo, privadas unas (empresas de transporte, restoranes, cafés, etc.) y del Estado otras (carrera judicial, carrera diplomática, alta docencia, etc.) y rechazado en el acceso a ciertos establecimientos de servicio público, incluyendo centros de enseñanza.

Casos como el no remoto del Hotel Saratoga y el aún más reciente del Casino Deportivo de La Habana son, entre otros mil, dos síntomas evidentes de esta realidad vergonzosa.

Impedir la continuación de semejante estado social, que atenta a los derechos de una parte del pueblo y a la dignidad de todo él, es obligación ineludible de la nueva Constituyente.

En tal virtud la Asociación contra las Discriminaciones Racistas se dirige a Ud., a quien supone sinceramente interesado en el progreso y la prosperidad de nuestro país, y en posesión de un levantado espíritu de justicia, para rogarle de su cooperación decidida a este empeño que debe ligarnos a cuantos, por sobre absurdos y mezquinos convencionalismos, anhelamos ver a Cuba libre de tantas lacras coloniales.

La Habana, enero 28, 1940.

Dr. Fernando Ortiz,
Presidente.

Tomado de: Estudios afrocubanos, volumen 5, 1945-1946, pp. 232-235.

Proyecto de ley antirracista

Para cumplir lo dispuesto en los preceptos de la Constitución de 1940, fue presentado al Congreso el siguiente Proyecto de Ley:

A la cámara.

Por cuanto: La vigente Constitución de la República establece en su Artículo 10, inciso (a) el derecho del ciudadano “a residir en su patria, sin que sea objeto de discriminación ni extorsión alguna no importa cuales sean su raza, clase, opinión política o creencias religiosas”.

Por cuanto: El Artículo 20 de la propia Constitución consagra el principio de la igualdad sin privilegios de todos los cubanos, y “declara ilegal y punible toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase, y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana”.

Por cuanto: En el Artículo 74 se atiende a evitar las prácticas discriminatorias en la distribución de oportunidades de trabajo en la industria y el comercio.

Por cuanto: La discriminación producida por el prejuicio racial se manifiesta evidente y perniciosamente, en muchos otros sectores de la vida nacional, tales como la enseñanza, el disfrute de lugares, servicios y establecimientos públicos, el trabajo dependiente de organismos oficiales, etc.

Por cuanto: La disposición transitoria única al Título Tercero de la Constitución ordena la aprobación de la ley que establezca las sanciones correspondientes a las violaciones del Art. 20.

Por cuanto: Es urgente asegurar con la igualdad ciudadana la democracia verdadera, cumpliendo el mandato constitucional.

Por tanto: Los Representantes que suscriben, tienen el honor de presentar a la consideración y aprobación de la Cámara la siguiente

PROPOSICIÓN DE LEY:

Art. 1. —A los efectos de lo preceptuado por la Constitución en su Art. 20, constituye delito de discriminación, toda disposición o acto, de autoridad o particular, que en cualquier forma niegue o restrinja la igualdad de derechos, estableciendo privilegios o pretericiones para los ciudadanos por razón de su raza o color.

Asimismo constituye delito de discriminación, el propagar en cualquier forma y por cualesquiera medios, doctrinas o conceptos de exclusivismos y superioridad racial, odio o desdén para los individuos de determinada raza o color.

Art. 2. —Cometen delito de discriminación:

a) Los que de cualquier modo impidan o intenten impedir a individuos de determinada raza o color, pasear, transitar o permanecer en lugares de uso público, tales como calles, parques, plazas, etc., o pretendan fijarles para ello porción exclusiva o aislada de dichos lugares.

b) Los que pretendan impedir a los ciudadanos, por razón de su raza o color, avecindarse en determinado barrio o lugar, o traten, por lo contrario, de obligarles a hacerlo en uno determinado.

Están comprendidos en esta definición los propietarios, gerentes, subarrendadores o encargados de casas de alquiler, hoteles u otros establecimientos análogos, que con cualquier pretexto rechazaren a personas de una raza o color, cuando en iguales condiciones y circunstancias negociaren con las de otro color o raza.

c) El propietario, gerente o encargado de establecimiento comercial, espectáculo público, balneario, playa o establecimientos análogos, en que se negaren servicios o se obstaculizare con cualquier pretexto o subterfugio la entrada o permanencia de cualquier persona, siempre que, en igualdad de circunstancias y condiciones, se facilitaren dichos servicios o acceso a personas de otra raza, color o clase social.

d) El propietario, director o encargado de establecimiento de enseñanza oficial o privada, que, alegando el exceso de matrículas o cualquier otro pretexto cuya falsedad se demostrare, impidiese el ingreso en el mismo, de personas de determinada raza, color o clase, o estableciese diferencias, exclusiones o privilegios en las actividades del plantel, por razón de la raza, color o clase de los alumnos.

e) Los que, existiendo posibilidad de trabajo en empresas industriales, comerciales, etc., la negaren a cualquier ciudadano apto, por motivo de raza, o color. Y los que asimismo procedieren respecto de empleos en dependencias del Estado, Provincia o Municipio (tanto para los nombramientos como para los ascensos), cuando el aspirante hubiere cumplido los requisitos legales al efecto.

f) Los que profirieren expresiones o ejecutaren actos en menosprecio o injuria de las personas de una raza determinada o propagaren ideas de inferioridad o superioridad de los individuos de una raza o color, o atentaren de cualquier modo contra el principio de la igualdad de derechos para los ciudadanos de todos los colores o razas.

Art. 3. —El delito de discriminación definido y especificado en los artículos precedentes, será sancionado con prisión de 6 meses a 3 años en los establecimientos penales correspondientes.

Si al cometer el delito de discriminación se emplease agresión contra las personas, la sanción será de 3 años, salvo que la agresión diera lugar a un delito de mayor entidad.

En caso de reincidencia se aplicará el doble de la pena anteriormente impuesta; y además:

a) Si el reincidente fuese propietario, gerente o director de establecimiento comercial, industrial o docente, le será retirada la licencia de que disfrute, reservándose el Estado, la Provincia o el Municipio el derecho de encargarse de su administración y sostenimiento si lo estimase conveniente.

b) Si el reincidente fuese autoridad o funcionario del Estado, la Provincia o el Municipio, será destituido e inhabilitado por 4 años para el ejercicio de funciones públicas.

Art. 4.—Al objeto de fomentar el espíritu de fraternidad entre los individuos de diferente raza o color, combatiendo los prejuicios y las falsas ideas de exclusivismo o superioridad racial y de odio, desdén o desconfianza contra determinada raza o color que ha quedado en Cuba como legado de la opresión esclavista, se crea el Instituto Cubano de Cooperación Interracial.

A este fin el Instituto desarrollará las siguientes actividades:

a) Realizará una intensa propaganda explicando al pueblo los descubrimientos y teorías científicas que demuestran la falsedad de las hipótesis sobre la pretendida superioridad de unas razas sobre otras.

b) Vigilará de acuerdo con el Consejo Nacional de Educación la enseñanza pública y privada con el objeto de que toda educación impartida en las escuelas de la República se dirija a combatir los prejuicios raciales.

c) Divulgará la participación de nuestros antecesores negros en las luchas por la independencia y la contribución de los ciudadanos negros a la cultura cubana.

La organización y funcionamiento del Instituto Cubano de Cooperación Interracial estará a cargo del Ministerio de Educación.

La existencia del Instituto de Cooperación Interracial no podrá tomarse como pretexto para coartar o impedir otra forma de lucha legítima de los ciudadanos blancos y negros, por asegurar en nuestro país la igualdad absoluta entre los hombres de toda raza o color.

Art. 5. —Quedan derogados todos los decretos, leyes, reglamentos, disposiciones, etc., que se opongan a lo preceptuado en esta Ley.

Salón de Sesiones de la Cámara de Representantes, enero 11 de 1941.

(f) Blas Roca. —Salvador García Agüero. —Lázaro Peña. —José Maceo. —José María Pérez.

(Este proyecto todavía no ha sido discutido por el Congreso; pero ya ha sido dictaminado favorablemente con algunas modificaciones.)

Tomado de: Estudios afrocubanos, volumen 5, 1945-1946, pp. 235-238.

 

Acta de constitución del Instituto Internacional de Estudios Afroamericanos

En el Castillo de Chapultepec, ciudad de México, a los veinte días del mes de octubre de mil novecientos cuarenta y tres, y correspondiendo al deseo unánime expresado en las sesiones del Primer Congreso Demográfico Interamericano en el sentido de favorecer los estudios científicos referentes a las poblaciones negras de América, los que suscriben el presente documento han procedido a constituir para su funcionamiento desde esta misma fecha una entidad con la denominación de Instituto Internacional de Estudios Afroamericanos, la cual se regirá por los Estatutos que se unen a la presente acta como parte integrante de la misma.

Asimismo, se acordó nombrar el Comité Ejecutivo, con carácter provisional, eligiéndose a ese efecto a las siguientes personas:

Director: Dr. Fernando Ortiz.
Vice-Director: Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán.
Secretario: Dr. Jacques Roumain.
Tesorero: Dr. Daniel F. Rubin de la Borbolla.
Jefe de Publicaciones: Dr. Jorge A. Vivó.
Consultores: Prof.  Carlos Basauri,  Dr. Alfonso
Caso, Prof. Miguel Covarrubias, Dr. Melville
J. Herskovits, Dr. Alien Locke, Dr. Renato F.
M. de Mendonca, Dr. Arthur Ramos y Dr.
Julio Le Riverend.

Asimismo, se acordó autorizar al Comité Ejecutivo para que, con el carácter de Comisión Organizadora, designe en un término no mayor de un año a las personas que integrarán el Primer Consejo Directivo, las cuales tendrán el carácter de miembros fundadores así como quienes suscriben la presente acta.

Y, para que conste, se extiende la presente, que firman a continuación:

Gonzalo Aguirre Beltrán.—Carlos Basauri.—Alfonso Caso.— Miguel Covarrubias.—Roberto Mac-Lean Estenós.—Renato F. M. de Mendonca.—Fernando Ortiz.—Julio Le Riverend.—Jacques Roumain.—Daniel F. Rubin de la Borbolla.—Jorge A Vivó.

* * *

Han transcurrido dos años desde la fundación del Instituto. Las dificultades creadas por la guerra en todos los ámbitos del mundo retrasaron la organización efectiva del nuevo centro científico internacional, pero han sido ya vencidas. Hoy podemos anunciar que ya han sido publicados varios números de la revista científica Afroamérica, publicación de dicho Instituto. Quienes deseen más datos acerca de este y de su revista puede pedirlos a su dirección:   Moneda No. 13, México, D. F.

Tomado de: Estudios afrocubanos, volumen 5, 1945-1946, pp. 242-243.

 

Mañach, cronista en 1959 y 1960
Por Ana Cairo

1

El azar quiso que por dos veces un 25 de junio tuviera significación en la vida de Jorge Mañach.  En el de 1933,  el día fue muy alegre porque un grupo de intelectuales le ofreció un banquete en el hotel Florida (calle de Obispo), a modo de homenaje con motivo del éxito nacional y latinoamericano alcanzado por la biografía Martí, el apóstol (1932), publicada en España.

Mañach junto a María Teresa Freyre de Andrade
y otros intelectuales (Biblioteca Nacional, 1959).>>

En el  de 1961, falleció, víctima de un cáncer, en San Juan de Puerto Rico. Margot Baños, la esposa, y Jorge, el único hijo (médico) lo acompañaban.

Mañach se había opuesto al golpe de estado del 10 de marzo de 1952, que instauró un segundo batistato. El 5 de mayo, un grupo de pandilleros al servicio de la dictadura había asaltado su programa radial “La Universidad del Aire”, en el que se impartía un curso con motivo del cincuentenario de la instauración de la República de Cuba. Él y el profesor Elías Entralgo (el conferencista) fueron atropellados. Hubo varios estudiantes golpeados; uno de ellos fue Armando Hart.

Entre 1952 y 1953, utilizó los discursos y el periodismo, asociados al centenario del natalicio de José Martí, para denunciar a la tiranía batistiana.

En 1954, escribió “Breve introducción a La historia me absolverá”, que sirvió de prefacio a la primera edición clandestina del alegato de Fidel Castro.

En 1955, estuvo entre los impulsores de la Sociedad Amigos de la República, que aspiraban a encontrar una salida pacífica a la crisis institucional.

La Universidad cerró las aulas por tiempo indefinido a partir del 3 de diciembre de 1956.  Meses después, se estableció en España, donde permaneció hasta marzo de 1959. Se ha dicho que allí le fue diagnosticada la enfermedad.

Le solicitaron  “El drama de Cuba”, que se publicó en París (mayo-junio de 1958); la censura no permitió su publicación en La Habana. El texto fue incluido en el número especial del semanario Bohemia, con el que se iniciaba la triada conocida como la “Edición de la Libertad” (11 de enero de 1959). La tirada certificada de Bohemia fue de un millón de ejemplares; de este modo, se convirtió en el ensayo más reproducido del siglo XX.

2

Cuando Mañach  retornó a Cuba en marzo de 1959, se incorporó a sus labores habituales en la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad de la Habana y al periodismo. Escribía semanalmente en Bohemia y tenía una columna en el Diario de la Marina.También aparecía esporádicamente en el programa televisivo “Ante la prensa”, que él había fundado en los inicios de los cincuenta.

El 19 de mayo de 1959, aniversario de la muerte de José Martí, en la Escalinata de la Universidad, Mañach  realizó la primera velada de la Operación Cultura, coordinada por la Federación Estudiantil Universitaria, para festejar la apertura del curso académico (ocurrida el 17). En sus palabras, aludió a la fecha; presentó a la actriz Carmina Benguria, quien leyó unos poemas del Apóstol, y después él pronunció una conferencia sobre el paisaje en la cultura cubana.

En julio, saludó el regreso definitivo a Cuba de Alejo Carpentier, a quien consideraba una de las grandes personalidades de nuestra cultura y de América Latina.

Preparó una antología de textos martianos, a solicitud de Carpentier, para el primer  Festival del Libro Cubano y Latinoamericano, que tuvo varias reimpresiones de miles de ejemplares.

Desde que Mañach impartió el curso “El espíritu de Marti“(1950, Aula Magna de la Universidad), dentro de las acciones pro  centenario del natalicio, tenía el propósito de escribir una nueva biografía.

Quizás, la convulsa situación creada con el golpe de estado de 1952, determinó que pospusiera ese deseo. Entre 1959 y 1960, ya no tenía salud para enrolarse en tan complejo proyecto. De todos modos, actualizó la biografía de 1932. Esta última versión ha sido reeditada por la Editorial de Ciencias Sociales.

En la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, se conserva la edición mimeografiada de  El espíritu de Martí. En la colección Mañach del Archivo Literario del Instituto de Literatura y Lingüística, están las conferencias mecanuscritas con múltiples  arreglos; además, existen las cartas cruzadas con la comunidad martiana y con otros lectores de la biografía de 1932.

Mañach había tenido la suerte de  entrevistar a Amelia Martí (una de las hermanas); de ser amigo íntimo de José Francisco Martí Zayas-Bazán (el hijo); de conversar con Blanche Zacharie de Baralt (una de las amigas); de acceder a todo lo investigado por Félix Lizaso y Juan Marinello; de interactuar con  los otros profesores universitarios que habían escrito sobre el héroe hasta la década de 1950; entre ellos: Raimundo Lazo, Herminio Portell Vilá, Luis Baralt, Roberto Agramonte y Alfonso Bernal del Riesgo.

3

En febrero de 1960, integró el jurado (género ensayo) del primer  Premio Casa de las Américas. Sirvió de anfitrión, en nombre del claustro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad, a Jean Paul Sartre, cuando este quiso reunirse con los estudiantes; explicó quién era el filósofo francés y organizó el intercambio de opiniones.

Conmocionado por el sabotaje al vapor francés La Coubre  (4 de marzo), crimen en el que murieron decenas de cubanos, escribió “Déjennos en paz” para Bohemia. El emotivo texto complementaba a la sección En Cuba, en la que aparecía una reconstrucción de los hechos ilustrados con fotografías.  El dossier fue reproducido en numerosos lugares de América Latina.

En agosto de 1960, rindió homenaje a su amigo, el filósofo Medardo Vitier, quien había fallecido.

En los primeros meses del curso 1960-1961, ocurrió un incidente lamentable a propósito de su jubilación como profesor universitario. Se ha dicho que se le sugirió dicha opción en atención a la enfermedad. Él protestó. Finalmente, se acordó que él decidiera libremente. Eligió jubilarse, porque así no tendría que solicitar una licencia por varios meses.

Luis Múñoz  Marín, gobernador de Puerto Rico, lo invitaba a que dictara un curso universitario en San Juan. Partió con su esposa.

El Gobierno Revolucionario había ordenado que se le facilitaran todos los trámites.
Los intelectuales amigos deseaban que al finalizar el curso retornara; ellos querían que muriera aquí. Desde el aeropuerto de Rancho Boyeros, telefoneó a la casa de Juan Marinello, quien lamentablemente no se encontraba.

En 1961, Mañach se agravó. El hijo marchó a San Juan para atenderlo.

Se ha dicho que estuvo trabajando con disciplina en las conferencias; aunque ya sabía que no tendría fuerzas para impartir el curso. De este modo, correspondía a la gentileza del trato respetuoso que había ordenado Múñoz Marín, a quien conocía  desde  los años treinta en los Estados Unidos.

Mañach  había tenido relaciones contradictorias con los intelectuales puertorriqueños. En la Universidad de Harvard (década de 1910),  se había convertido en amigo de Pedro Campos, quien después  había cambiado su nombre a Pedro Albizu Campos (al ser reconocido legalmente por el padre). En 1927 y 1928, durante las dos visitas de don Pedro a La Habana lo ayudó en todo lo posible.

En 1950, cuando Albizu fue de nuevo encarcelado, Mañach escribió en solidaridad con su viejo amigo de Harvard. Pero, también, explicó que le parecía interesante el proyecto reformista de los adversarios liderados por Múñoz Marín.

4

Los textos de Mañach, entre marzo de 1959 y finales de agosto de  1960,  podrían ser muy interesantes para estudiar las contradicciones de los pensamientos y las praxis de los intelectuales liberales, quienes se autorrepresentaban en la  derecha.

Por ser un civilista antibatistiano, un amigo personal de Eduardo Chibás y un ex miembro fundador del Partido Ortodoxo, Mañach  estaba feliz con la victoria del 1 de enero y defendía al Gobierno Revolucionario.

Combatía  todas las formas de corrupción y creía en el adecentamiento público. Por lo mismo, todo lo que fuera la recuperación de bienes malversados estaba legitimado. Eso ayudaba a crear nuevas bases para salir de la profunda crisis moral, que había desencadenado el golpe de estado de 1952.

Tenía conciencia de que estaba en el bando de una derecha liberal, todavía creyente en proyectos regeneracionistas modernizadores para salvar la república burguesa.

Como se evidenciaba en su prefacio a La historia me absolverá, admiraba la valentía, la audacia y la inteligencia de Fidel Castro.

El 4 de abril de 1959, publicó “El ángel de Fidel” en el Diario de la Marina.Estudiaba el carisma del líder. Inventó un personaje para dialogar. Ambos habían visto a Fidel hablando por la televisión varias horas. El interlocutor conservador opinaba:

Este muchacho me tiene desconcertado. Hay momentos, muchos momentos, como esta noche, en que le escucho con algo más que simpatía: con una profunda emoción. Se le ve tan sincero, tan férvido, tan entregado a su causa, tan manifiestamente animado de un anhelo de justicia, de dignidad y de bienestar para todos, que parece realmente un milagro humano… Sí, un milagro cubano. Algo como Martí. Pero…
– ¿Pero?
– Luego me sacudo de ese trance casi hipnótico en que sus palabras lo ponen a uno. Pondero ciertas manifestaciones, comparo la realidad con las cosas que dice, exploro, sobre todo, el sentido que tienen (o que no tienen) ciertos argumentos, particularmente de orden económico… Y te confieso que entonces me alarmo, disiento, me pregunto si no estará construyendo peligrosamente una utopía sobre premisas hijas de su deseo más que de la realidad…Y eso me tiene sometido a un conflicto interior.

El personaje Mañach estimaba que:

Por de pronto es cierto eso que Fidel “seduce”. Yo diría que tiene eso que los españoles llaman “angel”. Un ángel dialéctico y hasta de espada flamígera como los del paraíso. Pero ángel. A veces se le percibe como en un revuelo de alas. Otras, en la fulguración, en el blandir del anatema. ¡Y qué fuerza de persuasión!
[…]
Te diré. Nos hemos pasado la vida (al menos me la he pasado yo como escritor público) pidiendo una honda y total rectificación de la vida cubana. Más de una vez escribí que esto necesitaba “una cura de caballo”, “una cura de sal y vinagre”. Y ahora que eso ha llegado me parece de canijos asustarse…
– Pero ¿son de veras rectificaciones?
– ¡Qué duda cabe! Por lo pronto, la Revolución ha logrado ya aquello que Martí pedía: poner de moda la virtud. Y yo creo que esa proscripción de la venalidad, de la frivolidad, de la irresponsabilidad, ha llegado con tal fuerza acumulada de voluntad y con tanto ímpetu, que no va ser una simple “moda” pasajera.
– ¿Y qué más?
– Eso es algo cardinal. Otra cosa cardinal es esta: la vida pública cubana, cuando no fue siniestra y sórdida, como en los últimos años, era algo chato, menguado, sin nobleza alguna en los empeños. No había voluntad de nación. Vivíamos, a lo sumo, acogidos a un optimismo rutinario, con el cuento aquel de que la isla era de corcho… Ahora hay alturas de propósitos en el ambiente, voluntad creadora, decisión de ser… Esto me parece enorme. Al lado de eso, todo lo demás cuenta muy poco.
[…]
[…] Una revolución democrática como esta no es cosa que pueda hacerse que pueda hacerse si desquiciamientos, sin desajustes, sin riesgos más o menos graves. […] Lo que importa es la visión global –no mirar las cosas desde el ángulo estrecho de los personales intereses– y la visión histórica: no contemplarlas en relación con el hoy, sino con el mañana.

5

Por haber sido miembro de la Convención Constituyente de 1940 y uno de los redactores, junto con Juan Marinello, de la última versión del texto para garantizar una alta calidad de estilo, defendió la primera Ley Constitucional de Reforma Agraria (17 de mayo) que  implementaba el cumplimiento de la proscripción de los latifundios y entregaba tierras a miles de campesinos.

Apoyó la reforma integral de la enseñanza y abogó porque se aprovechara para inculcar los mejores valores patrióticos.

En “La estrella en el mástil”, felicitó a Raúl Roa, Ministro de Estado, por la nota diplomática al gobierno de los Estados Unidos, en defensa de la soberanía nacional.

En resumen, Mañach fue coherente con los principios de un liberalismo democrático regeneracionista. Se dio cuenta de que la radicalización antimperialista sería inevitable y que esta impondría una opción socialista, porque el gobierno de los Estados Unidos se había declarado enemigo muy belicoso de los cambios esenciales que necesitaba Cuba.

En el verano de 1960, con las nacionalizaciones de las grandes empresas extranjeras  (agosto)  y las cubanas (octubre), las opciones de un proyecto nacionalista de matrices liberales  quedaban legítimamente canceladas.

Mañach era un pensador anticomunista lúcido, honesto, desde los años veinte. A las puertas de la muerte, no podía actuar como un vulgar oportunista cambiando de bando. En Miami, estaban mayoritariamente los batistianos, quienes seguían siendo los principales enemigos; en San Juan,  podría  esperar con tranquilidad a que le llegara una muerte liberadora.

La Habana, 12  de junio de 2011. 

 

Zenea, un ilustrado romántico
Por Ana Cairo

Fototeca de la BNCJM.>>

                                           I

Al amanecer del  25 de agosto de 1871, Juan Clemente Zenea Fornaris fue fusilado por el ejército español, en el llamado Foso de los Laureles de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña. La noticia impactó a la comunidad de intelectuales cubanos en distintos países.

En Madrid, José Martí le dedicaba una elegía inconclusa. En Nueva York, Enrique Piñeyro (su compañero de claustro profesoral en el colegio habanero El Salvador, que había fundado José de la Luz y Caballero) se aprestaba a construir el mito del poeta mártir. En México, Pedro Santacilia ayudaba a preparar veladas para defender la legitimidad de la Revolución de 1868 y recordar al amigo, también muy querido por otros intelectuales cercanos al Presidente don Benito Juárez.

Han transcurrido 140 años y la sola mención del hecho prosigue estimulando el debate historiográfico. En la década de 1960, José Lezama Lima reconocía en un ensayo que el caso de  Juan Clemente se mantenía en el filo muy complejo de una navaja patriótica. Podía ser un mártir fusilado por los españoles; o podía ser un colaboracionista,  que de haber sido puesto en libertad por la metrópoli, podía haber sido juzgado severamente por los independentistas cubanos.

En la década de 1980,  Paul Estrade (historiador francés) publicó algunos de los pagarés firmados por el poeta, que se conservaban en archivos peninsulares. En la propia década, Cintio Vitier  aportaba un libro para vindicarlo, porque pensaba que había cometido errores graves, pero que no había traicionado.

En el inicio de la década de 1990, el dramaturgo Abilio Estévez problematizó cuáles podrían ser las verdaderas culpas de Zenea, en una perspectiva cercana al texto de Lezama Lima. Abelardo Estorino asumió el estreno de la obra, de la cual se preparó una versión para la televisión.

II

Hay unanimidad de criterios en torno a que Zenea fue uno de los grandes en la segunda generación de intelectuales ilustrados románticos. Era un  periodista muy versátil, un gestor de publicaciones literarias y políticas, un excelente traductor del inglés y del francés. Tenía mucho oficio como poeta. Su credo estilístico podría verse con anticipaciones y convergencias  próximas a las búsquedas de algunos creadores franceses, ingleses y estadounidenses. Juan Clemente lo sintetizaba con  una alusión político-humorística: “yo le doy mucho machete a mis versos”.

Su padre había sido un oficial del ejército español que prestaba servicios en la ciudad de Bayamo hacia 1831. Allí, conoció a la familia del futuro poeta “siboneyista” José Fornaris. Se hizo novio de una de las hermanas; pero, resultó una víctima de otra,  quien con decisión y astucia suplantó a la verdadera novia durante un encuentro sexual fortuito. La joven quedó embarazada. El militar aceptó honorablemente las consecuencias del enredo amoroso y se casó. El 24 de febrero de 1832, nació Juan Clemente, a quien el padre formó como músico (flautista).

En la década de 1890, el narrador Nicolás Heredia conoció la historia de lo acontecido en Bayamo y utilizó este motivo de las dos hermanas Fornaris enamoradas del militar, como fuente para uno de los episodios de su novela Leonela (1893).

III

Desde 1845, Juan Clemente vivía con su padre en La Habana. Cuatro años después ya publicaba versos,  traducía  y colaboraba  en publicaciones. El joven se enamoró de la artista estadounidense Ada Menken. Juntos recitaban poemas de creadores ingleses durante los paseos habaneros.

Las dos expediciones anexionistas del general Narciso López  motivaron el temprano  alineamiento político del creador. Cuando el venezolano fue hecho prisionero y finalmente ejecutado en 1851, Zenea escribió dos poemas. En “16 de agosto de 1851 en La Habana”,  denunció cómo las autoridades organizaron un aquelarre de criminalidad colectiva (ofensivo a la dignidad humana). Los colonialistas imponían una cultura del terror a la población capitalina.

Dichos excesos criminales adelantaban los fines y las técnicas de la orgía del terror que se organizaría en los primeros años de la Revolución de 1868. Estos podrían  ayudar a la comprensión de una lógica de la  dominación, concebida como una escalada de crueldades.  Los diplomáticos españoles en el extranjero tenían instrucciones de buscar ingenuos, o  indecisos, o negociantes, para tramitar algunos ofrecimientos de concordia pacificadora. En Madrid,  los políticos utilizaban artimañas parecidas. Sin embargo,  en Cuba, el ejército y las fuerzas paramilitares de los batallones de voluntarios en las ciudades, y los “rayadillos” en las zonas rurales, tenían  órdenes de aplicar la máxima violencia contra todos los cubanos, beligerantes o no.

El propio Zenea  se convirtió en una víctima, porque creyó en las garantías del diplomático español en Nueva York. Ya preso, durante más de ocho meses, se convenció de que su muerte estaba decidida de antemano. La demora en ejecutarla formaba parte de los placeres de la crueldad.

Nueva York, N. Ponce de León, translator & printer, 40 & 42, Broadway, 1873. >>

El punto más alto de esta escalada criminal ocurrió tres meses después: el asesinato, por un macabro sorteo, de los ocho estudiantes del primer año de la carrera de Medicina (27 de noviembre de 1871).

José Ignacio Rodríguez  era otro de los profesores del colegio El Salvador. Se había exilado en los Estados Unidos desde 1869. Estaba tan indignado con las noticias que decidió llevar un registro minucioso, con fecha y lugares de las atrocidades. Néstor Ponce de León continuó la labor. Finalmente,  sin autor, se publicó en inglés el Libro de  sangre (1873), una prueba irrefutable de que la criminalidad sistemática era uno de los modos de la guerra total contra los cubanos.

La difusión internacional del volumen encolerizó a los políticos españoles, quienes se ocuparon entonces de evitar que trascendieran hechos tan denigrantes para la imagen pública de la monarquía.

En la vida republicana, don Fernando Ortiz se ocupó de la edición en español del Libro de sangre y de la identificación de sus dos autores al incluirlo en la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos o Raros (1913-1929).

  
Páginas 27 y 28 del Libro de sangre, en las que se registran los asesinatos de Zenea y los estudiantes de Medicina.

El libro de sangre actualmente es un texto desconocido. No obstante, influyó en el diseño de un periodismo investigativo en torno a los crímenes de la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933), y después, a los de Fulgencio Batista (1934-1938, 1952- 1958).

IV

Zenea se afilió al separatismo en 1851. Era uno de los periodistas clandestinos. Al año siguiente, se exilió en Nueva Orleáns, donde siguió escribiendo en la prensa insurgente. Allí, conoció al poeta santiaguero Pedro Santacilia  y al político mexicano don Benito Juárez. 

Por el proselitismo separatista, en 1853, Zenea fue incluido en una causa judicial y  condenado a muerte en ausencia. Fue beneficiado con una amnistía política y pudo entonces regresar a La Habana.

Zenea colaboró con Santacilia en la preparación de la primera antología de la poesía patriótica, El láud del desterrado (Nueva York, 1858). Desde entonces, comenzó a estudiar la poesía de José María Heredia.

En los años de Nueva Orleans, reanudó los amores con Ada Menken, los que sirvieron de asunto a varios poemas.

Entre 1855 y 1865, Zenea residió en La Habana. Publicó, en 1859, la novela  Lejos de la patria. Memorias de un joven poeta (escrita en 1852). La fábula ocurría en Nueva York. El protagonista y su amada paseaban por la ciudad. Con la muerte inesperada de la muchacha, se construyó el pretexto para incluir la famosa elegía “Fidelia”, con la que cerraba la historia.

<< Nueva York, Imprenta de “La Revolución”, 1858.

Impartió clases de inglés en el colegio El Salvador y se ocupó de sistematizar los saberes en torno al desarrollo cultural en los Estados Unidos. En particular, se interesó por los oradores más importantes.

En 1865, se estableció en Nueva York. Se convirtió en corresponsal para el periódico habanero El Siglo. En esta labor de difusión sobre la vida estadounidense dialogaba con su amigo Enrique Piñeyro. Los dos sirvieron de antecedente a las funciones de mediador cultural que José Martí cumpliría entre 1880 y 1895.

En 1867, Zenea marchó a México. Por gestiones de su amigo Pedro Santacilia (yerno del Presidente don Benito Juárez), fue nombrado director del Diario Oficial. Se integró a la comunidad de intelectuales mexicanos y ofreció recitales de poesía con la asistencia de Margarita de la Maza, esposa de Juárez.

Durante la residencia, investigó sobre los conflictos de Heredia con el presidente  general López de Santa Anna. Descubrió una zona desconocida de versos políticos, que habían circulado como anónimos en los últimos años de Heredia y se ocupó también del teatro, otra dimensión del enfrentamiento a López de Santa Anna.

Zenea aspiraba, probablemente, a escribir una semblanza biográfica de Heredia y a publicar una edición ampliada de las obras. El proyecto quedó abandonado con su regreso a Nueva York, al enterarse de que había comenzado la Revolución de 1868.

Néstor Ponce de León recuperó la papelería sobre Heredia y organizó la edición en dos tomos, poesía y teatro, que circuló en Nueva York (1875), México y Cuba.

V

Entre 1868 y 1870,  escribió para el periódico La Revolución, dirigido por Enrique Piñeyro. Se involucró en las querellas de los emigrados en Nueva York. Tuvo contradicciones con el general Manuel de Quesada, cuando este asumió la representación diplomática del gobierno de la República en Armas.

Su amigo Nicolás Azcárate llegó a Nueva York. Era un político liberal, partidario de reformas modernizadoras (en la tendencia de José Antonio Saco) que mantuvieran a Cuba como un territorio de ultramar de la monarquía española. Apostaba a las negociaciones y a la terminación de la guerra.

Quizás, la mejor semblanza ideológica de Azcárate la hizo su también amigo José Martí, con motivo de la muerte (1894).

Zenea se dejó convencer por Azcárate de que aceptara la misión de negociar. Recibió dinero, firmó pagarés y obtuvo un salvoconducto del representante diplomático español en Nueva York.

A finales de 1870 había llegado clandestinamente a Cuba. El joven poeta Esteban Borrero Echeverría (1849-1905), maestro mambí, pudo conversar con él en un campamento camagüeyano. Con admiración, Borrero aludió a “Fidelia”; pero, Zenea prefirió evocar el laborantismo político de su poema “El  filibustero”.

El testimonio de Borrero confirmaba que Zenea no se atrevió a cumplir las funciones de negociador pactado con el diplomático español en Nueva York… Por el contrario, aceptó a ayudar a que Ana de Quesada, esposa de Carlos Manuel de Céspedes, embarazada, pudiera llegar a Nueva York.

Una vez apresado por el ejército español, en los primeros momentos,  Zenea pensó que con el salvo conducto podría ser liberado. En enero de 1871, con el traslado a una bartolina de la  fortaleza de la Cabaña, se convenció de que estaba transitando de la tortura sicológica a la muerte física sin escapatoria. Su caso también ilustraba una de las estrategias de la crueldad, utilizadas por el ejército y las autoridades civiles españolas.

Zenea sobrevivía a la desesperación con la disciplina estricta en el oficio de escribir poemas.

VI

En enero de 1871,  Martí partía deportado a España. Su familia había vivido una odisea para conseguir la excarcelación de un menor de edad, y que este cumpliera unos meses de destierro en la finca El Abra de Isla de Pinos, mientras se conseguía el permiso para que marchara a Madrid.

Desde febrero, Martí trabajaba en las versiones de El presidio político en Cuba, un  folleto que comenzó a distribuirse en Madrid, poco antes del fusilamiento de Zenea.

Los versos de Juan Clemente  y el ensayo-narración de Martí son textos emblemáticos de la tendencia política de la cultura romántica que se gestó en la Revolución de 1868.  Las dos obras ayudaron a crear una sensibilidad que favoreció el desarrollo acelerado del motivo literario en torno al asesinato de los ocho estudiantes de medicina.

“A mis hermanos muertos el 27 de noviembre” (1872),  el poema de Martí, fue uno de los primeros. En la colección de documentos de  Fermín Valdés Domínguez, en el  Archivo Nacional de Cuba, se conserva una libreta en la que se fueron recogiendo numerosos textos inspirados en el suceso. Durante el siglo XX, el motivo ha permanecido vigente.

La Habana, 22 de agosto de 2011.

 

Una excelente e inolvidable profesora

Por Ana Cairo

<<  Mirta Aguirre, 1978.

Se cumplen treinta años de la muerte de Mirta Aguirre (1912-1980), una profesora excelente e inolvidable para los que fuimos sus alumnos en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana.

En los días iniciales de octubre de 1967, matriculé. Como eran carreras con requisitos adicionales, primero, había que aprobar el examen de lengua española, después, venía una entrevista personal. Fui aceptada para cursar la Licenciatura en Lengua Francesa.

El primer año era común para las distintas licenciaturas. Cuando recordamos al equipo de profesores, le llamamos el claustro de nuestra “era de Pericles”. Vicentina Antuña impartía latín; Ofelia García Cortiñas, gramática; Isabel Monal, filosofía marxista; Beatriz Maggi, literatura; y Mirta Aguirre, análisis poético. Para la profundización en el nivel del francés estaban madame Alba Prol y Alberto Prieto.

Cada profesor tenía su propio estilo. De modo que había que adaptarse a una diversidad docente, porque había que desarrollarse con celeridad para cumplir con las exigencias crecientes de cada uno.

Mirta tenía un estricto sentido de la puntualidad. Llegaba al aula, como mínimo, diez minutos antes de que sonara el timbre. Antes de comenzar a hablar, cerraba la puerta, la cual no se volvía a abrir hasta que no terminaba. No permitía las llegadas tardes, ni incumplimientos en los deberes de la asignatura, los cuales quedaban explicados en las primeras clases del semestre.

Propiciaba la investigación independiente, que debía sustentar el juicio personal. Lo que más le interesaba en un examen era la habilidad para fundamentar un criterio. Le gustaba que le preguntaran sobre los más disímiles temas. Siempre te daba una respuesta provocadora e inteligente.

Mirta Aguirre, 1940. >>

Dominaba todos los recursos de la  expresión oral. Disfrutaba el buen manejo del sentido del humor y era brillante en el uso de la ironía. Se reía alegremente con un chiste y con los anecdotarios siempre repetidos de los “bestiarios” estudiantiles  Si no te convencía su punto de vista, admitía la réplica y hasta la contrarréplica. Sabía discutir y le encantaba comprobar cómo sus alumnos aprendían a hacerlo.

Era noctámbula, un hábito adquirido cuando trabajaba en el periódico Hoy. Todos sabíamos que se le podía telefonear a las 2 de la madrugada y no se podía a las 8 de la mañana.

Tenía una intensa vida política en la Universidad y fuera de ella. Se autodefinió en cierta ocasión como una “comunista” escritora. Lo cual quería decir que sus deberes políticos estaban priorizados en relación con sus preferencias escriturales, artísticas y docentes.

Cuando terminaba sus obligaciones a la hora que fuera, se dedicaba a preparar con gran profesionalismo sus clases. No se confiaba y releía continuamente los textos literarios que explicaba. Varias veces le oí decir que no se había acostado, porque había estado releyendo.

   
Fichaje fotográfico realizado por el BRAC durante los años de la década del 50.

Escribía sus conferencias y sabía leerlas. Podía interrumpir la lectura para transitar con gracia hacia una digresión muchas veces sorprendente. Podía comenzar hablando de Berceo, o del Arcipreste de Hita, o de Garcilaso, o de Quevedo, o de Góngora, o de Lope, o de Cervantes, o Santa Teresa, o San Juan, o de sor Juana Inés, o de Pérez Galdós, y terminar comentando algo sobre Neruda, Vallejo, Guillén, Lezama, Piñera, Octavio Paz, la Tula o Gabriela Mistral.

Era una gran hispanista, capaz de interactuar con otras  literaturas europeas y latinoamericanas en permanente actualización. También, dominaba las literaturas italiana y francesa. Sus ensayos sobre Maquiavelo y Juan Bautista Vico eran famosos y se convirtieron en humorísticamente referativos, como los de Cervantes, para aludirla. Cuando impartió el curso sobre Balzac y Hugo, los afortunados asistentes pudimos comprobar lo mucho que sabía de artes plásticas, cine y música.  .

Mirta provenía del movimiento estudiantil antimachadista en los institutos de segunda enseñanza. Había sido una de las jóvenes, temerarias, participantes en actos de violencia revolucionaria. Estuvo presa. También se involucró en las acciones radicales del movimiento feminista que encabezó Ofelia Domínguez. Estuvo exilada en México. Participó en la comisión de intelectuales cubanos que incineró los restos de Mella y trasladó sus cenizas a La Habana (septiembre de 1933).

Algunas de las digresiones de Mirta, en medio de una clase, fueron para recordar los días del combate antimachadista, o para precisar por qué las jóvenes de su generación se enamoraron de Julio Antonio Mella en los días de su huelga de hambre (diciembre de 1925), o algunos hechos de su exilio mexicano, donde comenzó a estudiar la obra de sor Juana Inés de la Cruz (otro de sus amores).

<< Casa de las Américas, 1975.

Si se enteraba de que Fidel Castro estaba en la Plaza Cadenas conversando, nos mandaba para allá, porque así aprendíamos cómo se hace y qué es la historia viva en cada época.

A veces sorprendía con las delicadezas en su trato. No formaba parte del grupo de sus alumnos predilectos. Poco antes de graduarme, me mandó el recado insólito de que necesitaba conversar conmigo. Fui a su casa. Cuando llegué, estaba, absorta, sentada tocando el piano. Me asomé por la ventana de la sala y me indicó que entrara. En silencio, esperé a que terminara. Comprendí entonces que ella sabía tanto de música como de literatura y que esa pasión y oficio técnico eran desconocidos para la mayoría de sus alumnos.

Mirta estimaba que yo tenía un buen futuro como investigadora de temas históricos y culturales. Existía la posibilidad de presentar una candidata para una beca en el Colegio de México y ella creía que yo podía ser, si estaba de acuerdo. Le agradecí su gesto solidario y entonces me explicó cómo una profesora se iba conformando una opinión acerca de las potencialidades de sus alumnos, aún antes de que ellos mismos  tuvieran una cabal autoconciencia.

Finalmente, la posibilidad de una beca en el Colegio de México no fructificó; pero, sí  avanzó su ayuda generosa a mis investigaciones. Respondía con total franqueza a mis preguntas y en numerosas ocasiones me sugería que visitara a otras personas para que dispusiera de otros puntos de vista.

Cuando su amigo José Antonio Portuondo fue nombrado embajador en el Vaticano, Mirta asumió la dirección del Instituto de Literatura y Lingüística (ILL). Esto significaba un cambio en el estilo de vida muy abrupto, porque estaba obligada a llegar muy temprano en la mañana a su oficina. Como seguía trabajando por la noche en sus textos; esto suponía que, probablemente, en numerosas ocasiones inició la jornada laboral en el ILL sin haber dormido.

Funerales de Mirta Aguirre, 8 de agosto de 1980.>>

El último recuerdo que tengo de ella es en el parqueo de la Facultad. Venía del ILL e iba para su casa. Le había dado ya un infarto cardiaco. Se decía que ella, con un buen sentido del humor, había expresado: “¡qué bueno!, ya sé que no me voy a morir de cáncer”. Varias de sus exalumnas la acompañamos hasta el automóvil. Riendo a carcajadas, comentó: “Muchachitas, estoy de jurado en un concurso. Y una persona ha escrito estos versitos: Un 28 de enero/ toda Cuba se alegró/ porque en La Habana nació/ una pluma y un tintero. ¿Ustedes se imaginan qué cara hubieran tenido doña Leonor, la madre de Martí, si en vez de parir un niñito, le dicen y le entregan la pluma y el tintero?”. De nuevo, le recordamos sus travesuras en el aula, cuando en los primeros días de clases, solía preguntar qué era la poesía y siempre aparecía un audaz incauto que aportaba las más peregrinas respuestas, algunas de las cuales eran tan ingeniosas que se recogían en el “bestiario” de la Facultad.

Estábamos de vacaciones, cuando Mirta murió de otro infarto. En la funeraria y en el entierro, todos preferimos recordarla alegre e irónica en las imágenes sistémicas de su maestría docente.

La Habana, 27 de julio de 1980

 

Salvador Bueno, siempre generoso
Por Ana Cairo

I

En el preuniversitario, había leído algunos capítulos de su Historia de la literatura cubana. Lo conocí en la Escuela de Letras y de Arte, Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Yo estaba en el  cuarto año, donde se impartía un curso de Literatura Hispanoamericana. Salvador Bueno llegaba al aula acompañando al profesor Raimundo Lazo (1904-1976), quien era el titular de la asignatura.

Si no recuerdo mal, esta fue una de las últimas veces en que Lazo dictó las conferencias, cuyas tesis pueden leerse en sus libros de  historia de la literatura hispanoamericana y de la cubana. Lazo confrontaba serias limitaciones visuales y Bueno lo ayudaba con suma gentileza.

Cuando Lazo invitaba a Bueno para que opinara, la clase se tornaba muy amena. Los dos intercambiaban con mucho respeto. También se podía preguntar sobre cualquier tema. De este modo, nosotros multiplicamos los conocimientos y nos seguimos entrenando en una cultura del debate.

En diciembre de 1972, me gradué. En enero de 1973, comencé a trabajar como investigadora y profesora en la Facultad de Humanidades. Indagaba en torno a problemáticas culturales y grupos de intelectuales de la primera mitad del siglo XX. Estaba obligada a acudir a varios de mis antiguos profesores en busca de precisiones informativas, para que me facilitaran entrevistas con otros intelectuales y para que me prestaran materiales de sus bibliotecas y archivos.

Bueno fue siempre muy generoso conmigo. No solo me aclaraba dudas, sino que me averiguaba datos. Me prestó libros durante meses.

II

En septiembre de 1976, como parte de la reestructuración universitaria, desapareció la Facultad de Humanidades y surgieron otras nuevas. Ingresé al claustro de la Facultad de Filología (surgida de la Escuela de Letras). Así, me convertí en colega y amiga de Bueno, quien ya solo impartía Literatura Cubana.

En la Biblioteca Nacional José Martí, enero de 1962. >>

Soportó con estoicismo las dificultades visuales. Se mantuvo dando clases hasta que los médicos le aconsejaron la jubilación para preservarle un mínimo de salud. Recuerdo a Ada, su abnegada esposa, quien le servía de chofer cuando ya no podía manejar. Para ahorrar gasolina, ella lo esperaba hasta que él terminara las labores.

En el Departamento, mientras esperábamos para comenzar nuestras respectivas clases, se organizaban tertulias espontáneas. Él y Ada las disfrutaban. Tenía habilidades de narrador con un fino sentido del humor. Gozaba contando una historia; probablemente, esa habilidad influyó en la pasión por compilar la evolución del cuento y el artículo de costumbres. El anecdotario de cómo realizó Antología del cuento en Cuba (1902-1952), aparecido al año siguiente, hubiera sido un relato muy divertido.

Era también un buen periodista. Tenía una gran habilidad para informarse no solo de lo que acontecía en el mundo cultural habanero, sino en el de las provincias y en nuestra diáspora.

Sufrió, como la mayoría de los intelectuales, el dolor de la partida de muchos de sus amigos. Hizo el máximo por mantener los vínculos con aquellos que también coincidían con ese anhelo. Contribuyó a que fueran republicados y ayudó a numerosos jóvenes que se interesaban por sus vidas y obras.

También colaboró a la difusión de las personalidades y obras cubanas entre los intelectuales del antiguo campo socialista. Estaba muy feliz de que se hubiera traducido y publicado en Hungría, “El cristo de Munkacsy”, gran ensayo de José Martí  sobre el pintor y su famoso cuadro.

Por más de medio siglo, Bueno prestó servicios culturales y docentes.  Se mantuvo fiel a la tradición de los intelectuales cubanos de ayudar a los jóvenes con el altruista propósito de que ellos alcanzaran sus propios objetivos y el éxito. Por lo mismo, los que fuimos beneficiarios de su generosidad, solo podemos reciprocarle continuando esa tradición, que nos honra a todos.

La Habana, 4 de octubre de 2011.


Charla sobre la sociedad colonial a través de Cecilia Valdés en la BNCJM, marzo de 1963.

 

La auténtica grandeza de un destino cumplido

Por Ana Cairo

 

Para mí solo es auténtica grandeza la del destino cumplido, la existencia útil, la obra terminada. Que nadie, con verdadera talla de hombre, puede descansar en paz sin haber dicho lo que tenía que decir, sin haber aportado la comprobación de una verdad, por pequeña que fuera.

Alejo Carpentier: “Este gran don Fernando”,  columna “Letra y Solfa”, periódico El Nacional de Caracas, 3 de octubre de 1951. (Habla de don Fernando Ortiz).

 

 

I

Cuando en el anochecer del 12 de enero de 2010,  los intelectuales cubanos recibimos consternados las noticias de un terremoto devastador en Haití, de inmediato, comenzaron a reciclarse los imaginarios de los últimos cuatro siglos de historia común.           Una joven corresponsal aprovechaba la oportunidad de ver reproducidas sus crónicas en la primera página del periódico Granma  y elegía como título de la serie: “Haití: el infierno de este mundo”, en alusión muy oportuna  a la famosa  novela El reino de este mundo, publicada en 1949, de Alejo Carpentier (1904-1980).

En las conversaciones sobre los más disímiles temas de la vida cotidiana y de la actualidad política, los cubanos pueden decir: “esto es real maravilloso”, ya como una  alabanza, ya como un sarcasmo, sin que los interlocutores necesariamente sepan que están interactuando con un vocablo de estirpe carpenteriana.

José Martí (1853-1895) continúa siendo el  más reverenciado y citado por el pueblo cubano, aunque la mayoría sólo conozca algunos textos de La Edad de Oro (1889) y de los  Versos sencillos  (1891).

Fernando Ortiz (1881-1959) nos ha aportado categorías como la de los procesos transculturales, o la metáfora del ajiaco para  analizar nuestros mestizajes y combatir todas las formas de racismos.

Carpentier se va incorporando muy lentamente, pero de forma irreversible, al selecto grupo de intelectuales, como Martí y Ortiz, que permanecen vivos (como si fueran miembros de la familia) en la memoria agradecida de millones de compatriotas, orgullosos de la bien merecida fama mundial.

II

Carpentier falleció  en la primera hora de la madrugada del 24 de abril de 1980. Hacía alrededor de ocho años que libraba  su batalla contra el cáncer. Cumplía disciplinadamente con los tratamientos en el hospital. No le gustaba hablar de la enfermedad y estaba convencido de que alcanzaría a disfrutar de los beneficios de algún medicamento nuevo, que lo curaría o, al menos, le prolongaría una aceptable calidad de vida.

Desde noviembre de 1966 era el consejero cultural de la embajada de Cuba en Francia. Trabajaba intensamente por difundir todas las manifestaciones artísticas no solo de Cuba sino de Nuestra América (categoría política martiana de la que se había apropiado).

Por los esfuerzos mancomunados con Alfredo Guevara,  logró que la UNESCO coauspiciara  las Jornadas de la Cultura Cubana en París (21-29 de abril de 1980). Alicia Alonso, directora y primera bailarina del Ballet Nacional, el pianista Jorge Luis Prats, los compositores y cantantes Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, los poetas Fina García Marruz y Cintio Vitier (1921-2009), estaban entre los participantes.

El  23, temprano en la mañana,  Carpentier terminó un artículo con motivo del próximo centenario del novelista francés Gustave Flaubert  y, probablemente, tocó algunas cuartillas del mecanuscrito de la novela en elaboración Verídica historia, en la que rendía homenaje a Paul Lafargue (francés nacido en Santiago de Cuba, médico, político socialista, escritor, marido de Laura, la segunda de las hijas de Carlos Marx). Después, asistió a las Jornadas. En la noche conversó alegremente con Fina y Cintio hasta cerca de la medianoche. Su esposa Lilia Esteban  (1912- 2008) los llevó al  hotel. Cuando ella regresó se detuvo leyendo en la sala unos minutos; mientras él se preparaba para dormir; lo sintió entrar en el baño; de pronto, oyó  el ruido de una caída y corrió; desde la puerta vio que ya estaba muerto. El final había llegado como él quería, naturalmente, sin dolor, sin despedidas melodramáticas.

Por el aviso de Lilia, la casa se fue llenando rápidamente de intelectuales cubanos y latinoamericanos,  quienes solo atinaban a expresar una gran sorpresa por la rapidez  de lo acontecido. Cintio Vitier recreó en la novela Rajando la leña está (1986), dedicada a Carpentier, aquellos últimos encuentros:

“En una edición de bolsillo, me dijo Alejo, he vuelto a leer los Evangelios con el mismo interés con que uno de muchacho lee Los tres mosqueteros. ¡Qué violencia viejo! ¡Qué tipo! (Estábamos junto a una muestra de libros de la UNESCO). La tarde siguiente dio un paseo solo por París y nos mandó a buscar con Lilia. Por la noche, en su apartamento, nos enseñó una edición japonesa y otra francesa de Concierto barroco, se refirió con el fervor intelectual de siempre, al artículo que estaba escribiendo (…) A la mañana siguiente estaba muerto, ya no estaba. Encontré en su biblioteca la Biblia de bolsillo, marcado en Proverbios 16 (v.23-32), 17 completo, 18 hasta el v.5; Primera Epístola a los Corintios, Himno triunfal y Conclusión; Segunda Epístola a los Corintios. Preámbulo: ‘La muerte será tragada’. No vencida, tragada: ‘avalée’. Magnífica traducción”.

Las acciones de las Jornadas prosiguieron, transformadas en los primeros homenajes a quien había dedicado toda su vida a la creación intelectual con una pasión y una tenacidad multiplicadas en los tiempos difíciles. El 26 de abril, en la sede la UNESCO, hubo una velada para rendirle tributo. Los oradores fueron el director general de la institución y Alfredo Guevara. Ese mismo día se trasladó el cadáver a La Habana. A los funerales asistieron una representación de sus amigos latinoamericanos y europeos.

III

En los treinta años transcurridos desde su fallecimiento, la obra de Carpentier ha seguido multiplicando el prestigio internacional. Se incrementan las cifras de los lectores de sus novelas, ensayos, crónicas y entrevistas. Se retransmiten los  programas radiales y las filmaciones que le hicieron. Se revalora al musicólogo, al traductor y al crítico de artes. Sin embargo, lo más importante, es que se le reconoce  cada vez más como uno de los ideólogos latinoamericanos (en la tradición nuestra americana de José Martí y de Fernando Ortiz), que más ha ayudado a entender la originalidad del continente nombrado  las Américas, a realzar importantes acontecimientos históricos, a explicar la complejidad de los procesos transculturales, que han facilitado la universalización del patrimonio material e intangible de nuestra región.

México D. F.,  19 de abril de 2010  

 

La generación asesinada

Homenaje a Leví Marrero en el centenario de su nacimiento

Por Ana Cairo

Periodista, narrador, geógrafo, historiador, profesor en el Instituto de la Víbora y en la Universidad de La Habana y diplomático en los primeros años del Gobierno Revolucionario, Leví Marrero participó en la vida intelectual  por más de 50 años, tanto en Cuba como en Puerto Rico, donde falleció.

Para las generaciones nacidas antes del 1959, Leví fue el geógrafo famoso cuyos libros de textos circularon ampliamente y recibieron premios en Cuba y en América Latina, o el profesor querido en el Instituto de la Víbora, siempre asociado a sus amigos y colegas Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, durante las décadas del 40 y del 50, o el profesor del Instituto de Investigaciones Económicas adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales, donde comenzó a reconstruir la sociedad colonial en los primeros siglos e impartió un curso con sus más relevantes resultados (1955- 1956).

Para otras generaciones posteriores a 1959, fue el autor exiliado de los 15 tomos de Economía y Sociedad, obra en la que completó las indagaciones ya comentadas en la Universidad de La Habana.

Leví comenzó su vida intelectual como periodista y narrador hacia 1932. Cuando conversé con él en San Juan de Puerto Rico en 1994, me explicó que a partir de sus vivencias como estudiante antimachadista y las de otros muchos jóvenes, se le ocurrió escribir La generación asesinada.

Cuando realicé la investigación para mi tesis de doctorado en torno al impacto de la Revolución del 30 en los géneros narrativos, tuve que estudiar dicha obra y escribí unas cuartillas que Leví me agradeció. Veinticinco años después las sigo suscribiendo.

El joven periodista Leví Marrero publica La genera­ción asesinada, primera novela del ciclo. Se escribe entre marzo y abril de 1933 –según confesión del autor– y aparece por capítulos en el periódico El País a partir de septiembre, antes de editarse como libro.

La obra está estructurada en diecinueve capítulos, con un narrador omnisciente que evalúa continuamente los personajes y las situaciones. Del protagonista Diego Antonio Fernández (un estudiante) dice:

Era un joven generoso de la vida, entregado como una víctima más, a la idea fija que eslabo­naba a la distancia toda una juventud. De los policías señala: Morían así –lo reconocía– por necesidad de cobrar y de vivir. Asesinos a sueldo de una causa indigna. Masacradores de una generación que lo entregó todo –desde la vida hasta el amor– por hacer nueva una tierra podrida.*

En la narración se emplea la retrospectiva con téc­nica rudimentaria. Por ejemplo: el primer capítulo comienza en el presente (Diego es llevado al hospital en un camión); después —sin transición—- se pasa a los antecedentes (cómo llega la policía, cómo se or­ganiza la balacera. Cómo cae herido, cómo es mon­tado en el camión).

Del mismo modo, aparece el manejo de planos pa­ralelos en la narración. En el segundo capítulo, un obrero (personaje episódico) ve pasar el camión con Diego y opina sobre la situación política. Este obrero sirve para fundamentar la tesis de que el sacrificio, el heroísmo de los jóvenes, no es justipreciado por el resto de la población.

En La generación asesinada “El culto a la juventud” se convierte en el basamento del ideario defendido. Los jóvenes son “una generación reducto único de la dignidad de un pueblo” (p. 11).

Ellos constituyen “una generación maldita. Nacimos al filo de la guerra, moriremos con ella” (p.47). Temen a la vejez (sinónimo de corrupción) y aman la muerte:

“¿Comprenderán acaso sus padres su tragedia? Morir joven sin haber alcanzado nada ¿no es el premio mejor? Se imaginaba veinte años des­pués, instalado en la política, en el Gobierno combatido por las fuerzas nuevas,  por las ideas novísimas.

Veía la proximidad de aquella situación. Debemos morir anticipadamente, se dijo.

Y re­cordó unas palabras de su profesor más estimado la última vez que lo vio: “Cuba es un organis­mo al que sólo queda sano un miembro –la juventud– que por salvar el resto, muere sin contaminarse”. (pp. 65-66)

Creen en la existencia de hombres  excepcionales, como fundamento del concepto de héroe:

Las vidas ejemplares pasan siempre así, entre el desconocimiento de las gentes, en lucha contra sí mismo, contra los suyos, contra todos, se habían entregado sin vacilar, seguro que la jus­ticia lo valía todo, incluso la vida. (p. 73)

Defienden los métodos terroristas, frente a criterios de que es “una inmolación inútil”, un “acto criminal”:

“Generación segada por el plomo, victimada por la barbarie, todo justificaba la dinamita y la es­copeta. Negar su eficacia era suicidarse frente al enemigo que no perseguía más que el extermi­nio de la resistencia, para cebarse en los ca­dáveres (p. 70)”.

Piensan que el “conflicto generacional” es inevita­ble:

“Los hechos que comentaban les daban una razón definitiva. La tragedia del mundo nace de que la vida deben compartirla mano a mano, los que tienen setenta años y los que tienen veinte. La querella de las generaciones juega tan promi­nente papel en la vida política como la lucha de clases en la vida económica. Incomprensión entre explotadores y explotados, entre viejos y jóvenes. Hay épocas revolucionarias como hay épocas de reacción”.

El signo de los tiempos es el descubrimiento an­ticipado de la juventud (p. 60).
Estas ideas (en que la huella de José Ingenieros es visible), las comparten a todo lo largo de la obra en un relevo interrumpido, varios personajes episódicos y referidos, con el propósito de reforzar las tesis mencionadas. Con la muerte de Diego, herido durante la ejecución de un atentado, concluye la novela.

En La generación asesinada se abusa de la personi­ficación como recurso genésico de metáforas y símiles “vanguardistas”:

“Personaje coral, el contrabajo, rechoncho y satis­fecho, gruñía tal un burgués al que le rascaran el vientre repleto. Mientras el cornetín, proletario desafiando, rompía el grito de protesta (p. 101)”

Federico de Ibarzábal, autor del prefacio “Inicial”, insiste en que la fábula se inspira en hechos reales co­nocidos por Marrero, en que la ficción está demasiado apegada a sus fuentes. Pablo de la Torriente en el artículo “El libro de Leví” señala:

“Cuando leemos muchos de los momentos que narra, nos acordamos con intensa realidad de emocionantes episodios en la revolución; pero algo hay en el libro que pesa por encima de esto; algo que da vigencia. Hay en Leví Ma­rrero, muy joven aún, un escritor independien­te, inconfundible con nadie entre nosotros. Su libro es una vibración. Las páginas se atropellan como las horas trágicas de la revolución y la neblina de tristeza que tuvieron muchas de aquellas cosas se refleja en el libro con la fuerza de los recuerdos inolvidables.

“La imagen es eléctrica; la visión del paisaje y del tiempo, es precisa. Los personajes, como los de la realidad, persisten en la imaginación envueltos en la tragedia.

La generación asesinada tiene, a mi juicio, un error grave, el del título. Parece que Leví Ma­rrero, que tiene el sentido de lo dramático, que [él] se ve mezclar al lector, como un protagonis­ta más, en el interés de sus páginas, puso el título a su libro cuando lo comenzó y no al finalizar­lo. [...]”

Sin embargo, acaso porque el libro es página de la realidad más que novela, el lector, al final, encuentra que algo falta.

Faltan algunas páginas más en las cuales algún protagonista superviviente constatara la inutili­dad de tanto esfuerzo heroico y sin base, y la desvergüenza sin límite, de los aprovechadores de aquel esfuerzo, casi todos emboscados en­tonces.

Pablo coincide con Ibarzábal en cuanto al apego de la novela a sus fuentes, en cuanto a que para los lectores de entonces remite a hechos conocidos, de ahí el valor sociológico prioritario que alcanza, como “testimonio” del período final de la lucha antimachadista.

Por otra parte, la crítica de Pablo remite a otro problema de interés: la recepción de la novela, cuan­do las condiciones históricas han cambiado dentro de la propia Revolución.

Los actos del grupo de héroes integrantes, mayoritariamente, del sistema de personajes, determina la especificidad épica de la novela. Cuando Pablo lee La generación asesinada en 1934, los hechos evocados en ella ya son historia. El sentimiento de frustración ante un presente, que torna hasta cierto punto baldío el heroísmo plasmado en la obra, explica su sarcasmo al reclamar una ampliación del texto.

La especificidad épica del mundo narrado en La ge­neración asesinada carece de continuidad en las novelas posteriores, precisamente, porque en ellas se pone el énfasis en la insatisfacción, en la deserción, en el fraca­so, en el escepticismo, en la visión, en la degradación de los personajes que han participado en la Revolución.

* La generación asesinada, La Habana, Ta­lleres Gaceta Radio, 1934, pp. 15-16.

Tomado de: La Revolución del 30 en la narrativa y el testimonio cubanos. Ana Cairo, Editorial Letras Cubanas, 1993, pp. 183-187.

 

Roberto Friol en la Sala Cubana

Por Ana Cairo

El mensaje de la UNEAC notificando la muerte del amigo Roberto Friol (La Habana, 3 de abril de 1928–2 de junio de 2010) me ha conmovido, porque no sabía que estaba enfermo.

La última vez que nos habíamos encontrado fue en el 2006, caminábamos en sentido contrario por la avenida de Carlos III; él avanzaba hacia Infanta y yo hacia Boyeros para seguir hacia la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM).Después del saludo afectuoso, le expliqué  que le tenía  reservado un ejemplar de Bembé para cimarrones (2005), obra en la que de nuevo le agradecía la colaboración generosa.

Aproveché su mirada de complacencia y me atreví a preguntarle sobre si por fin había terminado el libro-ensayo sobre la narrativa de Cirilo Villaverde. Sonrió; me dijo que se había mudado para El Cotorro y que salía muy poco de su casa; no quiso  responder a la pregunta; me apretó las manos calurosamente y se alejó.

Todavía no logro entender las razones íntimas por las que Friol se negó a publicar su gran ensayo sobre Villaverde, personalidad sobre la que estuvo investigando por más de treinta años. En numerosas ocasiones, conversamos en la Sala Cubana de la BNJM y me enseñó hojas del manuscrito escrito a lápiz. Siempre le repetía que sería su libro más famoso y entonces, con cara picaresca, me recordaba la historia de Ilustres de vista corta, una novela satírica de Ramón Meza, que fue enviada a un concurso en los inicios de la década de 1890; el jurado no quiso premiarla, quizás por temor a verse implicados en un escándalo político y social y Meza recuperó el manuscrito y al parecer lo destruyó.

Friol junto a Vitier, Fina García Marruz, Renée Méndez Capote y otros intelectuales.>>

En 1962, Friol había llegado a la BNJM  para trabajar como investigador literario. Se había graduado de maestro normalista; pero era un autodidacto en cuanto a formación especializada. Asombraba el dominio profundo que tenía de los ficheros y cómo asociaba centenares de libros y documentos. (En eso, siempre me recordaba a don Juan Pérez de la Riva). De modo particular, había revisado toda la colección de novelas y podía hacer una síntesis de los argumentos de cada una.

Durante años  estuve muy intrigada con el misterio de cómo Friol había podido leer  El sol de Jesús del Monte, publicada en París en 1852 por el narrador canario Avelino de Orihuela, en la que se le rendía un homenaje al poeta Plácido, al incluirse una crónica anónima sobre su actitud digna el día del fusilamiento.

La novela no estaba en los ficheros de la Sala Cubana ni en los de la biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística, ni en bibliotecas privadas. La respuesta al misterio se obtuvo de una manera casual: un día, gracias a la perseverancia de Olga Vega, quien, ordenando en la colección de recortes, encontró un sobre con los “listines” (fragmentos de un periódico habanero de la década de 1920 en el que se había. publicado por capítulos la  novela). Meses después apareció una copia mecanografiada de los mismos “listines” en la colección Fernando Ortiz.

El ensayo “La novela cubana del siglo XIX” (1968, primera versión) es una obra imprescindible para cualquier especialista; en ese texto apareció reseñada El sol de Jesús del Monte junto con decenas de narraciones mayoritariamente desconocidas.

Friol  también conocía múltiples colecciones en el Archivo Nacional de Cuba y en el Instituto de Literatura y Lingüística. Era un experto en el cruce de fuentes. Y, lo más importante, tenía la gran generosidad de compartir esos saberes con todos los que le solicitaban una ayuda. Por supuesto,  pertenezco al rubro de las beneficiarias agradecidas.

<< Biblioteca Nacional, 1987.

Cuando decidió jubilarse, Ramón de Armas (1939-1997) le preparó un homenaje en el teatro. Hablamos Cintio Vitier, Virgilio López Lemus y yo. Nuestros textos se recogieron en un folleto que hoy es una rareza bibliográfica y que sirvió de material básico para la propaganda asociada a la entrega a Friol del Premio Nacional de Literatura (1998).

Ese alto reconocimiento no le cambió el estilo de vida. Por ser una persona muy tímida, había elegido la vida retirada, ajena a la publicidad; disfrutaba las caminatas  en solitario por nuestras calles; cuando (rara vez) autorizaba a que lo visitaras en su casa, él y su hermana resultaban espléndidos anfitriones.

Entre las múltiples imágenes, prefiero evocarlo, sonriente (quizás, al estilo de Ramón Meza), la última vez que conversamos, dejando en el misterio por qué había renunciado a publicar su ensayo-libro sobre Cirilo Villaverde.

México D. F., 8 de junio de 201