Los 190 años de vida “legendaria” del Cucalambé

Por Leonardo Depestre Catony

Quizá no haya otro personaje real de la literatura cubana a quien envuelva la leyenda de modo tal como al Cucalambé. Y quizá no haya otro que como él fuera por tanto tiempo subestimado literariamente, aunque ya así no sea, empezando por la subestimación misma en que por mucho se tuvo a la forma estrófica que él cultivó de preferencia: la décima.

“Negar frescura y espontaneidad a los versos de El Cucalambé es negar frescura y fluidez al manantial”, afirma Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí, figura emblemática de la décima cubana del siglo XX. No es cierto que sus rimas sean pobres y vulgares. Son ricas y variadas, constituidas por las palabras más próximas a los temas que canta. Eleva a categoría poética toda una terminología indígena, no con el único objetivo de enumerar nombres de árboles y animales de nuestros montes, sino descubriendo un mundo poético de asociaciones”.

Al Cucalambé las Musas lo dotaron de una inspiración envidiable. Su producción en décimas, sonetos, letrillas, epigramas, fábulas en verso, es pasmosa. Escribió con el gusto y la soltura de quien disfruta lo que hace. Hoy, nadie le disputa la condición de poeta bucólico cubano más destacado del siglo XIX.

Su único libro, Rumores del Hórmigo, se publicó en 1856 y entonces el poeta contaba 27 años. En 1859 hubo una segunda edición, ambas con numerosas erratas que en modo alguno deben atribuirse a descuido del autor, quien no tuvo nada que ver en ellas. Era Juan Cristóbal demasiado cuidadoso y su respeto por las formas estróficas demasiado profundo para permitirse incorrecciones que una y otra vez se repitieron en sus composiciones impresas. Quien lee las Poesías Completas de El Cucalambé descubre fácilmente que está en presencia de un artista auténtico.

No queda sino repetir lo que muchas veces se ha escrito respecto al origen de su seudónimo, proveniente según se afirma de las palabras cook, cocinero en inglés, y calambé, taparrabos o delantal en lengua aborigen. Es además, anagrama de Cuba clamé. Mucho orgullo sintió por el seudónimo que lo popularizó.

Amor a Cuba (fragmento)

Yo detesto la ambición
de esos que haberes ostentan
y en el mundo representan
el papel de tiburón.

Me mueven a compasión
esos que viven sin calma.
que erguidos como la palma
desprecian a los demás
y no conocen jamás
la tranquilidad del alma.

La presencia del indio y el tema indígena en sus versos lo inserta dentro del movimiento siboneísta de mediados del siglo XIX. Sin embargo, en El Cucalambé se incorporan otros elementos de interés que lo enriquecen literaria y políticamente.

Nacido en la ciudad de Las Tunas el 1ro de julio de 1829, es decir, 190 años atrás, lo educó su abuelo materno, quien lo puso en contacto con los autores clásicos españoles y con varios de los cubanos de entonces. El Fanal, de Puerto Príncipe, le abrió sus páginas para que publicara sus décimas iniciales. Se conoce que participó con proclamas en las conspiraciones separatistas de 1851 y que su actividad clandestina prosiguió en los años subsiguientes.

Después se trasladó con la esposa e hijos a Santiago de Cuba, para en el nuevo hogar continuar su quehacer literario, en pugna constante con la precariedad económica y la presión lógica de la supervivencia familiar. Aceptó entonces un cargo del gobierno colonial, el de pagador de Obras Públicas, decisión que quienes sabían de sus ideas separatistas no se ocultaron en criticarle.

La fama de El Cucalambé creció y a ella la acompañó cierta bonanza económica. Nadie podía, pues, imaginar que desapareciera un día de 1862 a los 32 años, y menos que sus restos no se encontraran jamás. Una de las más divulgadas suposiciones es la del suicidio por deudas de juego, bastante cuestionable. Otra, la del asesinato, que tal vez se justifique mejor por sí sola. Tampoco se descarta que se marchara repentinamente del país. Nos resistimos a aceptar la primera y tercera hipótesis pues, que tengamos noticias, a El Cucalambé no lo aquejaban enfermedades mentales de las que suelen conducir a la toma de decisiones irreversibles. Queda una cuarta posibilidad: que por alguna razón política o de otra índole se ocultara un tiempo antes de desaparecer o huir a otro país. Cualquiera haya sido la causa de su desaparición, ella sirvió para dar visos de leyenda a la existencia más que novelesca de El Cucalambé, y para que su vida y obra gocen de tan buena salud aún al cabo de 190 años.