Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967Retrato hablado de Joel James Figarola

Por José Millet

Dentro de pocos días intelectuales, artistas y gente, sinceramente, amiga nuestra acudirán a la cita en Santiago de Cuba para compartir en el marco del evento más importante de Nuestra América relacionado con la cultura tradicional popular. El caribeño es el epíteto empleado por el pueblo, a lo que oficialmente se denomina Festival del Caribe, uno de los espacios de intercambio cultural más importantes ideado, fundado y sostenido desde hace más de tres décadas por la voluntad del imprescindible Joel James Figarola.

Este Festival es un encuentro de pueblos que ha sabido reunir en Santiago de Cuba en algunas de sus ediciones a miles de personas de decenas de países…¿ puede haber sido creación de una sola de ellas, por más iluminada e inteligente que fuese? Figarola acostumbraba a decirnos que el Festival lo había creado el pueblo santiaguero con el poder inagotable y arrollador de su ingeniosidad creadora. En efecto, brotó de la única fiesta de carnaval, propiamente dicha, que existe en Cuba y en la alegría plena que te regala la gente de esta ciudad Héroe que algunos reconocen como la capital cultural del Caribe. Creo que es uno de los frutos genuinos del desencadenamiento de las fuerzas productivas creadoras de la sociedad cubana que nos deparó la Revolución barbuda y verdeoliva de enero, cuyo 60 aniversario estamos conmemorando y, a un tiempo, celebrando este año.

Aníbal Joel James Figarola nació en el poblado habanero de Guanabacoa el 13 de enero de 1942, en el seno de una familia con convicciones religiosas tan profundamente enraizadas en lo ético que le hicieron rechazar la corrupción generalizada en los partidos políticos que se turnaban en el ejercicio de la primera magistratura del país y el golpe de Estado perpetrado por el taquígrafo-sargento-coronel-Mayor General del servilismo Fulgencio Batista.

Su padre, maestro rural, encontró un puesto de trabajo en Báguanos y le propusieron un cargo en el Colegio Los Amigos en el poblado de Banes, adonde trasladó a su familia desde La Habana cuando Joel tenía 6 años de edad. Desde la adolescencia, su carácter rebelde lo sumó a las protestas estudiantiles y lo condujo a militar en una célula de resistencia cívica que pronto lo alinearía con la lucha clandestina del Movimiento Revolucionario 26 de julio, por cuyas acciones sufrió prisión en dos ocasiones y, tras de participar en un intento de atentado al dictador, se vio obligado a marchar al exilio. Al regresar de Jamaica, continuó sus actividades hasta el triunfo de enero de 1959 en que se incorporó al Departamento de Prensa y cultura del Ejército Rebelde, desde donde se desempeñó, de 1959 a 1960, como jefe de redacción de la revista El Combatiente, órgano del Ejército Rebelde en la provincia y de sub-director del periódico Sierra Maestra.  Luego ocupó el cargo de delegado del ICAIC Oriente y trabajó en la dirección provincial del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), hasta comenzar estudios en la Universidad de Oriente en 1968, donde se graduó como licenciado en Historia en 1973.

Después de su graduación universitaria, pasó a ocupar el cargo de asesor del Cabildo Teatral Santiago, fue protagonista de la organización de la Noches Culturales de la calle Heredia y de la primera edición en abril 1981 del Festival de las artes escénicas de origen caribeño, que poco tiempo después se convertiría en el Festival del Caribe, bajo la dirección de la Casa del Caribe, que Joel fundara en junio de 1982 con un grupo de colegas que nos habíamos graduado con él en la misma casa de estudios superiores santiaguera y del cual dejó testimonio de pensamiento y directriz fecundos el discurso inaugural pronunciado aquella noche por el Ministro de Cultura, Dr. Armando Hart Dávalos. La misión de esta institución-la única entonces con una proyección internacional fuera de la capital del país-consistió en contribuir a romper el bloqueo cultural impuesto por el imperialismo yanqui, como lo había hecho antes Haydeé Santamaría a través de Casa de las Américas y del Premio Casa, el más importante del continente, así como de su revista Casa.

Con ambos universos institucionales-el Festival y la Casa del Caribe, asociados a la revista Del Caribe, Joel hubiese pasado a la historia de la cultura de nuestra patria y a la de la región caribeña sin objeción alguna , pero él era un revolucionario integral que descubrió que el trabajo de promoción de la cultura había que articularlo a un riguroso programa de investigaciones científicas enfocadas a estudiar la identidad cultural que se sustentaba en un pasado ancestral común y en una historia también compartida en la que el espacio que se denomina la sub-región Caribe había constituido- en términos del historiador dominicano Juan Bosch- la frontera de los imperios que se disputaron en la época el dominio de sus territorios y el avasallamiento de las poblaciones comprendidas en ellos y acerca de su dinámica histórica escribió el libro El Caribe entre el ser y el definir (1999).

Algunos especialistas tienen fundadas razones para afirmar que la pasión de Figarola era la Historia de Cuba, acerca de la cual publicó brillantes ensayos y estudios que luego fue publicando en libros-como Cuba 1902-1928: la República dividida contra sí misma, con el que obtuvo premio en el concurso Batalla del Uvero y Fundamentos sociológicos de la guerra de independencia - que se han convertido en fuente obligada de referencia para los investigadores y estudiantes de diversas disciplinas. Permítanme discrepar de ellos: digo que la preocupación fundamental de Figarola en su condición de humanista y de patriota consumado la volcó en el estudio de las esencias de la formación del etnos cubano, de la nacionalidad y de la nación cubana, volcado en su libro Proceso de la cubanía, el que fue asimismo premiado en el concurso; sus resultados le sirvieron para desentrañar lo que éramos y nos habían ocultado durante tanto tiempo: hombres y mujeres pertenecientes a una comunidad de  pueblos que nos habíamos abierto paso en circunstancias harto difíciles,  hasta que  algunos pueblos alcanzaron la independencia política mediante una revolución violenta, como en el caso de Haití del dominio imperial francés el 1ero de enero del 1804; otros, la independencia tutelada por el imperio del Norte, como fue la Cuba de 1902, a continuación de la invasión y la ocupación de los rangers norteamericanos que desembarcaron por las playas de Santiago de Cuba en 1898 y otros, a la altura de los 60, de una autonomía de careta carnavalesca, como es el caso de la mayoría de las antiguas posesiones neo-coloniales. Hemos avanzado en el conocimiento de nuestra historia y de una espiritualidad que nos reafirma en lo que fuimos, somos y seremos definitivamente: pueblos caribeños.

En la búsqueda y cotejo de fuentes documentales como parte de la investigación llevada a cabo para reeditar mi libro Joel James: ensayo biográfico, cuya primera versión ya publiqué, he comprobado que ninguna de las instituciones culturales, de investigación, de estudios superiores ni bibliotecas públicas de La Habana posee el conjunto de las obras publicadas por y de Joel James, deficiencia que debe enmendarse, si tomamos en cuenta que nuestros estudios se concentraron durante casi medio siglo en las ricas y diversas manifestaciones de la cultura tradicional del pueblo cubano en Oriente, incluidos las fiestas populares, con el carnaval santiaguero como centro, temática tratada por Joel en varios textos y que incluyó en su libro En las raíces del árbol (1988)  y de los  mal denominados cultos sincréticos afrocubanos, magistralmente encuadrados desde el punto de vista de su importancia en su libro Sobre dioses y muertos (1989). De la Regla de Ocha o mundialmente conocida como santería cubana, publicamos los dos primeros trabajos de historia de esta manifestación en lo que respecta a la provincia de Santiago de Cuba, la primera parte en la revista Del Caribe y la segunda en la revista Catauro, de la Fundación Fernando Ortiz; y dimos a conocer al mundo el descubrimiento de dos sistemas religiosos realizado por miembros del equipo de estudios religiosos caribeños de la Casa del Caribe, dirigido por quien escribe desde el año en que lo creó Joel James a fines de 1982 , me refiero al vodú, acerca del cual publicamos en 1992

El vodú en Cuba, el primer libro acerca de este tema desconocido por los más encumbrados antropólogos e historiadores, y de lo que Joel James bautizó como la Regla Muertera o Muerterismo y que algunos acuciosos investigadores, como el etnólogo Dr. Isaac Barreal, habían aludido como “espiritismo cruzao”.

Firmemente asentada en el legado de notables investigadores de la talla del Padre de la Antropología en el Caribe, el sabio cubano de Don Fernando Ortiz, la obra científica de Joel James se enfocó en superar la herencia del positivismo y de la proverbial hechología carentes de ideas observada en muchos intelectuales de su época y aun en el presente, para lo cual se necesitaba construir un sistema de categorías nuevas con que desentrañar el pensamiento abstracto presente en cada uno de estos sistemas mágico-religiosos, a los que se suma el mal denominado espiritismo de cordón y el otro de procedencia bantú denominado Regla conga, esfuerzo que publica en sus libros Los sistemas mágico-religiosos, principios rectores, cuya edición de 1999  corrió a cargo de la Oficina regional para América Latina y el Caribe, de la UNESCO, con sede en Caracas. Es obligada la lectura en él del ensayo teórico El principio de la representación múltiple, en que propone novedosos conceptos y categorías para la aprehensión, la decodificación y comprensión de los contenidos y formas de estas religiones que estuvieron no sólo en la base del proceso de formación del cubano, sino de nuestra soberanía como nación, por lo que cual fueron escamoteados por grupos sociales racistas,  anti-nacionales y pro-anexionistas.

Resulta también muy necesaria la lectura de ese libro que es un monumento al esfuerzo filosófico de Joel James por reivindicar la trascendencia cultural de estas religiones de base africana y que el autor intituló La brujería cubana: el palo monte. Aproximación al pensamiento abstracto de la cubanía, publicación póstuma de la Editorial Oriente del año 2006 y que reproduce parte de los trabajos aparecidos en el libro Cuba la gran nganga (algunas prácticas de la brujería), de las Ediciones Caserón del Comité provincial de la UNEAC de Santiago de Cuba con igual fecha, pero que incluye una serie  de trabajos del autor que lo sitúan en la escala muy elevada de los estudios etno-sociológicos de nuestra patria. Este ultimo libro fue dedicado a la memoria de Vicente Portuondo Martín (1949-2004), tata-nganga mayor, asesor de la Casa del Caribe para asuntos religiosos y hermano nuestro de tantas batallas.

La Sala de Etnología Fernando Ortiz de la Biblioteca Nacional José Martí ha tenido la delicadeza de rendir homenaje al sabio santiaguero Joel James Figarola con una muestra de sus libros y del número monográfico 48-49 de la revista Del Caribe del año 2007, en el que muchos compañeros, amigos y colegas suyos rendimos homenaje a uno de los revolucionarios más valientes con que cuenta la intelectualidad cubana y en el cual puede leerse un texto autobiográfico. En otras salas de la misma institución, el interesado puede leer otros libros del escritor, como sus novelas El Caballo Bermejo, que recrea el Santiago de Cuba en 1895 y Hacia la tierra del fin del mundo, cuyo escenario es la República Popular de Angola en cuya guerra Joel James participó como soldado en misión internacionalista. Una buena cantidad de libros puede ser leída en la biblioteca José Antonio Echeverría de la prestigiosa Casa de las Américas, como su primer libro Los Testigos (1973), cuentos que recrean la lucha clandestina antes aludida y yo aconsejo no perderse su novela En el altar del fuego (2005), que le valió el premio Vidal como justo reconocimiento a las excelencias estéticas y nivel estilístico de este relato maravilloso basado en el mundo espiritual de la religión que nos aportó Haití y que se conoce con el nombre de vodú.

Desde 1976 y hasta su fallecimiento, el 27 de junio del 2006, fue miembro del Consejo Nacional de la UNEAC, militó en el PCC desde 1980 y se hizo acreedor de numerosas condecoraciones y órdenes por parte de la Asamblea municipal del Poder Popular de su querido Santiago de Cuba, del  MINFAR, del Ministerio de la cultura, de la Sociedad José Martí en su condición de estudioso del Apóstol de nuestra independencia nacional y de la Universidad de Oriente, entre otros.