“En terreno común”, homenaje a las ciudades de La Habana y Mobile en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí

MS.c. Vilma N. Ponce Suárez

<< (Presentación en la inauguración de la Exposición “En terreno común: fotografías de La Habana y Mobile”. Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. 18 de octubre de 2019).

Desde su fundación, en 1901, la Biblioteca Nacional de Cuba ha conservado diversos tipos de documentos relacionados con las circunstancias históricas, artísticas y literarias que constituyen los fundamentos de la cultura cubana actual. En este largo camino, sus fondos fueron enriqueciéndose mediante donaciones, compras, canjes y bibliotecas privadas recuperadas después de 1959. En particular, dentro de la variedad de materiales gráficos que se atesoran se encuentran las colecciones de fotografías realizadas durante los siglos XIX y XX.

Nuestro archivo fotográfico conserva más de 100 000 instantáneas de fotógrafos nacionales y de otros países, cuyo significativo valor patrimonial se constata por las épocas en que fueron tomadas, el contenido de las obras, sus autores, y la diversidad de soportes. Desde el punto de vista informativo y documental constituye una colección importante la del fotorreportero español José Gómez de la Carrera, cuyas imágenes nos transmiten su perspectiva de la Guerra de Independencia de 1895, y de La Habana de finales del siglo XIX y principios del XX. Del mismo modo, las instantáneas del fotorreportero Generoso Funcasta, nos acercan a la vida y costumbres de esta ciudad durante el periodo republicano, así como a personalidades destacadas de las esferas políticas y artísticas de esa época.

Sobre el movimiento fotográfico que se generó en la Isla en la década del 60 del pasado siglo puede conocerse al consultar las revistas y periódicos que se conservan en los fondos de la Hemeroteca: el diario Revolución, con su suplemento cultural, Lunes de Revolución, Bohemia, las revistas INRA y Cuba, por citar solo algunas. Los llamados “fotógrafos de la épica”: Alberto Korda, Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas, Ernesto Fernández, Liborio Noval, y Perfecto Romero, entre otros, destacaron en sus ensayos fotográficos el heroísmo cotidiano de los trabajadores y su disposición y optimismo al enfrentar los desafíos. De igual forma, con sus lentes captaron la identificación del pueblo con los líderes, la celebración de eventos nacionales e internacionales en La Habana, la belleza natural de la Isla, entre otros muchos temas. En estas publicaciones la imagen se manejaba como garantía de la veracidad de los textos con un propósito bien definido: el de brindar al mundo una retrato enaltecedor de la Revolución Cubana, muy diferente a la versión que ofrecían los poderosos medios de comunicación foráneos.

En esos años sesenta, junto a los fotógrafos cubanos estuvieron otros creadores de diferentes nacionalidades, cuyas instantáneas mostraron su interpretación del proceso de cambios que se estaba produciendo en Cuba. Ellos tuvieron la oportunidad de publicar sus obras en revistas cubanas y de organizar exposiciones, como la titulada “Viaje del viejo mundo al nuevo mundo”, en la Galería Habana, en 1966, con más de 100 fotografías sobre la realidad nacional. En esta participaron: los suizos Luc Chessex y René Burri; los franceses Roger Pic, y Marc Riboud; el italiano Paolo Gasparini y el estadounidense Lee Lockwood. Sobre la exhibición, el intelectual cubano Alejo Carpentier escribió en aquellos días: Seis fotógrafos extranjeros nos brindan con este conjunto de obras su visión personal de la Revolución Cubana. Visión que, en muchos casos, en imágenes concretas, cobra categoría de homenaje(1)

Precisamente como un homenaje a La Habana y a su gente, recibimos la muestra “En terreno común” del fotógrafo estadounidense Chip Cooper y del cubano Julio Larramendi. Ambos, con una elevada sensibilidad artística registran la belleza del paisaje urbano y rural de las dos ciudades, al tiempo que captan la sencillez de sus ciudadanos. La exposición nos acerca a contextos culturales distintos, pues son ciudades con tradiciones, costumbres e idiomas diferentes. No obstante, los artistas hurgan en esas realidades para descubrirnos aquellos rasgos que nos identifican: el amor filial, los juegos colectivos, la religiosidad, el cultivo de la tierra, los carnavales, las columnas, el mar…

El juego con la luz, el color, los ángulos en las fotografías de Cooper y Larramendi, así como, los objetos, y también personas que cautivaron su atención, - entre las que hay niños, viejos, hombres y mujeres, blancos y negros -, nos revelan la predisposición de los artistas a amar a estas ciudades, con sus virtudes y defectos, sus excesos y carencias.

La coherencia de las imágenes que nos presentan nos transmite un mensaje de hermandad, lo que tiene un significado especial en un contexto político que tiende a distanciar a nuestros pueblos. Sus obras son resultados de sus dotes, intereses artísticos y compromisos con el tiempo que les tocó vivir, como lo fueron en su momento las imágenes de los fotógrafos de la épica.

Es una bella exposición en la que nos auto-reconocemos, y al mismo tiempo, nos aproximamos a la ciudad de Mobile y sus habitantes, a su historia, que se entrelaza en determinados momentos con la nuestra. Es por eso que agradecemos a los artistas y organizadores este obsequio; en primer lugar, como bibliotecarios, celosos guardianes del patrimonio bibliográfico nacional y admiradores del buen arte y de las acciones nobles; y también como habaneros, en la celebración del quinto centenario de esta ciudad que nos cobija y que amamos.

(1) Alejo Carpentier, A. Seis y Cuba. Cuba, 55, noviembre 1966: 60.