Los programas de Historia de Cuba para las escuelas primarias, 1959-1971

Por MSc.: Isis Infante Ramírez. Investigadora agregada del Instituto de Cuba.

Con la victoria de enero de 1959 los conceptos de Patria y nación comenzaron a mostrarse estrechamente interconectados con el referente mismo de la Revolución en la Mayor de las Antillas. En lo adelante la historia de Cuba se presentaría como principal fuente de legitimidad del nuevo proyecto político. Su enseñanza, en tal sentido, adquiría magnitudes relevantes al constituir una vía oportuna para la formación de un sujeto diferente que tenía como encargo social construir y defender la naciente sociedad socialista. (1)

En la consecución de ese ideal formativo resultaba acuciante la elaboración de programas y textos escolares coherentes con la etapa que recién nacía. Sin embargo, durante los primeros años del triunfo los objetivos y contenidos de Historia respondían a los intereses de la vieja sociedad. El déficit educacional que enfrentaba el país, así como las necesidades del momento, obligaban a los diversos sectores y grupos de la población cubana a ir resolviendo sobre la marcha los problemas más apremiantes.

Aludiendo al tema de la planificación, Armando Hart Dávalos, primer ministro del sector en el período y destacado dirigente del Movimiento 26 de Julio, en su artículo “La Revolución y los problemas de la Educación”, de 1961, dejaba claro que los nuevos planes de estudio para los niveles secundarios, preuniversitarios y de enseñanza profesional se proponían la liquidación del verbalismo y el memorismo. En relación con el nivel primario explicaba que este no contaba todavía con indicaciones actualizadas. Según el Ministro, a partir del curso escolar 1961- 1962 los maestros analizarían esa cuestión. (2)

Sin dudas, el año 1961 resultó trascendental para el ramo. La materialización de la Campaña Nacional de Alfabetización, constituyó un logro estratégico trascendental. Por su parte, la promulgación de la Ley de Nacionalización General de la Enseñanza significó la definitiva eliminación de la educación privada del panorama educativo y cultural cubanos. (3) En ese entorno el Ministerio de Educación en conjunto con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (SNTE) se dieron a la tarea de elaborar la nueva planificación para el nivel primario. (4)

A pesar de los esfuerzos por dotar a la enseñanza primaria de programas acordes con los cambios que se vivían, no fue hasta 1963 que ven la luz los mencionados textos. En relación con la Historia, durante esos años, los principales esfuerzos estuvieron dedicados a la emergente formación y superación científico-pedagógica e ideológica de los docentes de la especialidad. Asimismo, se tuvieron en cuenta los aportes e interpretaciones que venían realizando destacados estudiosos, entre los que sobresalen Julio Le Riverend, Emilio Roig de Leuchsenring, Raúl Cepero Bonilla, Manuel Moreno Fraginals, Juan Pérez de la Riva, Sergio Aguirre, Oscar Pino Santos, Fernando Portuondo del Prado, Hortensia Pichardo y Jorge Ibarra Cuesta.

El diseño curricular utilizado, durante los años 1959-1971, garantizó la presencia de esta asignatura en el nivel primario y sus contenidos se introdujeron en los primeros grados escolares a través de materias como: El cuento de Cuba y Expresión, en las que con el uso de un lenguaje sencillo, el maestro debía hacer sentir a los niños emoción, respeto y admiración por el pasado de la nación.

Dichas lecciones buscaban propiciar el conocimiento, tanto de la hostilidad estadounidense hacia la nación cubana, como de los desmanes políticos, sociales y económicos de los gobiernos republicanos a partir de 1902. La Revolución, por ende, devendría la solución efectiva a lo ocurrido, pero también la heredera de la tradición independentista, soberana. La nueva simbología estaría asociada a los héroes y mártires del movimiento de liberación nacional. La conversión de los cuarteles de la dictadura de Fulgencio Batista en colegios y los nombres de las instituciones escolares formarían parte del ritual mediante el cual la escuela se consagraba a partir del culto a un pasado de luchas, legitimador del naciente orden.

Según el profesor de la Universidad de La Habana, Constantino Torres Fumero la enseñanza de la Historia de Cuba cobró gran significación durante esos años.

Los programas de estudio, por su parte, comenzaron a hacer mayor énfasis en las luchas de clases; los esclavos y sus querellas; el desarrollo económico; la gesta independentista tomó gran importancia; la república con el peso de que Cuba no debía su independencia a los Estados Unidos; los gobiernos norteamericanos se estudiaron con una mirada crítica. Se abordaron tópicos como el movimiento obrero y el Partido comunista con una visión diferente. Se resaltaron los desmanes provocados por la dictadura de Batista y como colofón la Revolución. (5)

Un aspecto de interés en esta planificación fue el tratamiento que se le dio a los acontecimientos y personalidades de connotación local. Es importante señalar que la escuela primaria no tenía concebido el examen de la historia regional y local, sino el tratamiento a hechos de la historia nacional pero desde la realidad que vivía el niño. Los planes de formación de profesores de entonces, tampoco contemplaban el estudio de los hechos locales ni la metodología para su enseñanza. Sin embargo, insistían en significar aquellos contenidos que estuvieran vinculados con el sitio donde se ubicaba la escuela y el quehacer de sus estudiantes.

Ciertamente, ningún programa o libro que sirviera para la transmisión de este saber, entre 1959 y 1971, abordaron contenidos relacionados con localidades específicas. Resultaba muy difícil escribir un texto escolar que abarcara la historia nacional y la de las diferentes regiones y localidades del país. No obstante, las regulaciones de la época orientaban el trabajo con los hechos y figuras de interés para la localidad. (6)

Los Programas para las escuelas primarias(7) no procurabanconvertir al alumno en un «almacén» de hechos, sino que el dominio de los sucesos históricos más importantes, les permitiera saber lo ocurrido para entender su presente. El contenido, por tanto, debía impartirse de modo asequible, es decir, pasando de lo conocido a lo desconocido, de lo sencillo a lo complejo y de lo próximo a lo lejano; sin que ello implicara la ruptura del orden lógico de los acontecimientos.

Según Miguel Ángel Cano la utilización del procedimiento de marcha regresiva del tiempo, para explicar los hechos, permitía que los niños se identificaran con el concepto de progreso.(8) Este método “objetivo” era utilizado desde finales del siglo XIX, y se vinculó en tiempos de Ramiro Guerra y Pedro García Valdés(9) a la metodología de la historia local. Sin lugar a dudas, el evento más reciente al escolar en ese escenario lo constituía el triunfo revolucionario, por ahí iniciaba la asignatura su aprendizaje.

[...] la enseñanza de la Historia en la escuela primaria, debe comenzar con los hechos más inmediatos a la vida del niño. (Etapa de la Revolución), para que comprenda mejor que en el estudio sistemático y organizado de esta disciplina se hallan las mejores explicaciones a los acontecimientos sociales que ocurren en el decursar de la vida de una generación.(10)

Diversos fueron los dirigentes que dedicaron un espacio a conversar con los más jóvenes. Fidel Castro, por ejemplo, en sus conversaciones con los infantes gustaba de esclarecer el pasado desde el presente. El uso de sencillas comparaciones permitía al líder discernir sobre las condiciones de vida que tenía el pueblo cubano antes de 1959 y los saltos que el nuevo orden generaba. Dar respuestas a preguntas sencillas, tales como: “¿ustedes saben la historia de antes? ¿A ustedes les han contado cómo era antes?, ¿Y qué hizo la Revolución para que todos los niños pudieran tener juguetes, escuelas, maestros, playas, círculos?”; le ofrecía la oportunidad de dialogar sobre lo ocurrido, señalando el reto que significaba la construcción de una sociedad diferente, donde todos serían protagonistas. “Nosotros queremos […] ver que los niños están ayudando a hacer la Revolución, y que de verdad los niños son revolucionarios”. (11)

Formar un ciudadano a tono con los giros suscitados por la victoria de 1959, era el primer deber de esta disciplina. En tal sentido, se le otorgaba especial interés al trabajo con biografías, mapas, fechas históricas, relatos sobre acontecimientos y personalidades. Al mismo tiempo, el estudio de documentos referenciales, propios de la etapa de lucha de liberación contra la dictadura de Batista, así como de los años que siguieron al triunfo, sobre todo los discursos de Fidel Castro, además de la 1ª y 2ª Declaración de La Habana, aportaban elementos legitimadores del cambio que se materializaba. Se trataba de que el educando “[...] buscará en el pasado las raíces mismas de este presente heroico y de relieves hermosos”. (12)

Resultaba acuciante que los alumnos entendieran las razones por las que se había luchado, que los cambios que se materializaban eran porque “vivimos una revolución y porque muchos miles de patriotas y mártires dieron sus vidas para llegar a alcanzar tan preciado derecho”. Pero los programas insistían en que tales temas se vincularan a las vivencias de los educandos. Y es que “todo lo que hace la revolución por los niños se debe al esfuerzo de los trabajadores que no son otros que sus padres, hermanos, maestros […]”.(13) Señalar al cubano común como protagonista de una época permitía que los estudiantes reconocieran a figuras reales.

Un espacio por excelencia de consagración de la memoria histórica fueron las aulas. El examen de fotos de la época,(14) permite observar como la ubicación de litografías de los héroes de la patria constituyó una presencia necesaria y un componente indispensable para la formación de valores patrióticos, antiimperialistas, solidarios, entre otros.

El reconocimiento de las personalidades más sobresalientes en sus rasgos más comunes, acorde con los aportes ofrecidos por la historiografía cubana de ese momento, era de importancia raigal para la conformación del imaginario nacionalista del cubano. Por esa razón la escuela primaria ostentaba, entre sus figuras cimeras, a un José Martí antiimperialista y latinoamericanista. Muy diferente al Apóstol fundador y ético que las políticas educativas republicanas trataban de mostrar.

Según los estrenados programas: “Hasta el triunfo de nuestra Revolución, la Historia de Cuba se estudiaba y enseñaba como un relato de acontecimientos aislados y hechos biográficos, dedicados a exaltar individualidades. Muchas verdades del pasado se tergiversaban y otras se ocultaban, por ello, es preciso que se lleve a cabo el proceso de revalorización de la Historia de nuestra Patria”. (15)

Hacia finales de los años sesenta la Asesoría Nacional de la Enseñanza General y el Ministerio de Educación publicaron Ajustes de los programas,(16) así como textos que contenían las clases preparadas para cada asignatura y grado.(17) Estos ejemplares comenzaron a transformar el orden lógico de exposición de la Historia de Cuba, ofreciendo una mirada diferente sobre la etapa republicana, siendo cardinal que los discípulos entendieran lo sucedido como proceso único y ascendente, con sus avances y retrocesos.

Los mencionados volúmenes nacen en circunstancias en que las polémicas sobre la nación y el nacionalismo asumían gran magnitud, dentro y fuera de la Isla.(18) En el ámbito local la producción de investigaciones históricas cobraba relevancia. Las palabras pronunciadas por Fidel Castro en la velada conmemorativa por los Cien Años de Lucha, el 10 de octubre de 1968, señalaban la urgencia de que el pueblo conociera su historia, para entender el proceso de construcción que constituía la Revolución. (19)

El encargo social que asumía la materia reclamaba una planificación ajustada a las exigencias del entorno. De ahí que los planes publicados para el curso escolar 67- 68 comprendían cambios significativos, entre los que sobresalen: la reducción de su contenido, determinando los conocimientos más apropiados a impartir en cada grado, eliminando reiteraciones innecesarias. El orden expositivo de los acontecimientos se estableció según el método histórico-lógico, es decir, teniendo en cuenta la temporalidad. Al mismo tiempo, se perfilaba el desarrollo de diversas actividades, escolares y extraescolares, que permitieran el vínculo con otras ciencias, entre ellas la Geografía.

Otra de las novedades, concebidas para los últimos grados, fue la incorporación del análisis del contexto de la época, de las clases sociales que intervenían y sus intereses, las luchas del movimiento obrero y estudiantil, además de la labor desempeñada por el Partido Comunista de Cuba (PCC), recién fundado en 1965.

Justamente la formación de un tipo de ciudadano diferente, portador de valores como el patriotismo y el antiimperialismo estuvo entre las prioridades del proyecto político revolucionario. En ese empeño los programas y planes de estudio de Historia, para el nivel primario, elaborados en la etapa, retomaron muchas de las experiencias de renovación pedagógica de la primera mitad del siglo XX, pero con una selección de contenidos y de interpretación a tono con los intereses del nuevo Estado. A las tradicionales remembranzas de hechos y personalidades procedentes del ciclo independentista decimonónico, las políticas educativas diseñadas por el Ministerio de Educación incorporaron las racionalidades de un proceso de proyecciones antiimperialistas e internacionalistas.

La producción y utilización de programas actualizados para la enseñanza de la materia, en la formación de la niñez escolarizad de la Isla reclamaba el uso de textos escolares a tono con las aspiraciones planteadas por el Ministerio de Educación. ¿Cuáles fueron los libros empleados para tales fines? He aquí una interrogante a dilucidar en siguientes trabajos.

 

(1) Ver: Isis Infante Ramíres: La enseñanza de la Historia de Cuba en la escuela primaria, 1959- 1971, Informe de Investigación Inédito.

(2) Armando Hart Dávalos: “La revolución y los problemas de la educación”, en Cuba Socialista, Año 1, diciembre/1961, p. 45.

(3) Ver de: Yoel Cordoví Núñes y Dayana Murguia Méndes: La Regulación de la enseñanza privada en Cuba. Principales proyectos, normativas y polémicas.

(4) Durante los días 13 y 15 de diciembre de 1961 el Ministerio de Educación y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (SNTE) organizaron un seminario que tuvo como fin orientar a los profesores sobre las cuestiones fundamentales a tener en cuenta en la definición de los objetivos y contenidos de las diversas materias de la escuela primaria. En esa oportunidad Gaspar Jorge García Galló impartió cuatro conferencias, ellas fueron: “Fines y objetivos de nuestra Escuela Primaria”; “Los Estudios Sociales y la Geografía”; “El problema religioso” y el “Tratamiento a los intelectuales”.

(5) Entrevista realizada por la autora, el 12 de septiembre de 2016, al Doctor Constantino Torres Fumero., profesor e Inspector nacional durante la etapa estudiada, Autor de varios libros y artículos, actualmente se desempeña como profesor de la Universidad de La Habana.

(6) Ver: Isis Infante Ramírez: Construyendo la identidad local desde los programas y textos de historia de Cuba empleados en la escuela primaria, (1959- 1971), Ponencia presentada en el XXIII CONGRESO NACIONAL DE HISTORIA, 23 de abril de 2019.

(7) Ministerio de Educación: Programas para las escuelas primarias, La Habana, s/a y Ministerio de Educación. Dirección de Educación Primaria: Programa. Plan de estudio. Evaluación Escolar, Editora del Ministerio de Educación, 2ª Edición, La Habana 1964.

(8) José Antonio Rodríguez Ben: Enseñanza de la historia: Lecturas para docentes, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2009, p. 81.

(9) Pedagogo cubano durante la etapa republicana que abordó, en sus obras, temas relacionados con la enseñanza de la Historia. Su libro Enseñanza de la historia en la escuela primaria (1923) fue el mayor exponente de aproximaciones a las corrientes de la Nueva Educación o Escuela Nueva durante los años veinte.

(10) Ministerio de Educación: Programas para las escuelas primarias, La Habana, s/a y Ministerio de Educación. Dirección de Educación Primaria: Programa. Plan de estudio. Evaluación Escolar, Editora del Ministerio de Educación, 2ª Edición, La Habana 1964, p. 205.

(11)Fidel y los pioneros. Fragmentos de discursos del Comandante en Jefe, Fidel Castro, Casa Editora Abril, La Habana, 2011, p. 9.

(12)Ministerio de Educación: Programas para las escuelas primarias, La Habana, s/a y Ministerio de Educación. Dirección de Educación Primaria: Programa. Plan de estudio. Evaluación Escolar, Editora del Ministerio de Educación, 2ª Edición, La Habana 1964, p.135.

(13)Asesoría nacional de la Enseñanza General: Ajustes de los programa. 1º a 6º grado. Curso Escolar 1967- 1968, Cuidad Libertad, 1967, p. 69.

(14)Ver: Bohemia, 11 de febrero de 1962, Año 54, No. 6, p. 28.

(15) Ministerio de Educación. Dirección de Educación Primaria: Programa. Plan de estudio. Evaluación Escolar, Editora del Ministerio de Educación, 2ª Edición, La Habana 1964, Año de la Economía, p. 205.

(16) Asesoría Nacional de la Enseñanza General: Ajustes de los programas. 1º a 6º grado. Curso Escolar 1967- 1968, Ciudad Libertad, 1967.

(17) Ministerio de Educación: Cuarto Grado Urbano. Semana de la 29 a la 37. Curso Escolar 67-68; Quinto grado Urbano. Semana de la 29 a la 37. Curso Escolar 67-68; Sexto Grado Urbano. Semana de la 29 a la 37. Curso Escolar 67-68.

(18) El contexto internacional de esos años, se caracterizó por el surgimiento de movimientos antisistémicos: guerras de liberación nacional, movimientos nacionalistas, sociales, de derechos humanos en los Estados Unidos, estudiantiles en casi todo el mundo, y revoluciones en América Latina.

(19) Fidel Castro: “Discurso pronunciado en la velada conmemorativa de los Cien Años de Lucha, el 10 de octubre de 1968”, en Castro, Fidel: Discurso, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p.78.