Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967Los grupos como espacio para la promoción de la lectura

Por Ana Laura Escalona Díaz

Algunas personas pueden entender la lectura como un acto individual y solitario. Esta visión resulta una perspectiva reducida de la misma, que invisibiliza el papel de los “otros” y “otras” en el ejercicio de leer.

En los tiempos que vivimos, de rápidas transformaciones en el ámbito de la producción y circulación del libro, en las formas de acceso a los contenidos editoriales, y de las formas de comunicación e interacción, se hace apremiante desarrollar estrategias creativas y asertivas para la promoción de la lectura, el libro, y la creación intelectual (Documentos CERLAC, 2013).

Vale entonces reflexionar en torno al valor del grupo en el desarrollo del hábito de la lectura, una vez que este es reconocido como sitio privilegiado de socialización y por ende importante para la formación de la personalidad de las y los sujetos. Desde estos presupuestos y ante el reto de impulsar estas conductas la apuesta por estrategias que promuevan la lectura desde el espacio grupal puede ser una buena opción.    

Cuando una persona lee algo retador o atractivo (en las imágenes de un libro, en el acontecer diario o en los gestos y palabras de otros), sale en busca de alguien a quien contarle sus descubrimientos, sus dudas, sus sorpresas; las ideas y sentimientos que la lectura le ha despertado. Pone fuera de sí lo que está vivenciando, imaginando y pensando para obtener una “retroalimentación”, para conocer que despierta en otros, reconocer y comprender los puntos en común, enriquecer su mirada y, al mismo tiempo, contribuir al enriquecimiento de la de los y las demás. Se produce un intercambio, que redunda en el desarrollo del pensamiento y el crecimiento espiritual de quienes están involucrados. 

Tal y como reconoce D´Angelo (2002):

Varias perspectivas de enfoque coinciden en la importancia de la dimensión social, contextual, histórico-cultural en la realización de los aprendizajes humanos. Vigotsky, Bruner, Freire, Carr y Kemnis, Lipman y otros enfatizan las condiciones de la apropiación de los productos culturalmente elaborados en el marco de las relaciones interpersonales y sociales, como el contexto en que tiene lugar, realmente, el proceso de aprendizaje, desarrollo y comunicación humanas. (p. 1)

Esta legitimación coloca al grupo en lugar privilegiado en la dinámica de socialización y configuración de la subjetividad del individuo. Llama la atención acerca de la trascendencia de la mediación del “otro” u “otra”, en un proceso desarrollador de enseñanza-aprendizaje. Las vivencias que los individuos experimenten en su interacción con los miembros de su grupo, de todos los grupos en los que se inserta a lo largo de su existencia, irán marcando su desarrollo, enriqueciéndolo o no.

La naturaleza y el contenido de dichas interacciones condicionan la formación de la personalidad y el avance de las potencialidades creadoras del sujeto (Castellanos, Reinoso, y García, 2001). Por consiguiente, se puede afirmar que se aprende con otros, de otros y desde los otros. Esto define al aprendizaje como un proceso personal y social,  y coloca al grupo como contexto para dicha interacción.

A través del grupo se van transformando los sistemas de relaciones interpersonales, de normas y valores, así como los propios mecanismos de comunicación que están en la base de todo proceso educativo. La interacción que se produce entre sus miembros constituye una verdadera “fuerza”, que puede ir compensando las diferentes formas de actuar, revalidando o modificando lo aprendido en otros grupos de origen. De aquí, la importancia de aprovechar la influencia grupal para el aprendizaje desarrollador del sujeto (Castellanos, Reinoso, y García, 2001).

Se reconoce al grupo como un espacio de estímulos y posibilidades para el crecimiento, la maduración, el conocimiento, el desarrollo de habilidades, el rendimiento y la eficacia de los individuos; adquiriendo significativa valoración como instrumento flexible y polivalente para el trabajo con estos. Múltiples evidencias muestran que es más fácil solucionar problemas por medio de la acción grupal que a través de la acción individualizada (Shaw, 1932; Watson 1928 citados por González y Esteve, 1997); y de igual manera, se afirma que es más probable un aprendizaje desarrollador si está presente la acción grupal como célula educativa básica (Castellanos, Reinoso, y García, 2001; Calviño, 1997; Otego, López, y Álvarez, 2010).Tales aseveraciones permiten pensar en el grupo como escenario de acción en el campo educativo, con el fin de estimular las prácticas lectoras.

Deben buscar las acciones y estrategias de promoción de la lectura poner en contacto personas y lectura, personas y libros, personas y textos; considerar que los beneficios que el acto de leer provoca en el individuo puede ser redimensionado cuando se propicia tal ejercicio en colectivo. Propiciar una interacción donde se intercambien conocimientos, emociones y vivencias; se promuevan actitudes, que tributen al crecimiento como lectores e individuos. Se trata de reconocer el valioso papel de los y las mediadoras, sin perder de vista que estos pueden pertenecer a cualquier grupo etario y tener disimiles procedencias.

La construcción de significados que propicia la lectura necesita la presencia de otros y otras con preguntas, argumentos, conocimientos, suposiciones y puntos de vista alternativos. En esta materia, los otros son indispensables, pues ofrecen la oportunidad de “mirarse en un espejo” y mostrar otras facetas de sí mismo que antes conocían o no lograban comprender.

Referencias bibliográficas: