Descripción: El Socialista, periodico provincial Pinar del Rio, 15 de marzo 1967Una autora inolvidable. La yanqui que se enamoró de nosotros

Por Argelio Santiesteban

Irene Wright

Cuando transcurría 1879 nació en Lake City, Colorado. Y falleció en 1972 --New Rochelle, New York--  con 92 años.

   No caben dudas: Irene Aloha Wright tuvo sobrado tiempo para enfocar sobre nosotros, acuciosamente, su cariñosísima lupa investigadora.

   Por lo visto, nació atrevida. O echá’ pa’lante, como diríamos en nuestro sermo vulgaris cubensis.

   A los dieciséis años abandona su ciudad natal, y con unos pocos dólares en el bolsillo, viaja hacia México.

   Ha comenzado su interés por nosotros, la vilipendiada gente del Sur, habitualmente menospreciada por los compatriotas de ella.

   Mientras se desempeña como profesora de inglés, está estudiando, simultáneamente, español y la historia de los pueblos emplazados por debajo del Río Grande.

   En 1904 se gradúa en la Universidad de Stanford.

   Muy pronto estará en Cuba, como redactora del Havana Post. Después, editora del Havana Telegraph. Hasta 1914, propietaria del Cuban Magazine.

   Entonces, con manía obsesivo-compulsiva, se traslada a España, donde andará hurgando en los Archivos de Indias.

   De nosotros se ocupó extensa e intensamente: Santiago de Cuba and its Distric (1607-1640) (1); Historia documentada de San Cristóbal de La Habana en el siglo XVI (2);  Historia documentada de San Cristóbal de La Habana en la primera mitad del siglo XVII (3)

   Le llovieron las distinciones. Desde representante de la Librería del Congreso en España hasta presidenta de la Sociedad de Mujeres Geógrafas de Norteamérica. Ah, y miembro de las muy regias sociedades históricas de Gran Bretaña o de los Países Bajos.

   Pero ya la insignificante notica de un humilde gacetillero huele (mal-huele) al curriculum vitae que de vez en cuando nos exigen.

   Irene Wrigth fue mucho más.

   Hay que LEÉRSELA.

   Una perenne reprochadora de la porqueriza en la cual trató de hundirnos la burocracia metropolitana, tan oligofrénica como podrida.

    Y ella retrató los tiempos coloniales.

   ¿Me pedía usted, paciente lector, una cita de esa adorable yanquirule? Pues allá va.

   “La Habana era «escala de todas las Indias».  No obstante, según decía el Gobernador Mazariegos  era un pueblo de pocos vecinos y pobres, porque no tenían otra granjería que sus casas que alquilaban y la venta de los bastimentos que suministraban a los navíos que llegaban al puerto.  Según manifestaba el obispo, el paso de flotas y armadas traía a la Habana “mucha gente de diversas naciones”, que corrompían las buenas costumbres.  En verdad, parece que en esta época era la Habana una congregación de gentes relajadas, muy dadas al juego. Jugaban el oro en barras, las perlas, y esmeraldas, de suerte que unos se hinchaban con fáciles ganancias mientras otros morían con el alma destrozada por las pérdidas que sufrían.  Se acuchillaban unos a otros, se colocaban carteles difamatorios, envenenaban a sus mujeres mestizas para casarse con otras nuevas, y quemaban de cuando en cuando la casa de algún enemigo como diversión.  Los culpables buscaban asilo en la iglesia; si se trataba de juzgarlos por vía de ley, el juicio a veces no llegaba a sentenciarse, especialmente si el gobernador Mazariegos juraba que el muerto no había recibido sino su merecido y que él no quería oír más del asunto “votando a tal” que si le molestaban más los parientes y deudos del difunto les echaría a los piojos de la cárcel pública”.

 Me parece que, como botón de muestra, es bastante.

 

notas

  1.  Establecimiento Tipográfico de Felipe Peña Cruz. Madrid. 1918.
  2.  Imprenta Siglo XX. La Habana. 1927. 
  3.  Imprenta Siglo XX. La Habana. 1930.