Celebramos el 110 aniversario de la Revista de la Biblioteca Nacional

Por Aracelys García Carranza

Nuestra Revista cumple 110 años y creo oportuno un breve recuento de su historia, historia que enorgullece a la Biblioteca Nacional y a la cultura cubana. En especial pretendo rendir homenaje a su primer director. Fundada en 1909 por Domingo Figarola Caneda, sabio cubano de acendrado patriotismo, había perdido a su hijo único en la manigua redentora. Figarola toma posesión de la dirección de la Biblioteca el día de su fundación, el 18 de oct. de 1901; y confiado en la restauración republicana saluda, en el primer número de la naciente publicación, el afianciamiento definitivo, en nuestro suelo patrio, de los principios revolucionarios de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Ya por esos años Figarola Caneda consideraba a la bibliografía como una disciplina con personalidad propia y con carácter de ciencia verdadera; teniendo en cuenta su presencia en las publicaciones de muchos países y en múltiples eventos internacionales de la época. Este reconocimiento y la indiscutible vida intelectual de Cuba llevaron a nuestro director a fundar su Revista a sabiendas de los inconvenientes de tal empresa.

La primera tarea sería la adquisición de una imprenta, que solicitó como donativo desde años antes, exactamente en 1904. Ante este reclamo la Sra. Pilar Arazoza de Muller, bisnieta de un impresor del siglo XIX entregó un taller de composición tipográfica con capacidad suficiente para responder a los servicios de la Biblioteca.

Y al fin se publica el primer número de nuestra Revista, en abril de 1909.

De las mil y tantas páginas que conformaron los números de esta primera época (1909-1912) Figarola, solo contó en 1910 con la colaboración de Carlos de Velasco; el cual da a conocer la creación de la Academia de la Historia, y breves Biobibliografías de los académicos de número las cuales reseña en orden alfabético. En 1911 contaría con la colaboración de José Miguel Dihigo.

Pero en las mil y tantas páginas que escribiera don Domingo Figarola Caneda se lamenta por el triste destino de los manuscritos de cubanos insignes, y promete dar a conocer lo que fuera adquiriendo. Entre ellos la colección del más sabio y mejor de los cubanos, cartas de don José de la Luz y Caballero al Marqués de Montelo. Más adelante apoya erigir un monumento a Luz y Caballero pero sus preocupaciones desbordan los intereses de una Biblioteca Nacional y aboga por la creación de un Museo Nacional. Como bibliógrafo compila noticias biobibliográficas, publica el Catálogo de Cartas Necrólogicas que poseía la institución gracias a su gestión personal y logra breves estudios biográficos bajo el título de Necrologías dedicados a cubanos ilustres, entre otros Ramón Meza y Suárez Inclán, Enrique Piñeyro, José Dolores Poyo, y otros.

En 1910 inicia la Sección Oficial con noticias de la Biblioteca Nacional, entre otras el canje internacional que sostuviera con los Estados Unidos, América Central y del Sur, Europa, Asia y Australia, la adquisición de libros por compra, el estudio sobre las larvas que amenazaban a la colección, y la Galería de Retratos con la cual la Biblioteca Nacional le rendiría homenaje a grandes intelectuales cubanos. Esta Sección cesaría en 1911 cuando aparece en ella el Decreto 224, por el cual la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes divide las bibliotecas en tres clases: Nacional, Públicas y de las escuelas, institutos y otros.

En secciones más breves como Bibliografía y Polibiblion, Figarola daría a conocer libros de autores cubanos publicados en Cuba y de autores representativos de la cultura universal. La Revista también a partir de 1910 reproduce documentos valiosos en pro de la salvaguarda de los fondos de la Biblioteca y en 1911 no olvida la conservación de documentos al agrupar en su Bibliolitia Moderna los factores destructores de papeles e impresos y ofrecer detalles del mal uso del engrudo, remaches y otras acciones destructivas.

En el tomo de 1912 publica Escudos Primitivos de Cuba, erudita contribución histórica, y en 1913 en un pequeño número da a conocer las Memorias inéditas de la Avellaneda, un texto sobre la lingüística en Cuba y un estudio de José Manuel Dihigo sobre el idioma griego en nuestro país.

El sabio director de la Revista logró una publicación digna de una Biblioteca Nacional consagrada a salvar manuscritos, reproducir documentos, compilar bibliografías y necrologías biobibliografícas; así como dar fe de su impecable y premonitoria   labor en la institución a través de la Sección Oficial, puerta abierta al futuro desarrollo de la gestión bibliotecaria en el país e imprescindible documento para la historia de la Biblioteca Nacional y su revista. Una verdadera proeza en años de miseria atroz causada por el desempleo, el segundo empréstito de la República y el auge de las propiedades norteamericanas en nuestro país. En este medio tan adverso, la ofensiva contra la Revista no se hizo esperar. Orestes Ferrara, como presidente de la Cámara de Representantes no reconoce revistas salidas de oficinas públicas en el capítulo del presupuesto de Instrucción Pública. Hasta su propia revista La Reforma Social desaparece y mucho menos puede subsistir Cuba contemporánea.

Figarola Caneda es despojado de sus prensas, los problemas de la cultura le impedirán recuperarlas durante el resto de su mandato; hasta que 16 años más tarde la Revista resurgirá bajo la dirección de Lilia Castro de Morales quien supo rodearse de relevantes personalidades, entre otros el erudito médico Dr. Rodolfo Tro y el entonces joven historiador Manuel Moreno Fraginals. En el primer número correspondiente a abril de 1949 los propósitos expuestos se cumplieron: crítica de libros recientes artículos que dieran a conocer aspectos ignorados de nuestra cultura, reproducción de documentos inéditos, redacción de noticias y textos relacionados con la institución. La dirección retoma de su primera época los intereses de don Domingo Figarola Caneda, En sus 35 números de esta segunda época su directora logró los propósitos antes expuestos.

Y en febrero de 1959 ocupa la dirección de la Biblioteca Nacional la doctora María Iglesias Tauler; quien con acierto y generosidad propone a la Dra. María Teresa Freyre de Andrade, experta bibliotecóloga, que indiscutiblemente refunda la Biblioteca Nacional de Cuba hasta lograr que respondiera a las exigencias de la política cultural revolucionaria.

A mediados de 1960 la nueva directora, entre otras y múltiples tareas, logra publicar el primer volumen de esta nueva época. A partir de este año la Revista se denominaría Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”, pues a propuesta de don Fernando Ortiz ya la Biblioteca había adoptado este nombre desde la inauguración de su nuevo edificio el 24 de febrero de 1958.

Con un nuevo formato cuadrado y muy moderno para su tiempo la Revista tuvo como secretaria de redacción a la Dra. Graciela Pogolotti y su edición estuvo a cargo de Marta Vesa.

Nuevamente nuestra Revista se propuso ofrecer a los investigadores un buen acopio de documentos, así como estimular el estudio y la interpretación de nuestro pasado con vistas a desarrollar una sólida conciencia nacional.

Esta etapa comprendió los años 1959-1993.

Después de unos años vacíos, plenos de dificultades durante el Periodo Especial, la Revista reaparece en esta, su nueva época hasta nuestros días.

Pero desde 1959 la Revista por sus contenidos, verdaderos aportes al conocimiento y promoción de la literatura, la historia, la bibliografía y la cultura cubanas, ha sido calificada con justeza como una publicación enciclopédica en lo referente a la cultura cubana. Y así ha sido y es la Revista de la Biblioteca Nacional y de sus trabajadores, la Revista de sus directores don Domingo Figarola Caneda, Lilia Castro de Morales, María Teresa Freyre de Andrade, Cintio Vitier, Reneé Méndez Capote, Juan Pérez de la Riva, Julio Le Riverend Brusone, Eliades Acosta Matos y Eduardo Torres Cuevas, la Revista de sus jefes de redacción y de sus secretarías y secretario de redacción o redactores, la Revista de todos los colectivos que la hicieron posible en estos 110 años.

En fin, la Revista de la Biblioteca Nacional ya convertida en una venerable institución de la cultura cubana, con razones más que suficientes para seguir viviendo otros cientos de años más.

Y para una mayor y mejor información sobre la historia de nuestra Revista remito al número dedicado a su centenario correspondiente al año 2009.