Cuando en la Biblioteca Nacional José Martí se prestaban cuadros de pinturas famosas

Por Vilma N. Ponce Suárez

Diversos y novedosos fueron los cambios que se produjeron en la Biblioteca Nacional José Martí con la designación de María Teresa Freyre de Andrade como su directora, desde febrero de 1959. En su currículo resaltaban los estudios que había realizado en prestigiosas universidades e instituciones de Francia y los Estados Unidos, y su labor como profesora en la formación de bibliotecarios en Cuba durante la década del 40. Estas experiencias se articulaban con el compromiso revolucionario que sostuvo desde muy joven al oponerse a los regímenes de los presidentes Gerardo Machado y Fulgencio Batista.

El interés de Freyre de Andrade de contribuir a la elevación del nivel cultural del pueblo después del triunfo de la Revolución, y de crear un sistema de bibliotecas que estuviera a la altura del momento histórico que se vivía, la motivó a reorganizar la estructura de la Biblioteca Nacional en menos de un año. Para ello, se aprobó en 1959 la Resolución interior y el anteproyecto de Reglamento. Numerosas fueron las iniciativas que caracterizaron el trabajo en la institución, algunas sin precedentes, como la creación dentro del recinto de bibliotecas circulantes para adultos y jóvenes. Asimismo, el Departamento de Artes Plásticas organizó cursillos de apreciación artística dirigidos principalmente a los maestros que impartían esos contenidos dentro del nuevo plan de estudios. Este Departamento estableció además el servicio de préstamo de reproducciones de cuadros de pintores célebres de todas las épocas. Lo denominaron “pinacoteca circulante” y tenía el propósito de educar el gusto de los usuarios en esa rama del arte.

Una vez que la Biblioteca Nacional adquiría las litografías, eran barnizadas y colocadas en marcos. Con posterioridad se exhibían en paneles ubicados en el pasillo central de la tercera planta, para que el público escogiera la pintura de su preferencia. Obras de Leonardo da Vinci, Rafael, Velázquez, Picasso, Chagall, Renoir, Modigliani, Cézanne, Miró, Goya, Dalí, Wifredo Lam, entre otras, se hicieron familiares para los que acudían a la Sala de Arte. Aquellos que solicitaban el servicio de préstamo de un cuadro debían suscribirse y abonar 50 centavos. Al culminar el plazo de 45 días se comprometían a devolverlo a la Biblioteca. Si el usuario lo deseaba, le era factible renovar el periodo de préstamo o solicitar otra reproducción. Para su traslado, las obras se entregaban en bolsas de lienzo que aseguraban su protección. De esta forma, muchas de esas pinturas adornaron las casas y oficinas de los habaneros. Dicho servicio tuvo una alta aceptación de inmediato, pues estaba favorecido por una política cultural que estimulaba en la población las ansias de conocer sobre las creaciones más relevantes de Cuba y el mundo.

La experiencia llamó la atención del artista y periodista Leonel López Nussa quien escribió el reportaje “Un cuadro es como un ser querido”, que salió publicado en la revista INRA del mes de junio de 1960. Su condición de pintor le facultaba para valorar en su justa medida la importancia de este servicio creado en la Biblioteca Nacional, el cual contribuía a que las personas se identificaran con un pintor, e intentaran descifrar los sentimientos que le inspiraron a elaborar su pintura. El reportaje se ilustró con las fotografías de Miguel Torrás, las que permitían apreciar la ubicación y peculiaridades de las exposiciones que organizaban los departamentos de Arte y Juvenil. 

No quiso López Nussa quedarse solo con la impresión recibida durante su visita a la Biblioteca Nacional y la información que le ofrecieron las trabajadoras. Dirigió también sus pasos hacia las viviendas de varios lectores que habían hecho uso del servicio. En estas encontró las pinturas adornando las habitaciones, incluso cuartos de niños, y pudo constatar las muy diversas interpretaciones que suscitaban las obras en personas que tenían diferentes oficios, sexo y edad.

López Nussa hizo además referencia al servicio de préstamos de cuadros que de igual forma había establecido el Departamento Juvenil, gracias al cual los infantes no solo disfrutaban en sus hogares de obras de pintores célebres como Van Gogh, sino que podían ser dibujos realizados por los propios niños. En la sala, se mostraban en una exposición, en la que se incluían libros de arte que trataban sobre las pinturas exhibidas y sus autores. 

Estas y otras iniciativas generadas en la Biblioteca Nacional a principios de los años sesenta del siglo XX, cuando el problema principal era reducir el analfabetismo, nos hace pensar en los retos que enfrentan los bibliotecarios cubanos en la actualidad, relacionados con la irrupción de las tecnologías de la información y las comunicaciones. No obstante, como lo demostraron los trabajadores de antaño, estos escollos, y los que surjan en el futuro, pueden superarse con éxito si los bibliotecarios aman su profesión, son buenos lectores, estudian con asiduidad y avivan su creatividad. Respecto a este tema, el destacado investigador Dr. Emilio Setién Quesada señaló en una ocasión:

Un alto nivel cultural en el bibliotecario es básico para el cumplimiento de su labor. Debe ser un individuo en constante superación. Esta cultura ha de servirle para mantener y aumentar los fondos de su institución y para llevar a las masas los adelantos de la civilización de manera que estos sean asimilados por todas las capas sociales. La buena voluntad con que el bibliotecario lleve a cabo su labor determinará el éxito de la misma.(1)

Sea la remembranza de aquel servicio singular de préstamos de cuadros una incitación a los bibliotecarios a pensar y actuar, en correspondencia con las condiciones del presente, para lograr la satisfacción de las necesidades informativas de los usuarios, estimular su interés por la lectura y contribuir a su enriquecimiento espiritual.    

 

Bibliografía

- López Nussa, L. (junio 1960). Un cuadro es como un ser querido. INRA, 6, 60-63.

- Informe. (1959). Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, 1-4, 114-121.

- Setién Quesada, E. (mayo-junio 1963). Resumen de:. Bibliotecas, 3, [s.p.]

           

(1) Setién Quesada, E. (mayo-junio 1963). Resumen de:. Bibliotecas, 3, [s.p.]