100 años de Pedagogía Waldorf. Características fundamentales

Por Ailin Parra Llorens

Puente es el ser humano
entre lo pasado
y el ser del futuro;
el presente es instante;
instante como puente.
Alma deviniendo en espíritu,
en envoltura de sustancia
que es del pasado;
espíritu deviniendo alma
germen en briznas
en camino hacia el futuro.
Palpa lo futuro
a través de lo pasado.

Confía en lo que deviene
a través de lo que llegó a ser.
Toma al ser en devenir;
toma lo que será
en lo que está siendo.

Rudolf Steiner

Este año 2019 se conmemoran cien años de creada la Pedagogía Waldorf. Ella tiene su origen en la antroposofía de Rudolf Steiner. Como su composición etimológica indica, antroposofía proviene de antropos: hombre, y sofhia: conocimiento; por lo tanto, su objetivo fundamental es el estudio del ser humano. No solo la antroposofía se pregunta qué es el ser humano, sino también qué puede llegar a ser.

Rudolf Steiner —quien se doctoró en Filosofía y Letras, y estudió además matemática, física y otras ramas de la ciencia y de las artes, y es reconocido por su investigación de la obra científica de Goethe— destacó por sus aportes en la renovación de la vida social y cultural de su época en su labor educativa plasmada en la creación de la Pedagogía Waldorf; así como por sus contribuciones en otros campos como la Agricultura Biodinámica, la Medicina Antroposófica, las terapias artísticas, la farmacopea, la arquitectura, la pintura, la escultura y la creación literaria.

La Pedagogía Waldorf surgió en el marco del gran movimiento de Escuelas Nuevas de comienzo del siglo xx, concretamente en 1919, en Stuttgart, Alemania, así que está avalada hoy por una experiencia de cien años. Especialmente en Alemania, países centroeuropeos y nórdicos, los colegios Waldorf forman parte importante de la vida educativa y cultural. Hoy día es un referente en muchas partes del mundo, pues está presente en noventa países. En América existen colegios de este tipo en Perú, Colombia, Ecuador, México, Chile, Argentina, Brasil, República Dominicana, Puerto Rico, EE.UU. y Canadá. Cada escuela se adaptada a las necesidades y condiciones del ambiente en que surge, en estrecha relación con la cultura de la comunidad, donde asisten niños sin distinción racial, de género, de habilidades o de clases sociales.

Colegio Waldorf en Toronto, Canadá

Esta visión pedagógica abarca hoy día cuatro niveles educativos: el jardín de infantes, la escuela primaria, y la educación secundaria y preuniversitaria. También se extiende a los centros de educación especial, como el movimiento Camphill de niños y adultos discapacitados.

Muchas escuelas Waldorf pertenecen a la Red Mundial de Escuelas Asociadas a la UNESCO, porque integran en sus proyectos educativos los ideales democráticos, la educación para la paz, el trabajo multicultural, la educación medioambiental, la sostenibilidad y la solidaridad en la propia comunidad educativa y entre escuelas de muy diversos países. El ideal pedagógico de la educación Waldorf se fundamenta en tres pilares: el respeto a cada individuo en su desarrollo individual, el trabajo en equipo del claustro de maestros y profesores, y la colaboración permanente entre la escuela y la familia.

Fue el dueño de la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria quien, después de haber asistido a una conferencia de Steiner, le pidió que lo orientara para hacer de su fábrica un negocio más democrático y elevar el nivel cultural de sus trabajadores. Tras un ciclo de conferencias a los trabajadores, estos, a su vez, le piden a Steiner que cree un sistema educativo nuevo para sus hijos. Con este impulso es que se funda la primera escuela Waldorf, el 7 de septiembre de 1919 en Stuttgart.

Steiner decía que el arte de la educación debe partir del profundo e integral conocimiento del hombre, así que la pedagogía Waldorf tiene bases científicas. Esto es así porque asume una comprensión holística del ser humano, tanto desde el punto de vista anímico y psíquico, como físico-biológico. Esta visión integral se basa en que el desarrollo equilibrado y sano debe sustentarse en la armonía entre los centros constitutivos del ser humano: polo neurosensorial, polo metabólico-motor y zona rítmica, los cuales se corresponden correlativamente con el pensar, la voluntad y el sentir.

En coherencia con ello, el aprendizaje intelectual se basa en la experiencia práctica, y a través del juego, el arte y los quehaceres cotidianos, lo cual asegura un correcto equilibrio y relación entre el pensar, querer y sentir para mantener al individuo sano. Y, además, se logra una aprehensión orgánica, no forzada, de los contenidos que se ofrecen. En este sentido, no hay apremio por un desmedido intelectualismo, ya que el objetivo de la pedagogía Waldorf no es solo educar el intelecto, sino, sobre todo, inspirar cualidades humanas cuyo alcance va más allá de la racionalidad, como la gestión de los estados de ánimo o la creatividad.

La pedagogía Waldorf trabaja consciente de que, debido a las diferencias físico-biológicas, anímicas y psíquicas, el aprendizaje de los adultos y los niños se produce de maneras muy diferentes, y las enseñanzas que reciben deben tener en cuenta estas características. Una de ellas es que hasta los 21 años el cuerpo humano en desarrollo utiliza sus fuerzas para su construcción orgánica. El trabajo educativo se realiza atendiendo a las características de cada septenio de vida, pues cada siete años se producen cambios importantes a nivel físico-biológico que impactan en lo anímico y psíquico.

En cada uno de los tres primeros septenios de vida se trabajan en este orden las máximas de la Grecia antigua: lo bueno, lo bello y lo verdadero. ¿Si no mostramos al niño que su universo es bueno y bello, si no mostramos al joven que en este mundo hay verdad, qué podrán ofrecer luego a la sociedad? El cultivo de la seguridad y la bondad son fundamentales para que el ser humano tenga confianza en el mundo.

Otro aspecto de gran importancia resulta la disposición de maestros y padres a autoeducarse para mejor educar a alumnos e hijos. El poeta inglés Wordsworth dijo en cierta ocasión: “El niño es el padre del hombre”. En este sentido, educadores y los padres deben tener presente lo que dijo Rudolf Steiner en la conferencia “Andar, hablar y pensar” del año 1923:

Como el niño es el más delicadamente estructurado organismo sensorio, no solamente es sensible a las influencias físicas que lo rodean, sino asimismo a las influencias morales, especialmente a las del pensamiento. Así, por muy rebuscado que pueda parecer a la mentalidad materialista moderna, él siente todo lo que piensan quienes a su alrededor se hallan. Como padres o como maestros debemos no solamente evitar las acciones exteriormente impropias, sino ser internamente veraces, internamente morales en pensar y sentir, puesto que el niño percibe todo esto y lo absorbe, y así va formando su naturaleza, no solamente de acuerdo a nuestras palabras y acciones, sino en supeditación a nuestra total actitud mental y afectiva.

Uno de los fundamentos de la pedagogía Waldorf es que no sigue estándares ni programas estatales que van dirigidos a formar individuos que reproduzcan el sistema político-económico. Tal vez por ello también se le ha llamado “educación para la libertad”, pues ella quiere reconocer el genio particular de cada alumno, descubrir sus talentos y apoyar su desarrollo. Por eso Steiner decía: “No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para mantener el orden social establecido, sino: ¿Qué potencial hay en el hombre y qué puede desarrollarse en él? Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las nuevas generaciones”.

Pero para que el individuo sea pleno, el trabajo educativo no puede dirigirse solo hacia el aspecto individual; por eso la pedagogía Waldorf trabaja al mismo tiempo con una visión social, para que el desarrollo individual no se desfigure en individualismo, y se esfuerza en descubrir qué viene a traer al mundo cada ser, qué nuevas fuerzas viene a aportar a la comunidad en que vive. Su meta es estimular el interés genuino por el otro, por el mundo que nos rodea.

En este sentido social, la educación Waldorf anima el amor y el cuidado hacia la naturaleza, pero no lo hace a través de máximas ni consignas sino mediante la comprensión de la profunda relación que existe entre todos los seres vivos. Por eso, el estudiante Waldorf respeta a la naturaleza de la que se nutre, con la que cura sus enfermedades, porque ha aprendido a admirar sus bellezas y su grandeza. Desde las primeras edades el infante Waldorf aprende a percibir las riquezas de la naturaleza a través, incluso, de sus propios juguetes, los cuales están constituidos por una gran diversidad de elementos naturales: maderas, conchas, piedras, semillas, arena, tejidos de fibras naturales…

Lo mismo ocurre con juguetes más elaborados como puzles y muñecas, los cuales se caracterizan por el uso de materiales naturales y se distinguen por su sencillez, porque un juguete demasiado acabado deja poco espacio a la imaginación y a que surja la creatividad.

Para poder descubrir el genio de cada alumno, para dar un tratamiento individualizado, para desarrollar el interés por lo social, por la naturaleza, etc., es necesario tener paciencia. En el mundo del niño no hay prisa. En el universo educativo Waldorf no hay prisa, pues lo esencial no es correr hacia una meta, sino disfrutar el proceso y hacer sólido cada paso. Se goza cada momento. En el mundo de hoy, donde se interviene en el proceso de maduración de las frutas y en el crecimiento de animales de consumo, donde prima lo “instantáneo”, la educación Waldorf no permite que la economía o la moda le impongan sus necesidades. Es por eso que no se guía por planes rígidos de trabajo, sino que respeta los tempos de los estudiantes y son ellos y sus necesidades los que guían el avance del proceso educativo.

La pedagogía Waldorf comprende que “no solo de pan vive el hombre”, pues el ser humano se alimenta no solo de comida, sino también de emociones, de todo aquello que percibe a través de los sentidos: olores, colores, sonidos, formas… Es por eso que el educador es un ejemplo en cada uno de sus actos, de sus gestos, de sus palabras; así como el universo educativo que rodea al estudiante está preparado para ser acogedor: cada imagen, sonido, olor, etc. forma parte del alimento diario. Basándonos en esta comprensión, podríamos preguntarnos: ¿Qué imágenes y sonidos estamos presentando hoy ante nuestros niños y jóvenes?

Es por eso que la pedagogía Waldorf se cuestiona los efectos que para los niños y jóvenes ejerce la tecnología digital. Los niños precisan el movimiento para su desarrollo, pero hoy corren, saltan, brincan, gatean o se balancean muy poco, su sentido del equilibrio se ve escasamente reclamado e infrautilizado por el uso de medios digitales para juegos sedentarios o por la cantidad de horas que pasan frente al televisor. Ya en los años cuarenta del siglo xx el psicólogo suizo Jean Piaget reconoció en el movimiento del niño el fundamento de su desarrollo emocional, social y cognitivo. Quien no desarrolle su sentido del equilibrio acaba perdiendo también el equilibrio anímico.

Muchos padres creen, erróneamente, que los medios digitales aumentan la inteligencia de los niños, pero en realidad ocurre todo lo contrario: según la Asociación Americana de Pediatría en los niños con alto consumo de televisión, el hemisferio cerebral derecho se hace más grande, mientras el izquierdo, que se ocupa del lenguaje y el pensar abstracto, disminuye su tamaño; el sistema límbico cerebral, que entre otras funciones participa en la génesis de las imágenes de la representación y en la evolución de la vida afectiva, se desarrolla con mucha mayor lentitud. Surge desequilibrio y nuevas enfermedades infantiles o trastornos de conducta, mientras otras se intensifican. Ellas oscilan desde padecimientos relacionados con la introspección —como el autismo— hasta trastornos de comportamiento exacerbado —como hiperactividad, violencia y falta de concentración.(1)

También aumenta la inhibición en el desarrollo del lenguaje. El 25 % de los niños de 4 años padecen hoy en día de trastornos en el desarrollo verbal, mientras que a mitad de los años 70 solo un 4 % de los niños de entre 3 y 4 años indicaban déficit en el habla. Una razón de esa tendencia negativa es que en las familias de hoy se habla muchísimo menos que antes porque todos estamos ensimismados en el uso de medios digitales como la televisión, tables, teléfonos móviles, laptop o PC. Los niños vivencian poco la lengua como parte de un proceso activo y de entrega. Esta les llega a menudo como algo pasivo en el consumo de los medios digitales. No son capaces de entablar una verdadera comunicación donde se efectúe interacción de ambas partes. Y un desarrollo sano de la vida necesita de sístole y diástole, inspiración y expiración.

El mundo digital es artificial e incapaz de suministrar alimento anímico como lo hace la naturaleza, ofrece un exceso de impresiones sensoriales que ni siquiera el adulto es capaz de procesar. Por otro lado, los medios de comunicación de hoy están inundados de sexo, poder, estereotipos estandarizados y difíciles de alcanzar, de violencia compulsiva y consumo desmesurado. Cada día el mundo virtual penetra más en nuestras vidas desdibujando los límites con la realidad. No se trata de que nos apartemos del desarrollo tecnológico actual ni que nos neguemos a su utilidad, pero sí de realizar una discriminar más consciente en relación a sus efectos en la vida de los niños y los jóvenes.

En los jardines de infancia y escuelas Waldorf se le da prioridad al juego, sobre todo a los juegos de libre movimiento. No se utilizan medios digitales en absoluto y en su lugar se despliegan juegos tradicionales, rondas, canciones, actividades al aire libre, y se trabaja el elemento artístico con variedad de materiales como temperas, crayolas, hojas de colores, cera y barro para modelar. Además de los trabajos manuales, se incluyen entre las actividades artísticas la narración de cuentos, música, expresiones dramáticas, movimientos de danza. Por su parte, los juguetes no se dan de manera acabada, sino que se deja espacio para que el niño los complete con su imaginación, y se ofrecen muchos juguetes simples que sirven como motivos para que el niño construya algo a partir de los materiales ofrecidos. Mediante el ejemplo del maestro, la jardinera o cuidadora, los niños se sienten impulsados a realizar labores como barrer, tejer, hacer trabajo de jardinería o ayudar en la elaboración de la comida. Todo lo cual los prepara para la vida.

En las escuelas Waldorf se utiliza la gimnasia Bohtmer, la euritmia, el arte de la palabra, se realiza trabajo biográfico y, por lo general, hay la presencia de un médico que, junto al maestro, estudian y atienden las necesidades individuales de cada alumno. Dentro de la pedagogía Waldorf se han desarrollado la Pedagogía Curativa, la Pedagogía de Apoyo, la Pedagogía de Emergencia y la Pedagogía Vivencial para atender necesidades educativas específicas. Todas ellas bajo la visión pedagógica de Rudolf Steiner: “Contempla al niño con reverencia, enséñale con amor y déjalo ir en libertad”.

¿Dónde encontrar en Cuba bibliografía sobre Educación Waldorf?

En nuestro país podemos encontrar bibliografía sobre Educación Waldorf en la Mediateca de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y en la biblioteca de la Asociación de Pedagogos de Cuba. Además, un centro de información se localiza en la sede del Club Martiano Cultura y Libertad de la Sociedad Cultural José Martí, cuyos miembros también constituyen el Grupo Primavera que pertenece a la Sociedad Antroposófica General. Ellos se dedican al estudio de la pedagogía Waldorf por los beneficios que puede traer en nuestro país a los niños y jóvenes actuales, y por la coincidencia con la concepción pedagógica martiana. Este club martiano y rama antroposófica posee la colección bibliográfica más extensa que sobre pedagogía Waldorf existe en nuestro país; y el investigador, maestro, padre u otra persona que desee ponerse en contacto con ellos puede hacerlo mediante el correo electrónico: primavera@cubarte.cult.cu.

Algunos de los títulos existentes son:

Georg Hartmann: Educación Waldorf, una pedagogía integral. Editorial Antroposófica, Buenos Aires, 2001

Frans Carlgren: Pedagogía Waldorf, una educación hacia la libertad. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2004

Rudolf Steiner: Fundamentos de la Educación Waldorf. Tres tomos. Tomo 1: El estudio del hombre como base de la pedagogía. Tomo 2: Fundamentos de la Educación Waldorf. Metodología y didáctica. Tomo 3: Coloquios pedagógicos. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2012

Christopher Clouder y Martyn Rawson: Educación Waldorf. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2015

John Benians: Los años de oro. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2005

Rainer Patzlaff y Wolfgang Saßmannshausen: Indicaciones de Pedagogía Waldorf para niños de 3 a 9 años. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2007

Rudolf Steiner, Ursula Grahl, C. Von Heydebrand y Friedel Lenz: La sabiduría de los cuentos de hadas. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2003

Henning Köhler: No existen niños difíciles. Alegato para la transformación del pensar pedagógico. Editorial Dorothea, Buenos Aires, 2016

Peter Lang, Susanne Pühler, Nancy y Colin Poer, y Katrin-Mita Müller: Protejamos la infancia. Editorial Pau de Damasc, Barcelona, 1999

Rudolf Steiner: La educación como cuestión social. Editorial Pau de Damasc, Barcelona, 2006

Paulien Bom y Machteld Huber: De uno a cuatro. Las verdaderas necesidades de los niños durante la primera infancia. Editorial Antroposófica, Buenos Aires, 2013

Michaela Strauss: El lenguaje gráfico de los niños. Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2007

Freya Jaffke: Juguetes hechos por los padres, Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2010.

Udo de Haes: El niño y los cuentos, Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 1991.

 

(1) Las nuevas condiciones de vida han hecho surgir un nuevo cuadro patológico que cada día padecen más niños: ADD por sus siglas en inglés o DDA (desorden del déficit de atención), una especie de enfermedad del aprendizaje, combinación de hiperactividad y dispersión.