La creación siempre es un viaje inconcluso

Por Mauricio Núñez Rodríguez

El Centro de Desarrollo de las Artes Visuales enclavado en La Habana Vieja mostró recientemente la exposición Espacio posible, una idea del proyecto de creación colectiva Dentro del juego que agrupa a un grupo de artistas de Santa Clara. A través de la síntesis propia que brinda un salón se pudo apreciar el notable y heterogéneo quehacer de esta zona del país que ha sido siempre uno de los núcleos culturales más significativos de la isla.

Nos acercamos al universo de uno de los artífices de esa experiencia creadora, el artista Juan Carlos Pérez Bermúdez, quien está avalado por más de dos décadas de trabajo profesional y numerosos reconocimientos a su obra. Esculturas de su autoría, por ejemplo, forman parte de la visualidad de la ciudad de Santa Clara, no solo porque están ubicadas en importantes espacios de socialización urbana, sino también porque representan a significativas figuras villaclareñas como Marta Abreu o de la estatura de José Martí, Leoncio Vidal y Simón Bolívar.

 

Juan Carlos, transitas de la pintura a la escultura como si fueran estaciones propias en tu viaje estético ¿En cuál de ellas te sientes más pleno?

El acto de la creación artística es un viaje inconcluso siempre, por eso creo que llamar a un artista pintor o escultor en estos tiempos es un poco encasillar un proceso creativo. Se es artista y punto. Estos límites se difuminan un tanto en la contemporaneidad. Tengo una formación pictórica, aunque en la etapa de estudiante transitas inevitablemente por ejercicios tridimensionales, pero básicamente, pintor. Sin embargo, varios colegas han dicho que mi pintura es muy escultórica. Eso lo dejo a consideración del espectador o la crítica. Quizás por eso, proyectos que nacieron como esculturas terminaron convirtiéndose en parte de mi obra bidimensional y, a su vez, cuadros, dieron paso a proyectos escultóricos. En este momento ambas manifestaciones forman parte de mi medio de expresión. No existe predilección de una sobre otra. Más que eso, se complementan y ahí, precisamente, se encuentra la plenitud.

 

La escultura épica ocupa un lugar distintivo en tu quehacer. Piezas con la imagen de José Martí, Simón Bolívar o Leoncio Vidal están enclavadas en instituciones públicas de Santa Clara ¿han sido obras por encargo, te interesa esta línea de creación o ambas razones?

Han sido piezas encargadas puntualmente. No es que haya existido un interés marcado por este tipo de trabajo; pero desde que he asumido estos retos se han convertido en otra arista importante, aunque corres el riesgo de que te encasillen en estereotipos, al menos en mi caso, no se resume al solo hecho de una simple reproducción iconográfica. Me gusta investigar previamente sobre la vida y obra del personaje, estudiar, buscar las mejores imágenes, involucrarme, y terminas conociendo un poco más de historia, además de ser un excelente ejercicio de superación académica que aporta mucho a mi labor como educador. Además, es un honor para cualquier artista que su obra forme parte de la visualidad de su ciudad o de cualquier otra. Es la validación del trabajo, tu mejor currículum, el legado que dejarás a tu paso.

 

¿Cómo logras llevar con tanta verosimilitud la expresión del rostro de las personalidades que seleccionas para tus esculturas? Logras piezas realmente hermosas, de excelente factura e identificables a la primera mirada y trabajas en bronce, cemento o piedra. 

Es puro ejercicio técnico: ensayo y error, por decirlo de alguna manera. Mi paso por la academia, luego el hecho de ejercer como profesor de dibujo en la misma institución (actualmente Centro Provincial de Enseñanza Artística) me han ayudado mucho. No obstante, el mérito no es solo mío. Sería justo destacar que en muchas de estas obras he contado con la presencia de colegas, en especial Delvis Santos, amigo y coautor. El trabajo con el barro, una opinión acertada y el consenso en equipo, permiten corregir e ir logrando poco a poco la expresión deseada, teniendo en cuenta el material definitivo y sus características propias, lo demás es moldeo, fundición y terminación, ejercicios más técnicos que también, por supuesto, requieren oficio.

 

Juan Carlos ¿por qué no se conoce más en la capital la creación artística que se realiza en el centro del país?

El propio surgimiento del proyecto “Dentro del juego” responde de alguna manera a estas inquietudes. Sin ánimo de buscar culpables, se debe a una sucesión de problemáticas, tanto institucionales como de los propios artistas. La falta de perspectivas promocionales de ambas partes hace que exista una inmovilidad artística más allá de las fronteras de una provincia. El desinterés por no percibir un beneficio real provoca la carencia de estas estrategias de promoción. ¿Para qué traer artistas de provincia? Es cierto que genera gasto de recursos que muchas veces no se tiene. Todo ello provoca que la balanza se incline hacia una zona de confort donde el artista trabaja más para una economía necesaria y sin riesgos de apostar por una obra creativa, arriesgada y representativa de su quehacer. Es por ello que el proyecto surge como una intención de punta de lanza para visibilizar la obra de un grupo indeterminado de artistas partiendo de la autopromoción.

 

Juan Carlos, posees una creación artística sólida y mantenida desde la década del noventa del pasado siglo, sin embargo, solo tienes tres exposiciones personales en tu currículum y, la más reciente, fue en el año 2005 ¿Por qué tanto tiempo sin mostrar un conjunto de tu quehacer?

Es cierto que me he mantenido un tanto alejado de los espacios expositivos sobre todo con propuestas personales. Ello se debe a que me he enfocado fundamentalmente en proyectos de otra índole, como obras por encargo para emplazamientos monumentarios y ambientales en la ciudad así como proyectos pictóricos; pero que en general no obedecen a una estética propia para el circuito galerías. No quiero decir con esto que haya sido un arte menor. No. Ha sido una propuesta artística responsable y respetuosa. Solo que constituye otra manera de visibilizar mi obra. Todo esto hace que proyectos personales expositivos tengan una producción más lenta, por eso conservo obras que son parte de un discurso estético-conceptual en espera de un completamiento coherente para ser expuesta. Por lo pronto, trabajo para una próxima muestra personal en octubre del próximo año, que pienso después mover a otros espacios, quizás a la capital.