Un libro para reflexionar sobre el dinero

Por Ailin Parra Llorens

El pasado 28 de noviembre de 2019, en Centro Cultural Loyola, fue presentado por su autor, Bernhard Steiner,(1) el libro Dinero y Karma, el cual lleva por subtítulo “Un ensayo sobre la dimensión espiritual del dinero” y ha sido traducido ya en cuatro idiomas. En él se recuerdan las palabras de Jorge Luis Borges en su relato titulado “El Zahir”:(2)

(…) pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos.

Dinero y Karma invita a preguntarnos: ¿Qué es el dinero? ¿Cómo se genera? Pero, sobre todo, el libro de Bernhard Steiner nos convida a cuestionarnos si los problemas actuales con el manejo del dinero son una cuestión de consciencia. Especialmente en nuestros días, donde impera el pensamiento materialista y la economía impone sus designios a la vida política, jurídica y cultural. Hoy no nos preguntamos ya por nuestro ser, sino que nuestra preocupación radica en qué tenemos. El dinero se nos viene encima como una obseción, tal como le sucede al personaje del relato de Borges, en este caso un narrador autodiegético, que se referencia a él mismo, el propio Borges, tal vez ratificando el hecho de que el pensar en el dinero de manera obseciva nos encierra en nosotros mismos, nos vuelve egoistas. Y si todos comenzamos a pensar de esta manera, ¿quién pensará en el bien común?

Hoy son cada vez más los espacios donde el hombre no vale por lo que es, sino por lo que tiene, pues él mismo se ha vuelto un producto, un objeto cuantificable. Dice Borges: “Dormí tras de tenaces cavilaciones, pero soñé que yo era las monedas que custodiaba un grifo”. Vivimos en una cultura global donde los hombres son mercancía y se imponen pensamientos utilitarios materialistas que tienden a transformar el mundo en una gran empresa comercial.

Tal vez resulte sorprendente para muchos este vínculo entre el dinero y la idea del karma, pues al dinero la mentalidad materialista lo suele considerar como a la quintaesencia, mientras que a la idea del karma y de la reencarnación se los adjudica a quienes se interesan por la espiritualidad oriental. Sin embargo, dice Bernhard Steiner que “quien que se ocupe de la cuestión del dinero en mayor detalle llegará a una dimensión más profunda que, por cierto, tiene que ver con la comprensión del karma. En ambos casos nos encontramos frente a una suerte de contabilidad, frente a un registro de servicios y retribuciones de personas. La idea de que después de la muerte se realiza un balance ―entre un “debe” (culpa) y un “haber”― constituye un aspecto importante de los fundamentos conceptuales de reencarnación y karma. Veremos que el enigma “dinero” se puede entender mejor a la luz de la reencarnación y del karma y que este entendimiento nos abrirá caminos que nos conducirán hacia las posibles soluciones de ciertos problemas sociales (…). Ante todo les será posible ubicar mejor la naturaleza especulativa en la que desembocaron los procesos modernos del dinero”.

Si pensáramos la sociedad como el organismo vivo que es, al cual también responden las leyes de la vida, pudiéramos también comprender muchas cosas. Cuando la vida se entrega a la enfermedad ―los médicos lo saben― es cuando se produce un desequilibrio. Es por eso que la medicina clasifica las enfermedades en dos grandes grupos: degenerativas o inflamatorias, catabólicas o metabólicas, es decir, el hombre se enferma cuando imperan las fuerzas degenerativas, relacionadas con el polo neurosensorial, o cuando imperan las fuerzas inflamatorias o metabólicas. El estado de salud se basa justamente en la mantención del equilibrio entre estas dos fuerzas. Refiriéndose a la vida social, el filósofo austriaco Rudolf Steiner dijo en una conferencia en 1921: “El bárbaro tiraniza al corazón a través de la cabeza; el salvaje tiraniza la cabeza a través de lo que sale del resto del organismo, de la vida instintiva”.(3) Es decir, también cuando la sociedad enferma es porque vive un desequilibrio, una unilateralidad. Y hoy toda la balanza se inclina hacia el aspecto económico. Es este, como ya dije antes, el que rige los destinos políticos, legislativos y culturales.

También la estructura de los procesos económicos, en sí mismos, es enferma. El dinero fluye hacia donde más dinero hay, sin plantearse la necesidad de una compensación, de un equilibrio, de una cierta equidad, y se producen entonces acumulaciones inmensas de capital. Cuando en un organismo vivo hay acumulación, existe enfermedad. ¿Para qué esta acumulación? Es como si ciertas fuerzas del mal indujeran, a través de la acumulación, a crear la ilusión de seguridad. ¿Cuál es la ganancia real de los paseedores de las grandes fortunas? Ese dinero, si no es capaz de crear una sociedad sana, no les sirve cuando salen a la calle y ven los horrores del mundo; no les sirve cuando sus hijos están expuestos a secuestros, asaltos y a ser asesinados; no les sirve cuando sobreviene la enfermedad incurable.

¿Cómo es posible que la humanidad haya alcanzado un desarrollo tecnológico tal que nos haya permitido poner los pies en la Luna, y la pobreza y el desempleo sigan vigentes? ¿Cómo es posible que, según cálculos de la FAO,(4) aún hoy uno de cada seis habitantes de la Tierra pase hambre?

Vivimos en un mundo enfermo, pero, ¿cómo sanarlo? La condición fundamental para un cambio ―en el sentido de una sanación social― es, en primer lugar, un diagnóstico correcto de las causas, para lo cual es imprescindible reflexionar sobre cómo formamos los conceptos. Es necesario que se consideren ciertos prejuicios sobre el dinero y que las opiniones que tenemos respecto a él podrían ser un producto de las estructuras de poder y una expresión de esa ideología.

Tal vez un poco de orientación en este sentido pudieramos encontrarlo en cómo se comprendía en la antigüedad la esencia del dinero. En la antigua Roma, Mercurio ―el Hermes griego― no era solo el dios de los médicos, sino también de los mercaderes y de los ladrones. Esta extraña coincidencia se debía a que Mercurio, el mensajero de los dioses, por lo general era considerado un mediador entre lo que era “demasiado” y lo que era “muy poco”, lo cual valía tanto para la medicina, como para el comercio y ―obviamente― para los ladrones.

Es por eso que podemos encontrar el caduceo como símbolo de los médicos y farmaceúticos, y también en la fachada de la Casa Central de la Unión de Bancos Suizos y en las fachadas de los bancos nacionales de París y Londres, que son algunos de los primeros bancos que existieron. Y también podemos encontrar este símbolo en billetes, en especial en el dólar de los EE. UU. ($).

En el organismo humano la curación se realiza con la ayuda de las fuerzas de la naturaleza, mientras que a nivel social la misma debe ser realizada conscientemente por el hombre. Continuamente habrá que luchar por el equilibrio entre el polo económico ―que tiene hoy una tendencia a dominarlo todo― y aquello que emana de lo espiritual-creativo del individuo.

El poeta alemán Novalis también habla de esta responsabilidad del ser humano y ve la clave en el corazón, como expresión de la zona rítmica o de equilibrio entre el polo neurosensorial y el metabólico-motor. Él dijo:

El corazón es la clave del universo y de la vida. Vivimos en este estado de desamparo para amar y comprometernos con los demás. Gracias a nuestra imperfección estamos abiertos a la influencia de los otros, y el objetivo es esta influencia ajena. Ante la enfermedad sólo deben y pueden ayudarnos los otros. Desde este punto de vista, en realidad, la clave del mundo es Cristo.(5)

En otro momento de su relato, sigue Borges: “(…) Tanto valdría mantener que es terrible el dolor de un anestesiado a quien le abren el cráneo. Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir. Según la doctrina idealista, los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. (…) Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?”.

Podríamos entonces preguntarnos: ¿Cómo hacer que la sociedad despierte de su sueño? ¿Qué métodos aplicar en su curación? Algunas indicaciones al respecto ofrece este libro, Dinero y Karma, que propone un cambio conceptual, un nuevo modo de ver y de relacionarnos con ese mercurial instrumento de intercambio que constituye el dinero, porque nuestro mundo social es el resultado de nuestras ideas, representaciones y sentimientos. Hay una historia, de origen desconocido, que aparece dentro del libro y que lo ilustra muy bien:

Un sacerdote conversó con Dios acerca del cielo y del infierno. “Yo te mostraré el infierno”, dijo Dios. Ambos fueron a un ambiente en cuyo centro se hallaba una olla con sopa, alrededor de la cual había gente sentada que se moría de hambre. En sus manos tenían cucharas con las que llegaban hasta la olla, pero el mango era demasiado largo como para introducirlo en la boca. El sufrimiento de estas personas era terrible.

“Ahora te mostraré el cielo”, dijo Dios, y condujo al sacerdote a otro ambiente parecido al primero, con cucharas igual de largas. Pero allí las personas se veían bien alimentadas y alegres. El sacerdote se asombró, hasta que Dios dijo: “Es muy simple, estas personas aprendieron a darse de comer mutuamente”.

Dinero y Karma realiza una retrospectiva y propone perspectivas en relación a la cuestión del dinero. En un primer momento se desarrollan conceptos realistas que nos acercan a la esencia de lo que es el dinero, para luego enfocar los factores que pueden conducir a una sanación de lo social. Algunos de los tópicos que se abordan son: la creación del dinero, su proceso de abstracción, su esencia, su relación con la mercancía y con el trabajo, sus funciones, su valor, el aspecto antropológico y el social, la cuestión de los intereses, cómo sanar la economía, qué es el precio justo, funciones del FMI y del Banco Mundial, entre otros.

Algunos de los aspectos que llaman la atención en la lectura de Dinero y Karma son, entre otros, el envejecimiento del dinero, el ingreso básico incondicional, los tres tipos de dinero ―dinero de compra, dinero de préstamo o inversión, y dinero de obsequio o donación―, y además lo referente a la Ley Social Fundamental propuesta por Rudolf Steiner en 1906: “El bienestar de una comunidad de personas que trabajan juntas es tanto mayor, cuanto menos el individuo pretenda el fruto de su trabajo para sí mismo, esto significa, cuanto más reparta estos frutos entre sus colaboradores, y cuanto más satisfaga sus propias necesidades, no de su propio trabajo, sino mediante el trabajo de otros”.

De modo que se nos presenta como una tarea humana central el relacionarnos con el dinero de una manera diferente, darle al sistema monetario una nueva orientación, verdaderamente social y humana. Por eso, quisiera concluir recordando unas palabras que aparecen también en este libro: El hombre que posee el dominio sobre sí mismo ya no necesita dominar a otros, así que el autoconocimiento es una de las condiciones para el sano desarrollo social.

 

Si el lector cubano desea obtener este libro en versión digital, debe solicitarlo mediante el correo: primavera@cubarte.cult.cu

(1) Bernhard Steiner nació en 1951 en Basilea, Suiza. En su juventud vivió en Argentina, donde inició estudios de Arquitectura en la UBA, los cuales interrumpió para estudiar en el seminario de la Comunidad de Cristianos de Stuttgart, Alemania. También estudió agricultura biológico-dinámica y durante 30 años trabajó en la distribución de productos ecológicos y orgánicos. Ha realizado traducciones y publicado más de doscientos artículos en diversas revistas. Actualmente es corresponsal del semanario Das Goetheanum.

(2) Jorge Luis Borges: “El Zahir”, en El Aleph, Alianza Editorial, Madrid, 2000, basada en la edición revisada por el autor que publicó Emecé Editores en 1974.

(3) “¿Cómo actuar para promover el impulso de la tripartición del organismo social?”, segunda conferencia, 1921, GA 338.

(4) FAO por sus siglas en inglés: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

(5) Novalis: “Fragmentos y estudios 1797-1798”.