Imaginarios: Homenaje a Serafín (Tato) Quiñones

Recopilado Por: Alejandro Zamora Montes y Johan Moya Ramis

<< Imagen tomada de Internet

Serafín (Tato) Quiñones (1942-2020) fue narrador, periodista, investigador, guionista y realizador de documentales. Dentro de su obra literaria se encuentran los volúmenes “A pie de obra”, “Ecorie Abakuá”, “Al final del terraplén, el sol” “Asere Núncue Itiá Ecobio Enyene Abacuá” y “Afrodescendencias”, así como ensayos, artículos y reseñas divulgados en diversas publicaciones seriadas. Entre sus realizaciones audiovisuales se cuentan Ashé Moyuba Orisha (en torno a la santería cubana), Nganga Kiyangala (acerca de la religión de los congos en Cuba), Quién baila aquí (la rumba sin lentejuelas) y la serie documental Lukumí, sobre la presencia e influencia de la cultura yorubá en nuestro país. Fue miembro de la UNEAC, de la Sociedad Cultural Yoruba de Cuba y Cabildo Lukumí Ifá Íránlówo. El equipo editorial de Librínsula pone a disposición de las lectoras y lectores un acercamiento a la figura de este reconocido activista, a través de algunos textos (poemas, correos electrónicos, pensamientos) de amigos y colegas cercanos. Ellas y ellos son: Georgina Herrera (Poetisa), Ramón Torres Zayas (Investigador), Tomás Fernández Robaina (Bibliotecario e investigador), el dúo rapero Obsesión, Roberto Zurbano Torres (Ensayista) y Ediel González Herrera (Poeta). Vale la pena destacar el inmenso aporte que nos lega Tomás Fernández Robaina desde el punto de vista memorístico y bibliotecológico: una bibliografía extensísima sobre la temática Abakuá en nuestro país. Sirva esta sección para homenajear humildemente a un Tato Quiñones activista y escudriñador de esta parte significativa (y popular) de nuestra cubanidad.

 

Tato, el Maestro

Por: Dr. Ramón Torres Zayas “Mongui”.

Lo confieso: cuando conocí a Serafín/Tato Quiñones, me pareció un tipo presuntuoso, engreído y creyente. Definitivamente, no me cayó bien.

Para la época, yo era un joven estudiante de Periodismo y hacía mi tesis sobre la Sociedad Abakuá y su interpretación en la actualidad. Mi compañera de curso, Tania Pagola, pretendía defender su trabajo final relacionado con la Regla de Ocha y ya había consultado a Tato. Por tanto, me dio su dirección, recomendándome entrevistarlo.

Muy diligente, me dirigí a la calle 47, e/ 58 y 58B, en Playa, donde me recibió el Maestro, y comenzaron mis sinsabores:

—¿Te leíste Memorias de un deportado, de Manuel Miranda?

—No —respondí.

—¿Y Ekue-Yamba-O, de Carpentier? ¿Y ¼ Fambá y 19 cuentos más? ¿Y El iniciado? —parecía una metralleta que, mostrando su superioridad, ganaba unos cuantos puntos conmigo. ¡Me estaba restregando lo ignorante que yo era! Y, con una fría tranquilidad, concluyó —Vete para tu casa. Cuando te hayas leído todo eso, entonces vienes a verme.

Me sentí muy poca cosa; sin embargo, acepté el reto y volví a las pocas semanas con las lecturas sugeridas y otras aún.

—Es difícil estudiar sobre el tema abakuá, porque casi todo ha sido negativo. Así que si te quieres meter en esto, tienes que ser el mejor. De lo contrario, no pierdas tu tiempo— fueron sus palabras.

Aquello me cayó peor. ¿Me estaba poniendo a prueba constantemente? ¿Qué se creía ese jabao medio capirro, que me la ponía tan difícil? Pero quería graduarme, y no había quien lo superara en sabiduría acerca del fenómeno que me interesaba. Por eso, tragué el amargo buche, y decidí soportarlo un rato más.

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Al cabo del tiempo regresaba en busca de Tato. Sus enseñanzas no fueron en vano y solo con ese nivel de exigencia pude concluir mi tesis de licenciatura. Ahora optaba por el título de máster en Comunicación, que simultaneaba con otro en Antropología, ambos sobre el mismo fenómeno, abakuá, si bien tocaba aspectos diferentes en cada disciplina.

Y ahí estaba el Maestro, colocándome todavía el listón más alto, pero sin que yo me sintiera acomplejado, porque comprendí cuánto rigor se necesita para enfrentar el tema, tradicionalmente ignorado, excluido, marginado por su esencia proletaria, clasista y ¿por qué no?, por los prejuicios raciales que todavía ponderaban en una sociedad que tanto se preocupaba por la justicia social de los cubanos todos.

Y tuvimos nuestros debates y desencuentros, mas no dejaba de asombrarme Tato con la profundidad de sus análisis. Mi visión sobre aquel hombre fue transformándose; ya me estaba cayendo mejor. Tato tenía una indiscutible vocación pedagógica contraria a cualquier dádiva. Por el contrario, estimulaba, ¡y mucho!, el conocimiento desde la discusión respetuosa y sin ambages.

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Mi mentor estuvo acompañándome durante todo mi crecimiento y maduración. Y yo a mi mentor. Por él conocí a Elio Orovio, ejemplar musicólogo estudioso de nuestra producción popular; a Gregorio/Goyo Hernández, celebérrimo rumbero y dignatario abakuá; al dramaturgo Abraham Rodríguez, creador del clásico Andoba y a la pintora Belkys Ayón, cuya obra colográfica rescataba el mito de Sikán. Todos ofrecieron su granito a mi formación académica. Todos gracias a Tato. Todos hoy lamentablemente desaparecidos.

Con Tato participé en 2006 en la creación de lo que actualmente conocemos como “La esquina de la descolonización”, en Morro y Colón, donde rescatábamos del olvido al grupo de héroes negros abakuá que el 27 de noviembre de 1871 protestaron y murieron por manifestarse contra el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina. Desde el luego, no éramos solo Tato y yo: ahí estaban Sinesio Verdecia, Dimitri Prieto, Mario Castillo, María Ileana Faguaga, Juan Gualberto Nápoles, entre otros. Lo que sí puedo asegurar es que no éramos muchos.

<< Pie de foto- fotógrafo Luis R Bruzón Fuentes

Con Tato participé en el reclamo por reivindicar la figura de José Antonio Aponte, el primer mártir de nuestra Patria y, en el Palacio de Aldama, recordando la sublevación lukumí durante el primer tercio del siglo XIX. Indiscutiblemente, Tato se las sabía todas.

De la mano de Tato retorné a los predios universitarios, esta vez con mi propuesta doctoral para un nuevo acercamiento a la Sociedad Abakuá, y allí se lució enkamando (hablando en lengua ñáñiga) cuando lo necesité, porque Tato se convirtió en mi maestro imprescindible.

Y, curiosamente, Tato no había cursado estudios superiores, lo cual me hacía verlo en una dimensión superlativa; y cuando me venía a la mente aquella primera impresión en que lo creía un vanidoso, me sonreía diciendo: “El hombre está pasa´o. ¡Es un animal”, que es el símil más sugerente cuando queremos reconocer la valía suprema de una persona!

Quizás por ello, siempre creí que Tato era eterno, y al saber de su deceso quedé derrumbado; porque esa misión de Maestro, compañero, amigo, resulta insustituible.

De cualquier modo, quedará el dulce recuerdo de haberme contado entre sus discípulos preferidos. Aunque para otros parezca yo ahora el presuntuoso, engreído y creyente.

 

Poema de Georgina Herrera dedicado a Tato Quiñones (enviado por correo electrónico a Sandra Álvarez “Negra Cubana”) 4

<< Imagen tomada de Internet

Sandra queridísima, te estoy enviando el poema que le hice a Tato. Hasta ahora, solo lo tenemos y tú y yo. Tal vez le falte poesía, pero le sobra corazón y mucha rabia que no contengo. Lo lloro porque siento ganas, por lo que fue y será él, por su muerte física inevitable. Mi gran problema con la muerte radica precisamente en que estoy convencida de que el día último de cada cual viene prendido al día de su nacimiento. Todo lo demás es pretexto, casualidad, causalidad... Tato y yo fuimos más que amigos desde los viejos tiempos de los sueños incipientes y los de los más recientes, cuando las evidentes y justificadas preocupaciones nos permiten conservar los mejores, los que no abandonaremos nunca. Seguimos siendo amigos cuando pasaba el tiempo y vimos los sueños como la realidad a la que teníamos derecho e íbamos a tenerla. Teníamos amigos comunes, bebíamos ron, jugábamos al dominó y, cuando me enamoré como una adolescente enloquecida, fue comprensivo como un padre, prudente como un hermano, y aún resuena en mi corazón lo que me dijo cuando la muerte, siempre la muerte, puso entre mi amor y yo su distancia insalvable… ¿Con quién iría, esa vez hasta el final de aquel último viaje al cementerio? "Con nosotros", gritó Tato, y, en el auto del grupo de amigos encontré la tibieza que él sabía que yo estaba necesitando. Por eso, casi sin poder fui hasta el cementerio con los amigos, donde quedaría su cuerpo descansando. Su materia, no su aliento. Y mientras se hablaba y hablaba de él, como un alivio al dolor de los que sienten amor y respeto, yo callaba, gritando hacia adentro: "Contigo, Tato. Estoy, ¡estaré contigo!

                                                                   Yoya, enero 13/2020

       

TATO

          (Tantas cosas hicimos

            hablamos y pensamos).

 

   Hasta La Ceiba

(tuya y de nadie más ya para siempre)

te va a llegar,

con rabia y desconsuelo

el llanto que no oculto,

mientras, quiero saber:

¿Qué rumbo tomará lo que pensamos?

  Hasta ahora, damos

bandazos y nos dan planazos.

  Así es la guerra...

  Tal vez, de ti dependa, desde ahora

que se inviertan los hechos.

  Tu puedes.

  Desde tu Ceiba, sopla

como un viento mayor.

  Ven desde el mar,

revuelto, azul como sus aguas.

Ven

como un viento astuto y sopla

por donde no te esperan.

Tu sabes. Desconfía,

hazte el ausente,

no te dejes morir.

 Por otro asunto me dijiste un día:

"Con nosotros".

Por este, el de tu ida, regresando

quién sabe de qué modo y preguntando:

"¿Hacia dónde, con quién?"

Te respondiera:

"Con nosotros!"

Enero 13/20 

 

Texto de Tomás Fernández Robaina (Tomasito Cimarrón).

HASTA LUEGO, TATO

Querido Tato Quiñones, hermano, te despido con un hasta luego, pues estoy seguro que en un mañana que no se convertirá en un hoy, ni en un ayer, nos veremos en ese mundo no descrito aún donde las energías que nos hacen reflexionar, hablar, aguardan el momento de alojarse en otros cuerpos y renacer   en el infinito proceso del cual todos nosotros, como seres humanos formamos parte.

Te recordaremos por tus enseñanzas, por tus consideraciones que no siempre compartimos, pero respetamos por tu verticalidad en la lucha que libramos sin rencores ni resentimientos, pero sí con mucho amor para que conozcamos cómo  los africanos y criollos negros esclavizados, o libres, contribuyeron a la formación de nuestra nacionalidad y nuestra cultura, que a pesar del rescate de esa historia por Fernando Ortiz, Lidia Cabrera, Rómulo Lachatañeré, Gustavo Urrutia, Serafín Portuondo Linares, José Luciano Franco, Isaac Barreal, Teodoro Díaz Fabelo, Pedro Deschamps Chapeaux y Rogelio Martínez Furé,  fue enseñada de manera mutilada, y en ocasiones silenciada o negada.

Tato, siempre estarás con nosotros  en las acciones que realizaste para dar a conocer la verdadera imagen del abakuá como luchador por nuestra independencia de España, y como integrante de nuestras luchas obreras,  distante de  la  presentada por la prensa y las telenovelas que reproducían la imagen estereotipada del abakuá como un delincuente, un ser maligno; ese batallar ha tenido un logro importantísimo, pues esas imágenes negativas del abakuá han desaparecido  de nuestros medios de comunicación, y ya no se habla del abakuá como en el pasado, y no pocos ocupan cargos en los diferentes niveles del Estado y del Gobierno, como el Doctor que es delegado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Querido Tato, nunca estarás ausente de la tradición que iniciaste el 27 de noviembre del 2006 conjuntamente con tus hermanos, ecobios, abakuás, y otros, en pro del reconocimiento de aquellos cinco héroes negros, que se inmolaron, protestando por el asesinato de los estudiantes de medicina. Ese hecho que no ha sido reconocido por la historiografía, alegándose que no hay documentación escrita que lo avale; sin embargo, se ha pasado por alto testimonios recogidos en la prensa que han sido utilizados en charlas y conferencias. Esa información se pondrá a disposición de los interesados mediante la circulación digital de la Bibliografía Abakuá, que es el homenaje   que debo hacerte por la larga amistad que tuvimos, iniciada cuando pretendimos el renacimiento de la Sociedad de Estudios Afrocubanos.

Pretensión no lograda, pero fue el comienzo del batallar en el cual estamos todavía en pro del rescate de nuestras memorias históricas, nosotros, Tato, militamos desde hace años en la nuestra, como otros lo hacen en los diversos espacios sociales de nuestra sociedad,

Hermano Tato, aun nos motiva a seguir en la lucha y en el camino para mejorarnos colectiva e individualmente como seres humanos. Ten por seguro, que no te fallaremos,

 

Tomás Fernández Robaina, cada día más cimarrón.

La Habana 15 de enero del 2020

 

Texto del dúo rapero Obsesión

Recuerdo claramente cuando Magia y yo estábamos "verdecitos" y ansiábamos adentrarnos más en la historia y su relación con nuestra identidad. El Hip-Hop y el roce con gente sabia, hicieron que lentamente comenzáramos a entender algunas cosas, a cubrir lagunas, poco a poco fuimos aprendiendo a colocar piezas en el gran rompecabezas que es la Cuba de hoy.

En una de esas, conocimos a Tato Quiñones y enseguida nos hicimos asiduos a su verbo, pues nos dimos cuenta de que nuestra capacidad para hilvanar el pasado con la actualidad, de formarnos criterios propios, de acopiar valor (ese que se relaciona con decir lo hay que decir), así como la avidez por descubrir más, crecieron enormemente.

Escucharle era escuchar al barrio y ¡Pobre del rap que no escuche al barrio! Era un tipo natural que entendía perfectamente que el exceso de palabras grandilocuentes, muchas veces lo que hace es poner barreras y que no necesariamente responde a un gran nivel cultural o gran facilidad para comunicar.

Distinguía por su manera de combinar orgánicamente

- la sabiduría de la calle con el hecho de ser un gran intelectual,

- pasado, presente y futuro,

- religión y ética,

- cubanidad y principios

- y el respeto con todo.

Eso sí, cuando había que decir un ¡No! por lo claro, bueno... ¡Trueno!

Su decir tenía el aderezo de sus propias vivencias, así que podíamos ver a la persona detrás, no había disfraz, por eso, aunque no siempre estuvimos de acuerdo en todo, era fácil darse cuenta de que la pasión que ponía en cada uno de sus argumentos era genuina y eso siempre fue invaluable para nosotres.

En OBSESIÓN hay mucho de Tato.

Gracias, asere.

 

TATO QUIÑONES:LA CONCIENCIA A PIE DE OBRA, ASERE...

Por Roberto Zurbano Torres

Tato Quiñones es uno de los almacenes vivos de nuestra cultura, su obra oral y escrita dignifica una trayectoria singular en defensa de los mejores valores de nuestra cultura afrodescendiente. Atravesando la literatura, la música, la danza, el cine y la religiosidad, con todo rigor crítico y acierto ético, con la misma sencillez y encanto con que nos explica un patakí o desenlaza concienzudamente cualquiera de los viejos conflictos raciales en Cuba; desde su trabajo en la comunidad ha entregado verdaderas obras de sabiduría, desde la humildad y el conocimiento profundo de un país. Ha sabido aglutinar a personas sencillas y a otras complejas en su profesión, juntando los esfuerzos de unos y otros en pos de un solo ideal: la lucha contra la discriminación racial y por la   hermandad de todos los cubanos.

Tato ha protagonizado debates sobre el baile en Cuba y también sobre el lenguaje popular, asume términos de origen africano como el caso de su ensayo “Asere se escribe con ¨S, una joya sobre el habla popular cubana que aún nos ilumina sobre tantos prejuicios, sean letrados o no, que permanecen en nuestra cultura. Es un hombre polémico por su palabra franca y filosa. No acepta confusiones, traiciones, ni desviaciones hacia el camino de la verdad, la amistad y la religión. Es un investigador participante que se involucra personalmente en sus temas y estos forman parte de su biografía y su compromiso cívico.

Ha sido un fundador de organizaciones antirracistas, comprometidas con un proceso social revolucionario que él cree complejo y perfectible. Su palabra explica con mucha claridad los detalles contradictorios que nos caracterizan como grupo social y ofrece detalles culturales y populares de cómo ha sido dicho proceso.

En la última década ha sabido aprovechar las tecnologías de la información para convertir su mirada en un dialogo ciudadano a través de su boletín digital Desde el fondo del caldero, allí nos actualizó regularmente de cuanto evento, concepto, debate o novedad estaba sucediendo, con respecto a las problemáticas raciales y en sus últimas entregas nos ampliaba información hacia otros planos de la cultura y la sociedad.

Tato posee una vocación de griot y pedagogo que se combinan para mostrar con encanto buena parte de su sabiduría. Sus textos, conferencias y libros sobre la sociedad Abakuá o sobre el complejo Ochá-Ifá, son recibidos con ansiedad y respeto pues se trata de uno de los testimonios más rigurosos de universos que él aborda con minucioso respeto y profundidad.

Tato nos ha enseñado el significado de la palabra resistencia en todas sus variantes, en una carrera de larga duración que no termina con una generación, sino que debe extenderse con toda ética y compromiso arraigados en el legado que dejaron nuestros ancestros. Podría decirse que él ha sabido guardar respetar y renovar dicho legado y lo hace desde una perspectiva crítica y vertical que permite nuevos diálogos para el presente y el futuro de nuestra lucha de reivindicación racial y emancipación social.

EL CLUB DEL ESPENDRÚ reconoce, respeta y responde a su palabra y a su sabiduría con mucho oído y mucho amor. Por eso lo abrazamos con respetuoso cariño, como a un guerrero que regresó de un combate y no se siente a esperar que lo llamen a la próxima batalla.

Septiembre del 2019

 

 

Para el hermano Tato Quiñones
                                    Muñanga Efo



Despedidores de duelos intelectuales
simples cumplidos de instituciones
Vuelve en su canto y tiza el abakuá
ante romper la tinaja en la esquina
Sacudiendo con un rabo lo queremos acerca y un límite nos atrapa
Si miramos detenidos
la distancia será solo entre las ideas

Ediel González Herrera
Abasi Erionda Efo