Libros de textos para la enseñanza de la Historia de Cuba en las escuelas primarias, 1959-1971

Por MSc.: Isis Infante Ramírez.
Investigadora agregada del Instituto de Cuba.

La eclosión de formidables acontecimientos sociales y políticos, devenidos con el triunfo de enero de 1959, implicó rotundos giros en la Mayor de las Antillas. El sector educacional, por consiguiente, no quedó al margen del proceso y fue objeto de cambios esenciales. La escuela nacional, por su parte, asumía disímiles retos, que incluía los imperativos en la formación de un ciudadano revolucionario.

Mientras se trabajaba por definir y atemperar los objetivos y contenidos de las diversas asignaturas a impartir. (1) Los maestros, en posición de vanguardia, y mucho antes de que surgiera un diseño curricular actualizado, comenzaron por propia iniciativa a deshacer entuertos.

En relación con la producción de textos, durante los primeros años de la década de sesenta, el Ministerio de Educación emprendió una labor intensa para dotar a las escuelas, en un período corto de tiempo, de la bibliografía necesaria. No obstante, el resultado fue insuficiente. Como ha observado Marta Richard: “[...] la escasez de libros, se presenta no solo en el área de los estudios sociales sino en casi todas las áreas y casi todos los niveles”.(2)

Ciertamente, al discernir sobre la enseñanza de la Historia de Cuba en las escuelas primarias, durante los años 1959- 1971, se evidencia la ausencia de un libro escolar elaborado específicamente para la transmisión de esta materia, a tono con las aspiraciones planteadas por el Ministerio de Educación. Según el pedagogo e investigador José Antonio Rodríguez Ben, a partir 1970 fue que se inició la preparación de ejemplares para la disciplina correspondiente a cada grado.(3) Para Constantino Torres Fumero esas publicaciones fueron resultado de un intenso trabajo desarrollado desde finales de los años sesenta, encaminado a dotar a la escuela nacional de libros acorde con los nuevos programas.(4)

Por tal motivo, se puede aseverar que la textolografía escolar(5) de Historia, por su parte, avanzó de forma mucho más lenta que la historiografía de esa etapa. Lo que obligó al maestro de la especialidad a emplear en la enseñanza obras que no habían sido concebidas con propósitos pedagógicos. Sin embargo, estas ofrecieron gran utilidad en la transmisión del saber histórico. Se pueden mencionar, por ejemplo, de Sergio Aguirre: Quince Objeciones a Narciso López, Seis Actitudes de la Burguesía Cubana en el siglo XIX, Lecciones de Historia de Cuba, José Martí y el Imperialismo Norteamericano; de Fernando Portuondo, Historia de Cuba; de Raúl Cepero Bonilla, Azúcar y abolición; de Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, entre otras.

Los colegios primarios contaron, en 1959 y 1960, con el aporte de Hortensia, Alicia y Berta Ugidos Rivero, doctoras en pedagogía y profesoras del Laboratorio de Psicopedagogía de las Escuelas Anexas a la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana. Sus Cuadernos de Trabajo,(6)le otorgaban especial interés a la historia patria, introducida como parte del diseño curricular compuesto de Lectura, Lenguaje, Moral y Cívica.

La formación cívico- patriótica de los escolares constituía uno de los ejes fundamentales en estos volúmenes. El estudio de disímiles acontecimientos, personalidades y símbolos de la nación insistían en el valor que cobraba ser un buen cubano revolucionario. Lo que implicaba querer a la Patria, amar y respetar a sus padres, estudiar con entusiasmo, no gritar, ser servicial, cortés, honrado, trabajador.

Los Cuadernos de trabajo, eran grandes volúmenes que incluían en sus páginas dibujos, en colores, que ayudaban a ilustrar los temas tratados. El relato histórico, por ejemplo, ocupaba un lugar especial, pues ofrecía el estudio de un pasado signado por el amor a la Patria. La lectura «7 de diciembre día de duelo nacional»,(7) para segundo grado, iniciaba con una interrogante que era a la vez una invitación: “¿Has visto el Cacahual?”. El texto partía del conocimiento o no que podía tener el escolar de ese sitio para, con un lenguaje ameno, explicar su connotación. La brevedad no impedía describir el monumento, referirse a quiénes fueron Antonio Maceo y Panchito Gómez Toro, al tiempo que convidaba a buscar más información e imágenes sobre la construcción simbólica.

Hacia 1960 la obra de las hermanas Ugidos Rivero comenzó a transformarse en cuanto a la exposición de la materia, incorporando el análisis de los giros acaecidos en el país. En tal sentido, las pedagogas ubicaban el acontecer nacional en su relación con los hechos universales. A través de cuentos, relatos y poesías se acercaba al alumno a temas poco tratados hasta el momento, que asumía como colofón contribuir a la creación de un nuevo individuo y de otro proyecto de nación que encontraba en su pasado un elemento legitimador.

A pesar del valor que tuvieron dichos libros en la transmisión del conocimiento histórico, estos utilizaban métodos evaluativos que frenaban el aprendizaje de los alumnos. Al final de cada unidad, se presentaba la prueba sistemática que el docente debía realizar. Su extensión no era precisa; por ejemplo, el último examen para cuarto grado, abarcaba 111 interrogantes, donde en muchos casos no solo se repetían los contenidos, sino las preguntas. El método reproductivo era muy utilizado, lo que impedía el desarrollo del pensamiento en los escolares y entraba en contraposición con lo que aspiraba a lograr el Ministerio de Educación.

En un contexto marcado por la extensión de la educación primaria, secundaria y de nivel universitario, en medio de un vasto plan educativo, la escuela nacional precisaba asumir las reinterpretaciones que sobre la historia nacional se venían desplegando. Asimismo se imponía dotar a maestros y estudiantes de textos ajustados a los fines de la educación revolucionaria. Un notable apoyo prestó a tal fin el Manual de Capacitación Cívica del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.(8) “[...] que sin llegar a ser el libro de historia nacional que pronto –tendrían-, significó un valioso aporte a la superación de las falsas interpretaciones [...]”(9) sobre la disciplina.

El Manual de Capacitación Cívica surgió, en 1960, con el objetivo de contribuir a la formación patriótica de los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, las Milicias Nacionales Revolucionarias y todas las organizaciones y personas que apoyaban la Revolución. A pesar de las polémicas que para finales de los años sesenta suscitaron los manuales, este ejemplar en particular resolvió un vacío dentro de la textolografía de la materia.(10)

La obra contaba entre sus autores con: el comandante Ernesto Guevara, el capitán Antonio Núñez Jiménez, Oscar Pino Santos, entre otros. Los que exponían, a través de distintas materias, reflexiones consolidadas sobre las causas que posibilitaron el triunfo revolucionario en la Isla. Se le añadía a esas miradas dos discursos de Fidel Castro: la comparecencia en televisión del 17 de septiembre de 1959 y las palabras pronunciadas el 26 de octubre del mismo año. Estas visiones sobre la historia concordaban con las valoraciones que estudiosos cubanos venían realizando.

Victoria Martínez tuvo un vínculo cercano con la enseñanza de la Historia de Cuba, al recordar su labor explicó:

[…] Cuando impartía la asignatura, en mis inicios, lo hacía con los conocimientos que tenía de mi formación como maestra. Luego utilicé mucho los Cursos de Superación para maestros además de los textos de Fernando Portuondo, que para mí eran la Biblia. Recuerdo con mucho cariño las 15 conferencias magistrales que impartió el Che sobre la Reforma agraria. No me las perdía y sin almorzar corría para el Aula Magna. (11)

Apremiados por las necesidades bibliográficas, de 1964 a 1969, se prepararon varias ediciones de los Cursos de Superación para Maestros de la especialidad. Estos dirigían la atención hacia el contenido que se debía impartir, teniendo en cuenta las conclusiones investigativas tanto de historiadores consagrados, como de otros de nueva promoción. En esa dirección se aclaraba que:

Hasta tanto vean la luz los libros de Historia, para primaria, actualmente en proceso de impresión, con todos los requerimientos de los textos para niños, los maestros se servirán para la enseñanza de esta materia, de los contenidos de la presente separata, cuidando en todos los casos y circunstancias, de adaptarlos a las exigencias de cada grado [...].(12)

Estos textos de pequeño formato insistían en que se analizara la evolución del proceso histórico de la Isla a la luz de las concepciones marxistas, donde el estudio de los aspectos económicos colocara la deformación estructural derivada de la dependencia de la economía insular a Estados Unidos, en el centro de los problemas de la república neocolonial.

Los mencionados cursos resaltaban, al igual que los programas ya mencionados, la importancia de vincular los temas tratados en clases con la vida del educando. Se trataba, según Miguel Ángel Cano, de explicar el pasado desde el presente, resaltando los cambios ocurridos en la localidad. (13) El empleo de sencillas comparaciones entre el presente y el pasado permitía explicar los saltos que el nuevo orden generaba. D e ahí el protagonismo que empezaban a alcanzar sujetos hasta entonces marginados de los discursos educativos, como el obrero:

El 1º de Mayo es una fecha que los niños aprenden a honrar. Aparte de la celebración que en ese día realiza el pueblo, la escuela organiza un acto: se preparan poesías para recitarlas, se aprenden canciones alusivas, se adornan las aulas. Se invita a un obrero, o a los representantes de la empresa que apadrina la escuela para que vengan a contar a los niños la vida y las luchas de los obreros del pasado.(14)

Mientras el país vivía momentos de intensas transformaciones en todos los órdenes, la enseñanza de la Historia emprendió la tarea de readecuarse. Exaltando entre los elementos nacionales identitarios del nuevo modelo, las tradiciones de lucha independentista del pueblo, a la vez que ubicaba a la Revolución como la solución más adecuada para los males sufridos en etapas anteriores. El desarrollo de una historiografía cubana comprometida con la espiritualidad de la época posibilitó la utilización de obras que ubicaban a esta ciencia como fuente de legitimidad del cambio.

A pesar de que los programas y textos escolares de la etapa tardaron en su elaboración, la disciplina no dejó de contribuir a la educación en valores. En la medida en que se perfeccionaban los planes de estudio y se trabajaba por dotar a la especialidad de los textos necesarios, se enriquecían las maneras de concebir su enseñanza, inculcando una auténtica cultura histórica en las nuevas generaciones de cubanos.

(1) Ver: Isis Infante Ramírez: “Los programas de la Historia de Cuba en la escuela primaria, 1959- 1971”, en: Librínsula, No. 388, noviembre de 2019.

(2) Marta Richard: “Los estudios sociales en Cuba revolucionaria”, en Escuela y Revolución en Cuba, Año 1, diciembre de 1962- enero de 1963, No. 1, p. 92.

(3) José Antonio Rodríguez Ben: Enseñanza de la Historia: Lecturas para docentes, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2009, p, 88.

(4) Entrevista realizada por la autora, el 12 de septiembre de 2016, a Constantino Torres Fumero, profesor e Inspector nacional durante la etapa estudiada. Autor de varios libros y artículos, actualmente se desempeña como profesor de la Universidad de La Habana.

(5) Se emplea el término textolografía escolar para identificar al conjunto de libros de textos o manuales escolares escritos en un período determinado.

(6) Hortensia, Alicia y Berta Ugidos Rivero: Lecturas, Lenguaje, Moral y Cívica. Cuadernos de Trabajo, 2º grado, Tomo 1º, 3ª Edición, Biblioteca Escolar Lex, La Habana, 1959, y Ugidos Rivero, Hortensia: “Cuadernos de trabajo 1º, 2º, 3º,4º, 5º y 6º grados”. La Habana, 1959.

(7) Ídem, p.45.

(8) MINFAR: Manual de Capacitación Cívica, Departamento de Instrucción, La Habana, 1960.

(9) Marta Ricard: Ob. Cit, p. 90.

(10) En julio de 1966 se inició en Cuba una controversia sobre los manuales de Filosofía y de Economía Política. El debate se desarrolló en torno a la pertinencia o no de usar los manuales para socializar el marxismo, el pensamiento marxista. Como otras querellas del decenio, tenía que ver con el socialismo que se pretendía instrumentar, sus manifestaciones en la Isla y en el exterior. Para más información ver: Ivette Villaescusa Padrón: La prensa cubana ante importantes sucesos y procesos históricos ocurridos de 1966 a 1975, inv inédita en IHC, 2018.

(11) Entrevista realizada por la autora, el 16 de octubre de 2018, a Victoria Martínez Marún, maestra rural, directora de escuela, inspectora nacional y funcionaria del Ministerio de Educación de 1959- 1990. Además de ser autora de varios textos de Historia. Ver: Isis Infante Ramírez: “Victoria Martínez Marún: Una existencia por la educación cubana”, en Educación, No. 159, enero- abril/ 2020, en proceso de edición.

(12) Ministerio de Educación: Historia de Cuba, Tomo 1, Recopilación del material de Historia de Cuba publicado en Curso de Superación para Maestros, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964,p. II.

(13) José Antonio Rodríguez Ben, Ob. Cit.p.81.

(14) Ministerio de Educación: Curso de Superación para Maestros, Tercer Curso, Tomo 1, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1969, p.191.