El milagro de una voz

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El milagro de una voz
Por: Julio Martínez Molina
22 de agosto del 2007
 
De no haber abandonado prematuramente la vida, dueño absoluto de las más completas facultades artísticas y en la cima de la popularidad, Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez habría cumplido, este 24 de agosto, 88 años de edad. Voz milagrosa y potente, con un timbre inigualable y dúctil, inimitable y de amplios registros para el son, la guaracha, el bolero, el mambo.

Benny Moré marcó un hito en la historia musical cubana como uno de los exponentes de mayor arraigo, amado por multitudes y recordado hoy como ayer en su extensa magnitud.

Artífice de una leyenda cargada de sensibilidad y ritmo, el Sonero Mayor aún provoca la emoción de quien le escucha y se reconoce sin contradicciones en las nuevas generaciones de músicos cubanos como una figura paradigmática y entrañable.

Los vecinos de la Guinea en su natal Santa Isabel de las Lajas, fueron los primeros en escuchar el torrente de su voz, y a este pedazo de tierra de "caballeros y mujeres altivas" llenó de alegría más de una fiesta, romerías de río y descargas, para asentarse para siempre en el corazón de su pueblo.

Las calles de la capital le acogieron, guitarra al hombro, entonando sus canciones de trovador incansable. Así lo halló Miguel Matamoros, con quien viajó a México donde se consagró como solista de la orquesta de Dámaso Pérez Prado, creador del mambo.

Cuba lo recibió tiempo después con los brazos abiertos y brilló entonces como intérprete de canciones de Ramón Cabrera y se entregó plena e intensamente con ese enorme concepto del ritmo, su timbre privilegiado y enriqueció las formas interpretativas del son y el bolero con aportes indiscutibles.

Bartolo estableció así, una íntima relación con su público, se identificó con él, expresó en un solo sentir los sentimientos de todos. Muchas de sus mejores composiciones estuvieron inspiradas en el suelo patrio, ese que se negó a abandonar cuando luego del triunfo revolucionario le llegaran tentadoras ofertas para marchar al extranjero.


 

La respuesta no tuvo equívocos: "Jamás abandonaré a mi Cuba, la Patria que me vio nacer". Por eso quedan sus mejores montunos dedicados a Guantánamo, Santiago de Cuba, Palma Soriano y Cienfuegos, "la ciudad que más me gusta a mí", para inmortalizar y universalizar nuestra cubanía.

Sencillez, modestia, sinceridad, desprendimiento, son cualidades que le atribuyen sus familares y colaboradores más cercanos, conocedores de su total dimensión humana, del alto sentido del amor filial y la condición de hombre de pueblo que siempre le acompañó.

En 1962 la enfermedad amenazó seriamente la salud del Benny y sus consecuencias le impidieron realizar planes como una presentación en el teatro Olimpia, de París, una gira por países socialistas, o presentarse ante el público cubano todas las veces que fue reclamado.

Si el pueblo lajero lo oyó cantar por primera vez, tocó a los palmireños escucharlo la última, poco antes de morir en La Habana el 19 de febrero de 1963.

Sonero Mayor, Bárbaro del Ritmo, Benny, Bartolo, no es hoy un recuerdo, es más bien una presencia viva como músico y ser humano, recurrido en el sentimiento y en la alegría, entrañable aún en el tiempo, elevado a la categoría de mito y asentado para siempre en la memoria de cubanos y foráneos.

 

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