El milagro de una voz

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La respuesta no tuvo equívocos: "Jamás abandonaré a mi Cuba, la Patria que me vio nacer". Por eso quedan sus mejores montunos dedicados a Guantánamo, Santiago de Cuba, Palma Soriano y Cienfuegos, "la ciudad que más me gusta a mí", para inmortalizar y universalizar nuestra cubanía.

Sencillez, modestia, sinceridad, desprendimiento, son cualidades que le atribuyen sus familares y colaboradores más cercanos, conocedores de su total dimensión humana, del alto sentido del amor filial y la condición de hombre de pueblo que siempre le acompañó.

En 1962 la enfermedad amenazó seriamente la salud del Benny y sus consecuencias le impidieron realizar planes como una presentación en el teatro Olimpia, de París, una gira por países socialistas, o presentarse ante el público cubano todas las veces que fue reclamado.

Si el pueblo lajero lo oyó cantar por primera vez, tocó a los palmireños escucharlo la última, poco antes de morir en La Habana el 19 de febrero de 1963.

Sonero Mayor, Bárbaro del Ritmo, Benny, Bartolo, no es hoy un recuerdo, es más bien una presencia viva como músico y ser humano, recurrido en el sentimiento y en la alegría, entrañable aún en el tiempo, elevado a la categoría de mito y asentado para siempre en la memoria de cubanos y foráneos.

 

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